ANDALUCÍA : ¿LA VUELTA DEL SEÑORITO ?

El señorito andaluz es un clásico social en una Andalucía donde la propiedad de las tierras ha estado siempre en manos de unos pocos privilegiados por derechos de herencia y conquista, y la población rural sometida durante siglos a los caprichos del señor neo-feudal. Su vocación rentista, su oposición secular a los derechos sociales,el régimen laboral semi-esclavista a que siempre someten a los trabajadores de sus campos, a sus familias, a su machismo y abusos, incluidos los sexuales, sus sangrientas y lucrativas cacerías, excesos y juergas, su falta de interés por el progreso y el bienestar y su indiferencia por la productividad de sus tierras son proverbiales y presentan un retrato infame de una casta de ricos que huelen a medievo. Creíamos que estaban en decadencia , lo mismo que el franquismo, al que siempre fueron adeptos, pero estábamos equivocados. Ni los señoritos han muerto, ni el franquismo tampoco. No faltan pruebas en los jueces, ni en el Senado, ni en la Iglesia, ni, por supuesto, entre los votantes de los partidos conservadores.

El espejismo de la Transición

Si algo tenemos claro a medida que los años pasan es que la famosa “ Transición” solo fue un respiro en una doble dirección. Una, para los amantes de la libertad y de la justicia sin recortes, y otra para todos esos señoritos de Rocíos, Holas, Cortes y Corte, bodegas y toros en dehesas, que en los últimos tiempos del dictador estaban asustados ante la presión antifascista.

Una dictadura sangrienta como pocas en el mundo, consiguió al fin que trabajadores, intelectuales, y buenas personas de todos lados salieran a las calles una y otra vez-y no solo en España- para acabar con todo aquello, tras haber soportado infinitos años un rosario inenarrable de crímenes silenciados, torturas, cárceles, detenciones, represión laboral, fusilamientos infames, amenazas y negación de todas las libertades básicas que conforman una sociedad moderna. Siempre contaron para sus fechorías con la bendición de un clero tan fascista como todos los dirigentes del Estado y sus fieles sumisos. Pero cuando la presión del movimiento ciudadano asustó a los políticos del Régimen, a sus policías torturadores, a sus jueces civiles y militares, a sus curas y obispos, a sus banqueros, y a los dueños de latifundios y fábricas, el miedo les hizo buscar alguna clase de salida digna. Entonces se inició el acercamiento a las élites políticas de la oposición y comenzó eso que se llamó “ Transición”, estructura sobre la que se edificó una especie de nuevo contrato social que prometía paz, libertades y prosperidad a cambio de que todos fuéramos buenos chicos y aceptáramos el pack capitalismo-monarquía-concordato bajo la bandera rojigualda con escudo. Y las élites de la oposición anti-franquista tuvieron su plato de lentejas como aquel sujeto de la Biblia a cambio de ser buenos chicos de primera fila. Así que todo quedó en un espejismo muy bien maquillado, donde los méritos del cambio aparente parecían deberse a unos llamados “ padres de la Constitución” bajo la bandera de una Monarquía impuesta y consentida por los anti-monárquicos de élite a cambio de su platito de lentejas. No parecía ese cambio el efecto de las muchas luchas obreras, las muchas palizas de los grises y las torturas en siniestros calabozos, las muchas manifestaciones y enfrentamientos en las calles, industrias, tajos, y universidades que fueron realmente las energías que provocaron la necesidad del cambio.

Los espejismos duran un tiempo, pero siempre se desvanecen. El que puso en marcha la Transición se ha volatilizado y deja al descubierto la España real.

La España real

Resulta que un número considerable de jueces siguen siendo franquistas, machistas y sentencian con escandalosa frecuencia según esos principios. Resulta que quienes toman las decisiones en la jerarquía de la Iglesia son de la misma cuerda que esos jueces. Y resulta que en las academias militares se sigue estudiando a Franco como a un Caudillo legítimo. Todo eso conforma un panorama bien poco alentador que va dejando al descubierto una verdad sanitaria elemental : una herida no se puede curar en falso. España había sufrido una herida de tal profundidad durante la guerra y hasta la Transición que una “ Ley de punto final” una claudicación histórica de los principios republicanos socialistas y comunistas, y el entreguismo sindical no han podido tapar.

España es hoy un país en manos de las derechas de toda la vida como consecuencia de la claudicación de la izquierda tradicional con el conformismo de los dirigentes socialistas, siempre con sus medias tintas y más preocupados por no asustar a los ricos que por cambiar las cosas. Ese poderoso handicap, y la ayuda de los medios de comunicación estatales y privados, han llevado a las mayorías a una mente conservadora y timorata que enlaza con los efectos secundarios de toda dictadura: el miedo a decir en público lo que se siente en la intimidad.

