La triste y trágica odisea del gobernador de Veragua, Diego de Nicuesa.

Tal día como hoy 9 de junio de 1508, el rey Fernando “el Católico” otorga a Diego de Nicuesa los derechos descubridores sobre Veragua, así como el cargo de gobernador.

Diego de Nicuesa fue un rico hidalgo, que ocupó un cargo de confianza en la casa de un tío del rey Fernando” el católico” y en 1507, solicitó el puesto de gobernador en América, petición que les fue concedida, siendo nombrado gobernador de Veragua donde se atribuía gran riqueza aurífera.

Sin vacilar, Nicuesa gastó cuanta fortuna poseía en fletar una armada sin reparar en gastos, pues criado en la Corte, no tenía idea de lo que era el Nuevo Mundo, que él se había figurado cosa fácil, pero al llegar a las Antillas empezaría a comprender las dificultades.

Nicuesa, tenía una servidumbre ostentosa y gastaba a manos llenas el oro sin preocuparse del siguiente día y, como es lógico, pronto empezó a faltarle dinero y comenzó a pedir prestado ofreciendo pagarlo con crecidos intereses.

Con siete barcos y 580 tripulantes, efectuó un recorrido por la costa centroamericana, fundando la ciudad de “Nombre de Dios”, pero su expedición naufragó y durante un tiempo estuvo abandonado con un pequeño grupo de hombres en la isla “Cayo de Agua”, a causa de la dejación de Lope de Olano, al que había confiado el mando de la escuadra.

Al fin un día, cuando habían perdido toda esperanza y aguardaban una muerte segura, vieron los náufragos aparecer una embarcación en la que fueron rescatados.

Pero la desgracia, que no le abandonó un momento desde que emprendió su viaje, le acompañaba aquí como en todas partes y eso trastornó el buen juicio de Nicuesa

La tierras donde iba a gobernar, tenía los colonos enfrentados a su gobernador, por lo que en principio eran proclives a su llegada, pero Nicuesa de forma imprudente, anunció que él arreglaría las desavenencias, quitando a todos sus repartimientos y haciendo nuevos repartos, lo cual llegó a oídos de los colonos que temieron que en vez de llevar la paz se producirían mayores desórdenes.

La noticia produjo gran agitación en la colonia, sobre todo entre los que habían logrado ricas encomiendas que empezaron a intrigar entre los demás, para que rechazaran a Nicuesa cuando se presentara.

Sucedió pues, que cuando llegó, una tropa armada le intimó y le prohibió el desembarco, ordenándole alejarse de aquellas playas, dejando en ellas a los que quisiesen quedarse.

Al insistir para que le explicasen los motivos, algunos quisieron matarle y le obligaron a embarcarse con diecisiete hombres que quisieron acompañarle, en un buque carcomido y con escasos alimentos, advirtiéndole que si se acercaba a la colonia encontraría la muerte.

Profundamente herido en su dignidad y, ya destituido por el gobierno español, a causa de sus fracasos, Nicuesa se alejó de aquellas playas el uno de marzo de 1511, y jamás se volvió a tener noticias suyas.

Se cuenta, que años después, unos marineros que naufragaron en Cuba encontraron un letrero grabado en un árbol, que decía : “Aquí feneció el desdichado Nicuesa.”

Diego de Nicuesa murió, probablemente en el océano, o asesinado por los indios en Cuba.

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