Carlos Colon en “Viernes Culturales”-ELILUC-Miami

Los Reyes Magos

El invierno había sido bastante frío, pero la perspectiva de recibir nuestra nueva casa lo hacia mas cálido.   Finalmente nos mudamos el 5 de enero, un día antes de la celebración de Los Reyes Magos.  Solo llevamos unos colchones y unos cuantos utensilios para el desayuno.  Cuando mis tres hijos se cansaron de correr por la casa vacía y se fueron a dormir, saqué de la camioneta todos los juguetes que traía y me la pasé casi el resto de la noche armando las bicicletas que recibirían de regalo al día siguiente.  Estaba ansioso por ver sus caras de sorpresa cuando se despertaran.

Esa mañana fue muy especial.  Mis hijos estaban locos con los juguetes y mi esposa y yo con la casa que habíamos anhelado durante años.  Éramos felices.

Cuando mi hijo más pequeño salió con la bicicleta al patio trasero, vi al niño de mi vecino, un chiquillo como de cinco años, aproximándose con gran tristeza a la cerca que dividía nuestra propiedad.  Mi curiosidad al ver su cara fue tanta que me acerqué a él y sonriendo le pregunté:

-¿Y a ti que te trajeron Los Reyes?

Él me miró fijamente, le brotaron lágrimas de los ojitos y me dijo:

-Como mi papá no está trabajando no pudo ir a hablar con Los Reyes Magos y ellos no me trajeron nada.

Tuve que tragar muy hondo y aclarar la garganta antes de hablarle de nuevo.  Entré a mí casa, todavía con un taco en la garganta, hablé con mi esposa y con mis hijos.  Al escucharme, el mayor, que solo tiene 7 años, me dijo:

-Papá, dale mi bici que yo espero a que Los Reyes me traigan otra y mientras tanto comparto las de mis hermanos.   Todos asintieron con la cabeza.

Mi esposa y yo nos miramos sin mediar palabra, tomé la bicicleta sin pensarlo dos veces, fui al patio, levanté al chico por encima de la cerca y le dije:

-A tu casa no pudieron llegar Los Reyes Magos, pero ellos te dejaron esto en mi casa.

¿Te gusta?

La expresión de su carita, su sonrisa y su alegría valían más que todo el oro del mundo.

Levanté la cabeza y miré a su padre que me observaba con cara de sorpresa y le dije:

-Los Reyes Magos dejaron esta bicicleta aquí para el niño y me dijeron que tenía que entregársela.  ¿No hay problema verdad?

Se acercó a mí, me dio el apretón de mano más fuerte que nadie me había dado jamás y con esto sentí que se consolidaba no solo una amistad, sino una hermandad que comenzó ese mismo día.

Veinte años después un 6 de enero, día de Los Reyes Magos, cómo las 6:00 de la mañana me encontraba en la cocina preparándome una taza de café, cuando alguien tocó la puerta de cristal que daba al patio trasero.  Me asomé.  Era aquel niño ya convertido en un hombre.  Abrí la puerta, le di un fuerte abrazo y él me preguntó:

-¿Será que habrá una bicicleta para mí en esta casa?

Una bicicleta no, pero una buena café sí, nos reímos y nos sentamos a conversar durante un buen rato.  Me contó todo lo que había hecho durante sus días de estudiante en la universidad, de sus planes futuros y antes de irse volvió a abrazarme y me dijo al oído:

Gracias por haberme ayudado a ser tan feliz desde niño, por haberme enseñado que las pequeñas cosas tienen también un valor muy grande, por enseñarme a respetar a otros y respetarme a mi mismo y por haberme hecho sentir en tu casa cómo un hijo más.  Eres una gran persona.

Salió por la puerta de cristal y al brincar la cerca que dividía nuestro patio, levantó la mano para decirme adiós, con una sonrisa que no he olvido en veinte años, desde cuando lo conocí por primera vez.

Carlos O. Colon

Poeta-Escritor

Puerto Rico

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