No sé por qué me dio por pensar en ello, mi vida transcurría normalmente hasta la revelación, me consideraba una persona feliz, incluso descontando aquellos momentos en los que no sabía la razón por la que me embargaba una tristeza repentina, la mente es un órgano caprichoso, nunca sabes qué te va a traer, o lo que te hará pensar, los recuerdos que hará devenir, o ese impulso que te hará tomar una cierta decisión.

Tantos proyectos, tantas inquietudes, tantos compromisos, todo se agolpaba frente a mí. Y yo mientras tanto me dejaba llevar viviendo mi vida, a veces de una manera insulsa intentando dar un empuje más, una mayor intensidad, esa pizca de pimienta que me permitiera cerrar los ojos por la noche y decirme: soy feliz.
Huir de la monotonía es complicado en estos tiempos, qué diantres, y en todos los tiempos,  el ocio nos hace salir de ella, a veces para caer en otro tipo de rueda infernal de divertido aburrimiento, subir rodando la misma piedra por la montaña una y otra vez para observar desazonado como cae hacia el otro lado sin remisión.
El fin del mundo ¿el mundo tiene límite? Si lo tenía, me dispuse a encontrarlo. Eché a andar un paso tras otro, así hasta perder la cuenta, por el camino pregunté a todo el que se me cruzó, pero nadie me daba cuenta, sabios y necios todos me miraban con estupor, no se daban cuenta que me moría de sed y el agua no me podría saciar.
No recuerdo cuantos pares de botas desgasté siguiendo a la Vía Láctea, pues por ella me guiaba para no repetir camino, fue entonces cuando lo encontré y no me gustó.
¿Somos amos de títeres o simplemente somos nosotros los títeres? Miré a mi perro y me di cuenta que la mascota era yo, mucho peor, había un guión escrito y yo era un simple figurante, siquiera era el protagonista, solo tenía que ponerme en mi marca y actuar, pasar de aquí para allá para dar al conjunto una sensación de movimiento, mientras otros daban réplicas y contrarréplicas dando sentido a la actuación.
Sí, porque me di cuenta que estaba en el lado equivocado de la pantalla, al otro lado estaban los espectadores riendo, sonriendo, asombrados y a veces aplaudiendo conseguí vislumbrar que al otro lado de la luz brillante que me cegaba los ojos, un centenar de personas, sentados cómodamente en sus butacas miraban hacia mí, observaban mi vida en ciento veinte minutos.
Crowd watching a movie

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa tu comentario!
Por favor ingresa tu nombre aquí

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.