Los cuatro elementos, fuego, agua, tierra y aire forman el sistema de respiración de la Tierra. Si este ritmo regular es perturbado por el ser humano, con el correr del tiem¬po todo el organismo terrestre será alterado. A raíz de esto, tanto los campos magnéticos de la Tierra como las corrientes magnéticas se¬rán influenciados, éstos constituyen la ley de la Tierra y de los planetas, y pertenecen a su sistema solar. Cada cambio dentro de la Tierra y sobre ella produce un cambio en y dentro del ser humano, en y dentro del mundo ani¬mal; provoca también una reacción correspon¬diente en el mundo vegetal y transforma inclu¬so la irradiación de los minerales.

Las constantes interacciones, las disonancias en todas las formas de vida, por lo cual se alteraron formas, colores y sonidos, tu¬vieron influencia en el curso del tiempo en los seres humanos, en la naturaleza y en todo el sistema solar. Debido al comportamiento contrario a la ley, por el cual se abusó y se abusa de las fuerzas cósmicas, se produjeron repetidos agrietamientos polares, erupciones y cosas semejantes. La Tierra no se tranquilizó ni ha llegado a tranquilizarse inclu¬so en el tiempo actual.

Quien interviene entonces en las leyes cós¬micas y las altera, crea irremediablemente disonancias en todos los planos de vida de la Tierra y en la Tierra misma. Debido a que cada pensamiento, palabra y acto es energía y como ninguna energía se pierde, tanto la positiva como la negativa, recae entonces sobre el causante, o sea sobre el hombre y sobre su alma.

Jose Vicente Cobo
Del programa: “Catastrofe, cataclismos, muerte”
www.editorialgabriele.com

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