De burbuja en burbuja se propagó durante años la idea de que España iba bien. Y era verdad: iba bien para constructores, especuladores, contratistas, señoritos terratenientes, rentistas, multinacionales, evasores de impuestos, políticos corruptos, obispos, cardenales y curas nostálgicos. Incluso iba bien para políticos que se decían de izquierda y ocupaban poltronas a las que se pegaban como lapa a la roca. Iba bien para todos ellos, y a todos ellos les sigue yendo bien, claro que si. A quienes no les va tan bien es a los jóvenes, que no tienen ni trabajo ni futuro laboral ni de pensión, a los que han tenido que emigrar por no poder vivir aquí, a los trabajadores cada vez más pobres y con empleos más precarios y de peor calidad; a los pensionistas, que no ven nunca actualizada sus pensiones; a las mujeres, que no paran de ser victimas del machismo; a los estudiantes que no pueden pagar la Universidad y un largo etc. A ninguno de estos les va bien.

No es que España, abriendo una ventana provisional hacia el mundo- sea una excepción entre lo malo. Alemania, con sus catorce millones de pobres y su millón de “ sin-techo”, o Estados Unidos, que con sus más de cincuenta millones de pobres, acaba de tumbar una ley de asistencia sanitaria pública y pretende construir un muro de contención de desesperados y hambrientos que huyen del Sur; o el muro general de Israel contra los palestinos a los que además de haber usurpado sus tierras matan a tiros cada semana, Todos ellos son tenebrosos ejemplos de “fraternidad criminal”.

Faltaban las crueles alambradas contra huidos de las guerras, levantadas en la Europa del Este, donde no por casualidad florece la podrida flor neo-fascista en Ucrania, Hungría o Polonia, que se extiende como una sucia mancha hacia el Oeste; Italia,Alemania, Francia y reaviva la existente en España con nuevas siglas. Pues todas esas brasas que disimuladamente andaban ocultas en el mayor partido conservador se avivan ahora para lavar y conjurar su criminal pasado ante los españoles, hacernos creer que se han reformado y que ahora son demócratas y defensores de bien común. Con su común cara dura, de momento han engañado a los andaluces. Fácil es imaginar por qué, con ese largo pasado de miedo, ignorancia y represión metido en el subconsciente y que la izquierda rosácea nunca ayudó a remontar. Y ahora lo paga con la desafección y el triunfo de sus peores oponentes: los partidarios de la momia.

¿Acabarán por engañar a más gente? Es cruel afirmar que como los medios de comunicación sigan el camino que llevan y muestren día a día, equidistantes o partidarios, la piel de cordero de estos lobos, la vuelta del señorito andaluz con todo su esplendor, está asegurada si hay elecciones. Será con el tiempo el regreso puro y duro a la película “Los santos inocentes”, que tan bien refleja lo que si realmente nunca ha dejado de ocurrir, se hacía de tapadillo. Que no cunda el pánico, pero por el bien de todos que tampoco lo haga el ejemplo de Andalucía.

¿Involución o revolución de las conciencias?

Se suele decir que uno de los éxitos del triunfo neo-fascista en Andalucìa es ese mantra de “ España se rompe” por el problema catalán. España no se rompe porque una región u otra reclamen más independencia. Y no se rompe por los inmigrantes que suplen la falta de nacimientos y será cada ve mas necesarios en España y en toda Europa. Lo que rompe la unidad de España y la de los españoles entre sí es la falta de cultura general -y no hay más que ver los programas preferidos en las ; la falta de conciencia ética y social, el apego ciego a las tradiciones religiosas y a sus supersticiones, y esa escasez terrible de sentido crítico ante las maniobras de los políticos que consiguen el voto favorable de los que realmente rompen España: los ricos que evaden impuestos con mil artimañas hasta legales, con sus paraísos fiscales a donde llevan el dinero de todos para educación, sanidad, pensiones y servicios asistenciales. Los que rompen España son todos estos políticos corruptos que nos roban a manos llenas y vacían la hucha de las pensiones, o los jueces y leyes que avalan medallas y pensiones extras para los torturadores y este clero medieval que ciega las mentes y divide conciencias y familias y engañan a todos fingiendo ser cristiano. Los que rompen España son los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, que nos restan libertades y nos ata a sus ricas multinacionales, y la subordinación ciega a la Unión Europea, que nos ata a los ricos de Europa. Todos esos se presentan públicamente como nuestros salvadores y pretenden que les creamos o los aguantemos durante otros cuarenta o cincuenta años. Y en Andalucía, ay, ahora mismo tenemos a cuatrocientos mil entre ignorantes y desengañados que han bajado la cabeza ante el franquismo de siempre que ahora manda mensajeros disfrazados de demócratas con distintos nombres, pero con el mensaje de toda la vida: someter, dividir, explotar, atar. Todo eso es el programa de las derechas, que es el del anticristo. Por supuesto, vienen disfrazados de cristianos , pero el mensaje cristiano, el del carpintero de Belén, es bien distinto: “Une y sé”,libertad, igualdad, hermandad, justicia”. Este es el programa de la evolución en todos los órdenes, todo lo contrario al de la involución que viene de mano de esos lobos con piel de cordero del fascismo, ni, por supuesto, con el clero. España no irá bien mientras todo esto no cambie, lo cual , naturalmente, depende de los españoles: de usted, de mí, de todos nosotros.

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