El egoísmo es el signo distintivo de nuestro tiempo

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Es posible que actualmente muchas personas opinen que los sentimientos no son modernos y que deberían ser eliminados para poder disfrutar de la vida sin ser molestados. Pero precisamente los sentimientos, que no hay que confundir con sentimentalismo, son unos dones valiosos, son la balanza de nuestra conciencia en la que sopesar lo que es correcto y lo que no lo es.

¿Por qué ha alcanzado nuestra sociedad un nivel ético y moral tan bajo? Porque cada uno piensa sólo en sí mismo, en los que tienen su misma fe, o son de su mismo partido político. Muchos piensan únicamente en su capital, en su provecho y en sus bienes. Todo para su bien personal.

En la mayoría de los casos al resto de personas no importan, tampoco importa cómo se siente el prójimo o cómo le va, si se arregla a vivir con unos ingresos ínfimos, o cómo se encuentra la persona que está sola con sus hijos porque su cónyuge ha iniciado otra relación, cómo les va a los jóvenes bajo la influencia de las drogas, cómo se encuentra la familia que tuvo que abandonar su casa porque ya no podían pagar más intereses, o cómo se encuentran los desempleados y los necesitados de ayuda social.

A la mayoría les da igual, lo importante es que uno esté en el lado “correcto” es decir al lado del hechor y no al lado de la víctima. Aunque los políticos digan palabras caritativas, los necesitados de ayuda social sufren cada vez más bajo los “amigos de las beneficencias”. Pero Jesús de Nazaret habló del amor al prójimo, de compartir y de no acumular riquezas, pero ¿qué hacen los llamados cristianos con Sus excelsas enseñanzas?

Teresa Antequera Cerverón
De la publicación gratuita. “El joven y el profeta”
www.editorialgabriele.com

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