CITA CON LA HISTORIA

La reconquista de Toledo y la llegada de los almorávides.

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Tal día como hoy 24 de mayo de 1085, tras un largo asedio, el Rey Alfonso VI de Castilla y León conquista Toledo, que estuvo durante trescientos setenta y tres años, en poder de los árabes.

Alfonso VI fue un gran rey, aunque su fama quedó ensombrecida por sus disputas con el Cid, después de que este, le hiciera jurar en Santa Gadea – Burgos – no haber intervenido en la muerte de su hermano Sancho, trama más propia de su hermana Urraca, con la que Alfonso mantuvo un idilio que, algunos, consideran bastante más que fraterno.

Aunque oficialmente, el califato de Córdoba desaparecío en 1031, desde mucho antes era sólo una ficción, pues omeyas y beréberes combatían unos contra otros por intrigas cortesanas y familiares, sufriendo la presión de los cristianos, interesados en tomar plazas fronterizas y ávidos de botín y obtener “parias”.

Los reinos cristianos, incapaces de conquistar los dominios musulmanes al carecer de hombres suficientes para su ocupación y repoblación, prefirieron explotar económicamente su superioridad militar, exigiendo el pago de tributos – parias- como garantía de su no intervención armada.

El interés de las parias era económico, convirtiéndose en la principal fuente de ingresos de los reinos y condados cristianos, pero también políticos, pues el estado “protector” se extendía teóricamente hasta el fin de las fronteras del “protegido”.

Los cristianos, no sólo cobraban parias por prestar servicios militares, sino también por no intervenir y no atacar las tierras del que pagaba, cobrando a dos reinos enfrentados entre sí y reservándose, además, el derecho de actuar en favor de uno u otro según sus conveniencias.

El resultado de esta política, fue un aumento progresivo de las parias y del descontento popular musulmán al pagarlas, que adoptó formas violentas en Toledo, donde el rey, al-Qadir, cedió ante los que le acusan de exigir estos impuestos, expulsando de la ciudad a los partidarios de la sumisión a Castilla y negándose a pagar.

Ante esta negativa, Alfonso VI tras un asedio de cuatro años, conquistó la que fuera la gran capital del reino visigodo, negociando con el débil rey Al-Qádir, un pacto de capitulación, que incluía el respeto a la vida, haciendas y costumbres religiosas de los musulmanes, que decidieran quedarse en la ciudad.

Además de Toledo, Alfonso conquistaría Coria y llegarí a Tarifa, donde entró al galope al mar exclamando: “He pisado el último confín de España”, recibiendo fama internacional y llevando a pensar el resto de reinos hispánicos, que él solo sería capaz de acabar la Reconquista.

Pero las taifas, alertadas ante el poder de los cristianos, llamarán a sus hermanos almorávides – musulmanes fanáticos del norte de África – que seguían a rajatabla la ley coránica, los cuales al mando de Yusuf ibn Tashufín, derrotaron a Alfonso en Zalaca o Sagrajas en1086, aunque su victoria no tuvo efectos graves, por la falta de acuerdo entre los musulmanes de al-Andalus y los almorávides, que acusaban a los peninsulares de incumplir los preceptos del Corán.

Los almorávides terminarían apoderándose de Al-Ándalus, que, de nuevo unificado, presentó dura batalla a los cristianos y, sin llegar al esplendor de los omeyas, el desembarco de Yusuf retrasará años la Reconquista, causando además un significativo cambio social, pues los mudéjares – musulmanes en tierra cristiana – abandonaron sus tierras huyendo del fundamentalismo islámico y emigraron hacia los reinos cristianos.

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