Tras el Proyecto Nocilla, Agustín Fernández Mallo regresa con una nueva novela que abre una vez más caminos insospechados.

0
407

Una novela que nos recuerda formalmente a Roberto Bolaño por la multiplicidad de recursos, voces narrativas, historias y escenarios.

Aventura, amor, muerte, supervivencia, miedo, la idea del clon y las duplicidades son algunos de los temas que se abordan en este puzle armado con piezas extraídas de diferentes cajas.

image005

Corre el año 1924. El joven físico Werner Heisenberg está enfermo. No es una enfermedad demasiado importante, aunque sí lo suficiente como para mantenerlo alejado del gran Niels Bohr, maestro de la física cuántica de la época, a cuyas órdenes desearía estar trabajando. El caso es que, mientras permanece aislado en una rocosa y solitaria isla del Mar Báltico, Heisenberg le da vueltas a su propia teoría, lo que no tardaría en convertirse en el Principio de la Incertidumbre, y llega a la conclusión de que nada mejor para entender cómo es el mundo que fijarse únicamente “en los estados iniciales y finales de las cosas, sin preocuparse de cuanto ocurre en medio de ambos, camino o tránsito que de este modo queda constituido en una especie de limbo”. Así empieza la última e hipnótica novela de Agustín Fernández Mallo, una novela nudo, en la que confluyen las voces de la víctima de un extraño secuestro en México DF y la de un músico obsesionado con la idea de la copia. La primera, detalla el viaje por Estados Unidos de una pareja, ella, diseñadora de bolsas de vómito de aviones, él, un tipo en busca una explicación al misterioso Sonido del Fin, algo así como el sonido último de las cosas, aquel que pudo haberse grabado, sin ir más lejos, en las Torres Gemelas instantes antes de que cayeran. La segunda, la del músico que se ha encerrado en un castillo del norte de Francia con el compositor de una banda para grabar un disco, narra el proceso de grabación del mismo, su día a día rodeados de tarrinas de helado de té verde y sus reflexiones sobre la posibilidad de que tarde o temprano se hagan tan famosos que acaben fabricando una copia suya que forme parte del cartel de un improbable Festival de Benicàssim Chino.

En esta ocasión, la fragmentación no forma parte del envoltorio de la trama, no es la trama, sino que está contenida en ella. Como en los relatos del genial Roberto Bolaño, preñados de historias que parten de la voz narradora, en Limbo existen infinidad de micromundos que no pueden considerarse polaroids, como se consideraban las historias que conformaban el Proyecto Nocilla, sino que más bien son como piezas de un puzzle que hubieran sido extraídas de distintas cajas pero cuyo fin fuese único. El poder de la imagen, en ese sentido, ha sido derrotado por el poder de la narración, una narración tan sugerente que resulta decididamente hipnótica y, una vez más, debido a su condición de contenedora de mundos, caleidoscópica. La dualidad formal, esto es, el avance en paralelo del relato principal, dividido en dos, y encarnado en las voces de él y ella es un reflejo del aspecto desdoblado de la “realidad extraña” que propone la historia. Una realidad, en palabras del autor, desenfocada, “que no es ni surrealista ni absurda ni onírica sino algo más sutil: una realidad ligeramente desenfocada”, apunta el propio autor, en la entrevista que cierra este dossier. ¿A qué se refiere? “A que no es que existan situaciones raras o hechos turbadores insertados en la realidad, sino que la propia realidad es extraña, como si tuvieras la sospecha de que la realidad flotara a escasos milímetros del suelo pero no tuvieras ninguna regla ni instrumento de media para comprobar si eso es verdad o no”, sugiere.

La dualidad formal es un reflejo de aquello de lo que parte Heisenberg en el arranque de la novela (el únicamente fijarse en el estado inicial y final de las cosas) y de uno de los conceptos motor de la historia: el de la copia. “La duplicación es un asunto que desde siempre nos ha interesado. Empezando por el clásico Narciso en el espejo y terminando por el problema del copyright. A veces no nos paramos a pensar que la copia es la base de la vida, cultural y biológica. El bebé al nacer copia a la madre, después modifica esa copia para así obtener su propia identidad; es su método de supervivencia”, expone el autor, a quien la historia se le apareció en una habitación de hotel. “Abrí el cajón de la mesilla de noche y vi una Biblia. La hojeé y me sorprendió mucho el modo en que estaba escrita y estructurada, y me di cuenta de que algún día me apetecería escribir un texto, de la índole que fuera, ensayo, poema o novela, que incluyera los aspectos que del Nuevo Testamento llamaban mi atención. Y esa misma noche ya lo estaba escribiendo”, revela. Y, al respecto, escribió cosas como esta: “El Nuevo Testamento era el zapping original, aquel del que han salido todos los zappings posteriores. Por descontado, también era el Nuevo Testamento un conjunto de microrelatos, boceto de bocetos”.

Como bien apunta el poeta, periodista y gestor cultural Pablo García Casado en el interesantísimo tríptico de opiniones que la revista virtual Pliego Suelto dedica al Proyecto Nocilla, «la literatura española le debe a Fernández Mallo todo un territorio que le ganó a la nada, abriendo campo a otros que también puedan atreverse. Porque hay vida más allá de los círculos concéntricos de la novela decimonónica». Territorio que Limbo no hace más que ampliar, imaginando un nuevo e insospechado camino, el que incluye una realidad ha adoptado la forma de un misterioso objeto animado, un objeto que los personajes persiguen sin saber muy bien qué es exactamente, atrapados todos ellos en ese limbo, que no es ni un principio ni un final, sino un estado intermedio, el lugar en el que se dan las transformaciones.

limbo

Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) es licenciado en Ciencias Físicas. En el año 2000 acuña el término Poesía Pospoética —conexiones entre la literatura y las ciencias— que ha quedado reflejado en los poemarios Creta lateral travelling (2004, premio Café Món), Joan Fontaine odisea (2005) y Carne de píxel (2008, premio Ciudad de Burgos de Poesía) y en el recientemente reeditado por Alfaguara Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus (autopublicado por el autor en 2001). Su libro Postpoesía, hacia un nuevo paradigma ha sido finalista del Premio Anagrama de Ensayo 2009.

En 2006 pone en marcha el Proyecto Nocilla, y publica su primera novela, Nocilla dream, que fue seleccionada por la revista Quimera como la mejor novela del año, por El Cultural de El Mundo como una de las diez mejores, y en 2009 fue elegida por la crítica de Quimera como la cuarta novela en español más importante de la década. A ésta le siguieron Nocilla experience (2008, elegida mejor libro del año por Miradas 2 de TVE, y Premio Pop-Eye 2009 a la mejor novela del año, incluido en los Premios de la Música y la Creación Independiente) y Nocilla lab (2009), que cuenta con la colaboración del historietista e ilustrador Pere Joan y fue elegida por la crítica del suplemento cultural de El País, Babelia, como la tercera mejor novela en español de 2009. La trilogía se reunió el pasado otoño en un solo volumen titulado Proyecto Nocilla.

Dos años después de culminar la alabada trilogía, Fernández Mallo publicó el polémico El hacedor (de Borges), Remake (Alfaguara, 2011). En todos estos años, el autor ha sido traducido a varios idiomas.

Mantiene, junto con Eloy Fernández Porta, el dúo de spoken word: «Afterpop Fernández & Fernández» (música, vídeo y textos). Tiene el blog El hombre que salió de la tarta y, junto con Juan Feliu, el grupo de música Frida Laponia.

Limbo es su nueva novela.

© Violant Muñoz i Genovés

© Mediâtica, agencia de comunicación cultural

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.