Perder el empleo es lo más frecuente hoy en día, es tan usual que se hace común, pero lo común no es necesariamente normal. El problema es que prestamos menos atención a lo que consideramos "normal" y por ende le dedicamos poca o ninguna energía.
A diario convivimos con miles de desempleados y somos incapaces de ponernos en su lugar y contactar con su dolor y sufrimiento, en lugar de ello, seguimos nuestro camino, “claro es normal… estamos en crisis”.
Perder el trabajo se vivencia como una catástrofe personal, que mina la integridad y la paz espiritual. Es un acontecimiento que remueve y desarticula las bases personal y económica de quien lo vive, además de minar el reconocimiento social y la valía personal, al respecto cabe recordar a Maslow quien ya nos alertaba de la importancia que tiene para el ser humano el alcanzar reconocimiento social.
El parado vive un duelo en toda regla, de hecho perder el empleo es una de las primeras causas de Depresión, junto a la muerte de la pareja o al divorcio.
Para entender un poco más la severidad de la situación, les invito a mirar a los ojos de un desempleado, para que perciban la angustia y la desesperanza que sobrelleva. Se encuentra ante una realidad aplastante que le deja incapaz de asumir el control de su vida.
Si bien es cierto que algunos, cuentan con el Paro, el cual es una “ayuda” aspecto que no debemos perder de vista, esto no resuelve el problema, ni evita el sufrimiento emocional.
Piense por un momento, que es usted el que se queda sin empleo, ¿cómo perturbara su vida presente? ¿Cómo afectará su día a día, sus planes inmediatos y futuros? ¿Cómo afectará los planes que tenia para sus hijos, su pareja, usted mismo?
Visto así le será más fácil entender la indefensión en la que se encuentra quien pierde su puesto de trabajo. La autoestima es una de las primeras en caer, víctima de la pérdida de poder; el desempleado se cuestiona sus capacidades, sus habilidades, su valor personal, su competencia, a su vez se torna más susceptible a padecer Angustia, Depresión, irritabilidad, estrés, aumento del consumo de drogas, etc.
Y lamentablemente la respuesta más cercana ante sus necesidades será: Estamos en crisis…. Hay miles de parados y eres uno más… Sin embargo para quien sufre día a día, para quien necesita obtener un empleo digno, y reconfirmar que es una persona útil, capaz de cumplir con las tareas inherentes a su papel en la vida, para quien necesita afrontar la pérdida, estas meras palabras de poco sirven.
Lo que realmente se precisa para superar esta situación, aunado a la solución efectiva del problema, es decir, obtener un puesto de trabajo, es apoyo emocional y familiar además de orientación profesional.
Es en estos momentos cuando el Asesoramiento Psicológico surge como un instrumento útil, capaz de constituirse en una guía para superar esta situación, desarrollar nuevas habilidades, reestructurar la situación, facilitar nuevos aprendizajes, a la vez que contribuye a disminuir el sufrimiento. Sin embargo, raras veces miramos en esta dirección y con ello solo hacemos más difícil el camino al no servirnos de los avances que la ciencia pone a nuestra disposición. Por eso los invito a mirar en esa dirección.
Yo creo firmemente, que como sociedad, no solo estamos en el deber de ofrecer un puesto digno de trabajo, estamos en el deber de brindar apoyo emocional y psicológico a los parados y a sus familias.
Y ya desde el punto de vista personal, tenemos que comprometernos con toda nuestra energía y solidaridad con quien sufre la pérdida de su empleo y escuchar con el corazón.
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