Democracia por decreto en los campos Elíseos

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Blair ha dicho que la clave es aceptar la globalización “pero preparar a la gente para sus consecuencias”. 

Macron lo expresa de otro modo: “Seremos fuertes, habremos hecho reformas”. Seamos fuertes, se avecinan más reformas. 

Por Olga Rodríguez

Diversos diarios internacionales, como The Washington Post, han comparado a Emmanuel Macron con Bill Clinton o la Tercera Vía de Tony Blair. Clinton derogó la Ley Glass-Steagall que controlaba la especulación y la separación entre la banca depósito y la banca de inversión. De ese modo abrió la puerta a la era del apalancamiento y los riesgos financieros. También fue el artífice de la reforma del welfare, que supuso la reducción a la mitad de ayudas para los sectores más pobres de la población. Tony Blair fue el pionero en impulsar las profundas contradicciones de la socialdemocracia europea, aplicando en la práctica políticas neoliberales.

Es curioso observar cómo en los últimos años el exprimer ministro británico habla abiertamente, al igual que los informes del FMI, Felipe González o Brzezinski, influyente asesor en Washington en política exterior. Los cuatro tienen en común que están al margen del escrutinio electoral. Sin necesidad de votos de la gente, seguros de sí mismos, se expresan con menos disimulos que los candidatos políticos. Por eso es interesante fijarse en lo que dicen.

Blair ha apoyado a Macron. La clave, ha dicho Blair hablando sobre las elecciones francesas, es “aceptar la globalización como un hecho, aceptar sus beneficios pero [interesante este pero] preparar a la gente para sus consecuencias”. En cuanto a Trump, el exmandatario británico se ha mostrado tranquilo tras sus primeros cien días en el Gobierno:

“Está en el interés de todos que esta presidencia [la de Trump] sea una fuerza para la estabilidad y no para la inestabilidad” (…). “Creo que se puede ver en algunas de las posiciones adoptadas que hay una especie de cambio del candidato al presidente”.

Tony Blair, impulsor de la ocupación de Irak y sus desastrosas consecuencias, es el mismo que apoyó el golpe militar en Egipto en 2013, en el que murieron más de mil personas en protestas y concentraciones. Del golpista egipcio Al Sisi Tony Blair escribió:

“La democracia por sí sola no significa un Gobierno efectivo”, “deberíamos comprometernos con el nuevo poder de facto [de Al Sisi] y ayudar al nuevo Gobierno a llevar los cambios necesarios en materia económica”.

La cuestión económica también fue el eje de la postura del Wall Street Journal en aquellos días, llegando a defender para Egipto generales como Pinochet por haber impuesto en Chile una economía de libre mercado.

Guiándonos por frases como esas, para Blair y para aquellos que pretenden seguir llevando las riendas de la Historia, un Gobierno efectivo es el que perpetúa las políticas neoliberales, por encima de aquel que asegura los valores democráticos. Esto explica que en los últimos años se estén registrando tantos retrocesos en materia de libertades en países llamados democráticos.

La prioridad no son los derechos humanos ni la libertad, sino el mantenimiento de unas medidas que indignan a la población y la llevan a levantarse contra ellas. Por eso para asegurar esas políticas se agita el miedo, se limitan los derechos de manifestación, se estigmatizan las protestas, se multa la libertad de expresión e, incluso, se establecen estados de excepción.

No es casual que en las elecciones francesas del pasado domingo se registrara la mayor abstención desde 1969 (el 25,44%). También se concentró el mayor porcentaje de votos blancos y nulos en la V República (casi un 12%). Y más de dos tercios de quienes votaron a Macron lo hicieron, según explicaron a los encuestadores, fundamentalmente para evitar que ganara la candidata de extrema derecha.

Las políticas que Macron aplicará serán dolorosas para mucha gente. Pretende impulsar recortes y una reforma laboral más profunda que la de François Hollande, ante la que el 70% de los franceses se mostró en contra. De hecho Hollande tuvo que esquivar la votación en el Congreso e imponer la ley por decreto para esquivar la enorme oposición que esta generaba.

Los beneficios de la globalización de los que habla Blair son privilegios directos para una minoría a costa del sufrimiento de muchos. Por eso el exmandatario británico dice que hay que preparar a la gente para sus consecuencias.

Macron lo ha expresado de otro modo, con frases como esta: “Seremos fuertes porque habremos hecho reformas”. Seamos fuertes, se avecinan más reformas. El próximo presidente francés ya ha dicho que si es preciso gobernará por decreto. Si puede, lo hará. Así es la nueva “democracia” que pretenden normalizar a golpe de retrocesos y de hechos consumados, con mucho Big Data para saber construir frases que no indignen a nadie mientras ejecutan políticas que duelen.

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