EL NUEVO TERRORISMO

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Cientos de miles de hectáreas arden en Estados Unidos, en España, en Portugal. Personas abrasadas por las llamas en el interior de sus viviendas o en la desesperada huida en su vehículo, bosques, cultivos, aldeas envueltas en llamas, impresionan por la magnitud del desastre donde  arden las inocentes criaturas de los bosques; los millones de seres que pueblan la naturaleza que se quema. Se destruyen hábitats, ecosistemas, vidas y se deja en la miseria a cientos de miles de familias que una hora antes del incendio jamás esperarían semejante desenlace de sus existencias. Un drama humano y animal y un drama de la naturaleza. Esta tardará muchos años en recuperarse del daño, pero en cuanto a los humanos, unos nunca y otros tal vez. Los animales, jamás.

¿ Quien hay detrás y por qué? 

Si uno mira  los lugares incendiados en todas partes se da cuenta enseguida que tienen algo en común: su interés turístico, la belleza de sus paisajes que convocan a millones de visitantes de medio mundo. Entonces  uno, sacudido por una mezcla de tristeza,dolor,  asombro e indignación, se pregunta  por qué y  quien  hay detrás de toda esta barbarie desatada. Porque al parecer no se trata de un loco, un  pirómano, un buscador de nuevos pastos o un desarraigado cualquiera que  aquí o allá prende fuego a la vida. La diversidad de los territorios incendiados a nivel internacional la simultaneidad de los focos, la nocturnidad, el momento climático más favorable para que se extienda,  nos lleva a concluir que no estamos ante una persona, ni ante unas cuantas personas sin conexión entre sí, sino ante una organización que planifica y ejecuta un  terrorismo de nuevo cuño terriblemente efectivo sin que los gobiernos terminen de darse por enterados de que se hallan ante un nuevo rostro del crimen organizado.

Terrorismo de largo alcance

Este nuevo terrorismo es especialmente doloroso y dañino; más, incluso, que el terrorismo político del coche bomba, del acuchillamiento indiscriminado o del atropello masivo en una calle concurrida. Sin duda todo esto es terriblemente doloroso, un acto criminal  de primer orden, pero se circunscribe a un lugar pequeño, concreto, y a afecta un grupo humano concreto. Este nuevo terrorismo destruye directamente las posibilidades de vida de la gente de una región entera porque además de quemar personas, quema bosques, frutales, cultivos, ganados, colmenas, y animales domésticos y  de todo tipo y arruina la existencia y el modo de vida de los supervivientes  por muchos años, obligando a familias enteras  arruinadas a exiliarse de sus aldeas y pueblos con  un porvenir incierto.  Y esto es peor todavía que el terrorismo político, si es que es posible alguna comparación.Este es un terrorismo de largo alcance.

Volver al pueblo

Uno piensa que es hora de replantarse seriamente el medio rural, de facilitar el retorno de los que partieron hace años en busca de un futuro, ya agotado, en las ciudades,  porque las ciudades están llenas de desempleados. Es hora de revitalizar la vida rural  creando ayudas oficiales y facilitando medios  para que familias enteras  regresen a ese medio  y dispongan de  los necesarios servicios  sanitarios, educativos, asistenciales, de comunicación  y recreativos para que les  sirvan de aliciente para ingresar en aldeas y pueblos habitados hoy por  gente mayor con pocos servicios y  sin relevo generacional.

Refugiados, inmigrantes, bienvenidos

Tal vez ha llegado también  el momento de pensar en todos esos refugiados que se encuentran en las fronteras de Europa esperando ser acogidos y  de todos esos inmigrantes que no cesan de llegar y son  recluidos en vergonzosos centros de detención. No se trata de carteles en balcones con  el lema  Bienvenidos Refugiados, que está bien como actitud humanitaria, pero para completarla hay que posibilitar a todos esos hermanos que huyen del hambre y de la guerra una vida digna, una vida en paz, una libertad, un respeto  y una seguridad de la que carecen hoy. Y un  modo de conseguirlo es integrándolos  en el medio rural. Ellos cuidarían su entorno, cultivarían, tendrían limpios los bosques, aumentarían la riqueza nacional, y  con todo ello no hay duda  de que harían un poco más difícil el terrorismo incendiario. Porque no nos engañemos: para terminar con esta nueva lacra no basta con las fuerzas  del orden, ni con detener o encarcelar a unos cuantos que pueden ser otros mañana. Estamos ante un organizado y dramático desafío y  es preciso  terminar con el problema de raíz. O recuperamos el envejecido  medio rural o en pocos años puede que ni podamos ir de excursión un fin de semana.

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