El día en que la fiesta del Corpus, tiñó de sangre las calles de Barcelona.

Tal día como hoy, 7 de junio de 1640, los aldeanos o “segadors” protagonizan en Barcelona el levantamiento popular conocido como “Corpus de Sangre” contra el virrey Dalmau de Queralt.

Durante el Corpus de Sangre, murieron asesinados numerosos funcionarios reales y también notables miembros de la oligarquía catalana, vinculados al poder real de la corona española, muchos de los cuales corrieron la misma suerte.

La causa de esto fue debido a que, en mayo de ese año, se iniciaron disturbios en Gerona, donde numerosos campesinos, descontentos por tener alojados a sus expensas a los soldados castellanos de los Tercios – cosa que era costumbre tradicional en la época – los cuales habían sido llevados allí por causa de la guerra con Francia, atacaron a estos ocasionado varios heridos.

El 7 de junio, fiesta del Corpus Christi, algunos de estos rebeldes mezclados con segadores que habían acudido a la ciudad para ser contratados con ocasión del inicio de la cosecha, entraron en Barcelona y provocaron el estallido de la rebelión, uniendo a ellos parte de los segadores y luego con el paso de las horas la inmensa mayoría de la gente, de modo que pronto la revuelta se encontró con la ciudad a su merced.

Los disturbios que tuvieron inicio en ese día, se reproducirían en Barcelona durante los días siguientes, con un balance total de entre 12 y 20 muertes, casi todos ellos funcionarios reales destinados en Cataluña.

Los segadores, con la connivencia de buena parte de la población local, habían iniciado los disturbios en la ciudad a cuenta de un incidente trivial, entre un grupo de ellos y algunos soldados castellanos, en los que un segador quedó malherido, causa suficiente para dar origen a la generalización de la revuelta.

A los gritos de “¡Viva la fe de Cristo!”, “¡Viva la tierra, muera el mal gobierno!” los segadores iniciaron los enfrentamientos, fomentados por el odio que sentían hacia los Tercios y funcionarios reales, pasando luego a generalizarse contra todos los hacendados y nobles situados cerca de la administración, fuesen estos castellanos o catalanes a los que dispensaron idéntico trato.

Ni siquiera la Generalidad pudo controlar a los rebeldes, que se hicieron dueños de la ciudad y se extendieron por otras poblaciones, logrando apoderarse del puerto de Tortosa e iniciando el asesinato generalizado de muchos funcionarios, jueces y soldados reales en toda Cataluña.

Ante el cariz que tomaba la situación, el mismo virrey Dalmau de Queralt abandonó su palacio, intentando salvar su vida, pero fue inútil su intento, pues resultó asesinado, en una playa barcelonesa, cuando intentaba huir por mar.

Esta muerte del máximo representante de la corona, supuso un punto de inflexión y una imposible vuelta atrás, en la ruptura entre los rebeldes catalanes y las autoridades reales y dio inicio a la “Guerra de los Segadores” que afectó a gran parte de Cataluña entre los años 1640 y 1652.

Cuando la oligarquía catalana recuperó parcialmente el control de la región, decidieron pedir ayuda a Francia y el Cardenal Richelieu, para debilitar a la Corona Española, los apoyó militarmente lo que en realidad supuso una ocupación militar francesa de Cataluña, y este error, significó tanto para para Cataluña como para España, la perdida definitiva del Rosellón que habían sido tomado por las tropas francesas durante la guerra y del que no se marcharían jamás.

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