Wilders, el xenófobo que promueve una resistencia antifascista frente al islam

Con la promesa "voy a devolver Holanda a los holandeses", el ultraderechista Geert Wilders se presenta como paladín de la libertad frente al islam para las elecciones del miércoles.

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Con sólo una promesa, “voy a devolver Holanda a los holandeses”, el ultraderechista Geert Wilders logró que buena parte de sus compatriotas lo vean como el paladín de la lucha por la libertad frente al islam y depositen en él la esperanza de recuperar el control perdido ante una Unión Europea (UE) a la deriva.

Controversial y extravagante, el líder del Partido por la Libertad (PVV), de 53 años, se convertirá en el primer político de la ultraderecha europea en someterse al veredicto de las urnas en las elecciones parlamentarias que se celebran este miércoles en Holanda.

Wilders podría ser ganador con cerca del 15% de los votos, pero difícilmente será capaz de formar gobierno ya que el resto de partidos holandeses rechazan trabajar con él en un parlamento en el que se necesita formar una coalición multipartidista. 

No obstante, el líder islamófobo advierte a sus rivales que si el suyo es el partido más grande “no podrán ignorarlo”.

“La gente es la que tiene el poder”, remarca Wilders, quien el 23 de noviembre de 2016 se puso de pie frente a un tribunal que lo declararía culpable de incitar a la discriminación de los marroquíes y lanzó la desafiante afirmación: “Estoy aquí, delante de todos ustedes, pero no estoy solo, mi voz es la de muchos, es la de la gente común, la de las personas que quieren a su propio país”.

“Tú los conoces, podría ser incluso tu conductor”, dijo Wilders al juez, ilustrando a una mayoría silenciosa, que no son extremistas, sino que están decepcionados con las élites políticas y con la UE.

Los medios internacionales lo llaman el “Trump europeo”, pero mucho antes de que el presidente estadounidense diera el salto a la política, Wilders ya se había forjado la imagen de líder antiestablisment en Holanda.

Su retórica es similar a la de Donald Trump. “Make the Netherlands ours again” (Hagamos Holanda nuestra otra vez) es el eslogan que Wilders repite en cada aparición pública rodeado de extremas medidas de seguridad -desde hace años está amenazado de muerte- y su cara adolescente enmarcada en un peculiar pelo platinado peinado a la perfección irrumpe en la confortable vida de los holandeses.

Wilders niega que vaya a levantar un muro alrededor de los Países Bajos para frenar la llegada de musulmanes -igual que hace EEUU con los mexicanos- pero quiere “deshacerse de Bruselas” para recuperar el control de las fronteras. Su propuesta es seguir los pasos de Reino Unido y forjar un “Nexit” para salir de la UE.

Aliado de la ultraderechista francesa Marine Le Pen y la alemana Frauke Petry, quienes tendrán sus propios test electorales en abril y septiembre respectivamente, Wilders es quien mejor supo explotar hasta ahora el miedo al cambio con un discurso perfeccionado con los años que presenta al islam el enemigo de los valores de Holanda, una sociedad democrática y abierta.

“Holanda es un país muy tolerante; si yo fuese racista, o lo fuese mi partido, tendríamos quizás el 0,1% de los votos, y no es el caso. El islam y la libertad son incompatibles. Lo único que estamos haciendo es reforzar nuestra Constitución y nuestra libertad”, explicó al abrir la campaña.

Wilders no fue el primer holandés en contraponer los valores de la democracia liberal con el islam. En los 90 dio el salto a la política de la mano del Partido Liberal (VVD) del actual primer ministro Mark Rutte, fuerza de la que fue portavoz y con la que rompió en 2004 porque Holanda apoyó la solicitud de entrada de Turquía a la UE.

Pero mientras él escribía los discursos de los liberales, el intelectual homosexual Pim Fortuyn era quien abanderaba el discurso políticamente incorrecto y calificaba al islam de retrógrado. Luego de su muerte en 2002 a manos de un ecologista radical y tras el asesinato del cineasta Theo Van Gogh, otro crítico del islam, Wilders vio la ventana de oportunidad y fundó en 2006 su partido para tomar el relevo en clave de lucha “antifascista”.

En su escueto programa, que cabe en una hoja A4, la palabra clave es “desislamizar”. Wilders quiere cerrar centros de refugiados, mezquitas -a las que se refiere como ‘templos nazis’- y escuelas islámicas; prohibir el Corán, al que compara con el “Mein Kampf” (Mi Lucha) de Hitler, y encerrar a los musulmanes radicales de forma preventiva.

Pero no explica cómo implementará sus polémicas medidas que chocan con derechos fundamentales como la libertad de expresión y religión que rigen en Holanda.

“La insistencia de Wilders de convertir a los musulmanes en un enemigo nacional es lo que hace que los votantes lo respalden a ciegas sin preguntarse sobre la viabilidad de su programa”, asegura a Télam Jan Jaap de Ruiter, investigador del islam en Holanda, de la Universidad de Tilburg.

El líder del PVV dirige sus insultos concretamente hacia los marroquíes, quienes constituyen cerca del 2% del total de 4,5% de musulmanes de los Países Bajos, pero es “injusto”, señala de Ruiter.

“Es verdad que los jóvenes marroquíes están sobrerrepresentados en las estadísticas de criminalidad, pero ocurre lo mismo con los inmigrantes del este de Europa”, apunta el experto.

“Si hay un ataque terrorista como el de Bruselas, París o Berlín, Wilders se puede sentar con los brazos cruzados porque la gente está asustada porque esos ataques son en nombre del islam. A golpe de Twitter, puede explotar esa xenofobia que siempre estuvo presente,” indica de Ruiter.

El éxito del líder holandés se debe a que “confronta con la realidad de que una parte de la población holandesa no quiere a los inmigrantes musulmanes demasiado cerca. Si miras al pasado, la sensación es que somos tolerantes, pero el paso final de aceptar al otro en muchos casos no lo damos”, remarca el experto.

De lo que no cabe duda es que gane o no las elecciones, Wilders ya logró cambiar el panorama político holandés moviendo a sus rivales a sus posiciones más duras sobre inmigración y la UE.

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