CONTRA LA INFELICIDAD

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Invito al lector a mirar por un momento uno de esos telediarios que tan puntualmente nos son servidos por los diferentes servidores de los mismos dueños y por eso se parecen tanto entre sí. Y ¿qué vemos en ellos? Catástrofes medioambientales, crisis económicas, desempleados y jóvenes sin futuro, hambre, desigualdades extremas, violencia machista, corrupción, guerras, terrorismo, inmigrantes en busca de hogar, accidentes, reuniones de dirigentes mundiales. ¿Tendrán estos asuntos alguna relación entre sí y con nuestras vidas?

No es por azar

Nuestro planeta está habitado por gentes infelices y gobernado por gentes igualmente infelices y – visto lo visto- desalmadas. No obstante, a tenor de sus discursos, parece que todas las tragedias que acontecen son presentadas como fruto de un siniestro azar. Sin embargo, al observar sus vidas, el contenido de sus discursos y la forma en que encaran los dolorosos dramas del mundo, nos causa asombro su inmensa incapacidad, su poca sensibilidad, y su parcialidad extrema. Todas sus actuaciones están orientadas a proteger precisamente a los mayores responsables de crear los problemas que acucian a la humanidad, y que nada tienen que ver con el azar, ya que el azar no existe. Lo que existe en este caso son programas de trabajo bien definido acordado en esas reuniones de alto nivel y alto secreto que se celebran de vez en cuando los representantes de los ricos y poderosos del mundo protegidos por infinitos medios policiales.

Sembradores de infelicidad

Da igual a qué partido político pertenezcan; da igual a qué clase de iglesia o religión oficial estén adscritos: es proverbial la sordera de ricos y poderosos ante los dramas humanos sean o no obra suya; sus discursos hipócritas, su silencio sibilino cuando conviene, su astucia de zorros que solo desean asaltar gallineros. Pero no hablamos de zorros, sino de hombres cultos y refinados. Cultos, ricos, refinados, y manejando fuerzas oscuras en sillones de poder es lo corriente, pero su oscuridad la disimulan con sagacidad de intelectuales astutos, y su poder tiránico con leyes que pretenden legitimar lo ilegitimable en nombre del Derecho, y así engañan a las masas haciéndoles creer que se encuentran dirigidas por gentes honradas y legales sin ser ninguna de ambas cosas. La ciencia política no está al servicio de la conciencia. Hay que repetirlo: los que gobiernan el mundo no quieren servir, sino ser servidos a toda costa y contra todo principio.

El culto, el intelectual, el teólogo, el científico, que actúa olvidado de las leyes de la conciencia, no es la clase de persona que pueda cambiar a mejor este mundo. La prueba es que llevamos milenios dirigidos por ellos y gente como ellos, pero nunca por sabios, como es el caso de los políticos. Y salvo el ejemplo irrespetado de Gandhi, la conciencia política jamás sirve a la conciencia espiritual, y por tanto los servidores públicos no sirven a Dios por más que se esfuercen en dar una imagen pública de creyentes y por mucho que los veamos visitar a los dirigentes de sus Iglesias- sus semejantes políticos con otros trajes- y acudir oportunamente a las ceremonias religiosas cuando les interesa dar la imagen de lo que ni son ni pretenden ser.

Si hacemos una lectura espiritual de todo esto, no podemos menos que concluir como ciudadanos del mundo que estamos en manos de gentes enemigas de Dios y al servicio del mundo de las sombras, que es el que les proporciona la energía negativa que precisan para producir la negatividad y el dolor que conocemos por los medios de comunicación. Y eso que solo cuentan lo que les interesa que sepamos, más que nada para meternos miedo, para crear inseguridad y para que los gobernantes se presenten como apagafuegos siendo ellos mismos los pirómanos.

El granito de arena personal

Sería ingenuo olvidar la responsabilidad personal de cada uno en aquello que le acontece, pues cada uno es hijo de sus obras. Por supuesto que hay en todas partes minorías que se esfuerzan en vivir según las leyes divinas, pero ¿acaso predomina en la humanidad, la conciencia ética? Y ¿no es el rosario de efectos dramáticos que observamos a nuestro alrededor y en todo el Planeta el efecto de las causas que cada uno ha ido creando a lo largo de su existencia o de sus existencias? ¿No es el karma en nuestras vidas tan inseparable como nuestra respiración? Cada uno sabe lo que hace, siente y piensa, y tanto si eso está de acuerdo con las leyes de Dios como si no, tiene unos u otros efectos. Existen karmas individuales, karmas familiares y karmas colectivos, de país y de la propia humanidad, efectos de causas miles. Cada uno pone su grano de arena con cada pensamiento tan solo, sea positivo o negativo.Por eso a unos les acompaña el resultado de sus buenos pensamientos y  buenas obras en forma de `paz, alegría y bienestar interno y a otros diversos grados de calamidades.

Entre tanto, sigue girando incesante la rueda de nuestras reencarnaciones. ¿Hasta cuándo? Eso lo decide cada uno, aunque debemos tener cuidado para evitar que alguien tome el control de nuestra conciencia. No crean: hay mucho empeño entre los que controlan el mundo para que eso suceda.

No es una teoría de la conspiración

Vean lo que calla un simple telediario; observen cómo todas las cadenas callan y dicen lo mismo y cómo se silencia el pensamiento de gentes de todas las épocas que dicen cosas que hoy serían calificadas como anti sistema. ¿Cuántos sabrían decir hoy quiénes eran o qué decían verdaderamente la larga lista de seres que vivieron entre nosotros como Jesús el Cristo, Sócrates, Buda, Erasmo, Tolstoi, Kafka, Orwell, Huxley ,Tesla, David Bohm o Krishnamurti, por poner algunos ejemplos tan solo? Existe un premeditado silencio sociocultural o una intencionada falsificación sobre ellos y sus enseñanzas, como es el caso de Jesús el Cristo y Su Sermón de la Montaña como regla de vida. ¿Por qué? Supongo que lo imaginan. Se pretende implantar un modo de pensar homologado, acrítico, retrógrado, acientífico, pragmático y ultraconservador conveniente para el sistema. El libre pensar está en peligro, y nos conviene protegernos… y sondear en busca de las voces perdidas, porque tal vez nos ayuden a encontrar la nuestra antes que sea demasiado tarde.

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