Por: Carlos Martínez Márquez

“El amor es como el  átomo, que al dispersarse, discrepa en su forma y el tiempo. Y pierde razón de ser, en cuanto a la vana ilusión y el sentimiento desaparece’’.

El Autor

 

El sentimiento devela un misterioso proceso de atracción entre dos almas; las mismas se funden por la conformación de un acto solemne en el juego de palabras y la  esencia divina de feromonas que se esparcen en terrenos inciertos, del cual no nos advierte que tanto pudiera ser la resistencia al sufrimiento.

Cada quien viene con el gen del sufrir y el sentir. El menú es muy extenso; de modo que escogemos a nuestro contrincante preferido: el más vulnerable o el más voluble…ese que resulta inmaduro e inestable y no sabe, que en verdad desea. El amor es a veces flexible y maleable, que puede modificar nuestros sentidos para lograr ciertos propósitos, cuando se manipula con el otro que se hace más resistente.

El sentimiento, es una figura afectiva, que es procesada mediante la ilusión, el que también nos llega como un (bólido), sin advertirnos el peligro que se corre cuando se manipula ‘’el alma de porcelana’’ que poseemos todos. Son sentimientos que son arrolladores y catastróficos, como lo es el asfixie y el platónico. Estos nos llevan a ninguna parte. Se evaporan en el menor tiempo posible; son sentimientos que carecen de sustentación progresiva en cuanto a la de generar un proyecto de futuro entre dos seres.

En estos tiempos se da el fenómeno de atracción anacrónica, debido a la (discrepancia) de edades entre el uno y el  otro. Se da un proceso de ‘’back to the future’’, en la que se mezcla la juventud con la experiencia, y eso genera un interés rarísimo. Se da una interesante atmósfera química entre el sentir y el placer, cuya manifestación produce palabras imantadas, que merodean los oídos, mediante el susurro mágico, para extraer los pruritos que nos deja la imaginación. Habría que ver que tan lejos nos lleva la nave del sentimiento; que no nos topemos con un asteroide que nos rompa y destroce el alma, de que tengamos presente de que todo pasa, va y viene.

Dedicado a aquellos sentimientos que no están definidos y que pierden su rumbo en la órbita de lo efímero y el desencanto. Todo cae por su propio peso.

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