Lucio Quincio Cincinato, un político integro, honesto y honrado.

Tal día como hoy 16 de junio del año 458 a.C. – según la tradición – el patricio romano Lucio Quincio Cincinato, es llamado por el Senado para defender la República.

Retirado voluntariamente de la vida pública, una delegación del Senado – ante la incompetencia militar de los cónsules y para salvar al ejército romano y a la misma República de la invasión por los ecuos, y volscos, – acudió a su finca situada en la otra orilla del río Tiber, donde le encontraron dedicado a arar la tierra.

Cuando le comunicaron la petición del senado, Cincinato se mostró reacio a aceptar, ya que estaba próxima la recogida de la cosecha y no podía dejar abandonadas sus tierras, pero ante la insistencia de los delegados, finalmente lo hizo.

El nombramiento ofrecido por el Senado era el de “dictador”, figura reconocida en el mundo romano, para casos de extrema gravedad, en los que el designado asumía en su persona todos los poderes del Estado, ejecutivo, legislativo y judicial, por espacio de seis meses, período en el que quedaban en suspenso todos los procedimientos ordinarios y los magistrados y nadie podía criticar, censurar ni discutir las órdenes del dictador.

A la mañana siguiente, se presentó en el Foro con la toga de dictador, orlada de púrpura, y llamó a todos los romanos a las armas encuadrándolos en legiones y poniéndose al frente de las tropas personalmente.

En un tiempo récord, organizó el ejercito, presentó batalla al enemigo, derrotándolo completamente, y en un acto de magnanimidad, les permitió marchar libres, a condición de rendir las armas y entregar a los jefes.

Cumplida su misión, en apenas seis días y aunque aún podía prolongar el poder durante seis meses, se despojó voluntariamente de la toga dictatorial, que le confería todo el poder y se reintegró de nuevo a su arado y a la recolección de sus cosechas.

Cincinato constituye un símbolo del espíritu cívico de los romanos y su figura se convirtió en arquetipo y modelo de rectitud, honradez e integridad, que supo combinar con una gran capacidad estratégica militar y legislativa.

Cuando terminó la Guerra de Independencia Norteamericana, se fundó la Sociedad de “los Cincinnati” a cargo de soldados y podían ser miembros todos aquellos, que habían servido desinteresadamente a su patria.

La ciudad estadounidense de Cincinnati perpetúa su recuerdo y se la denominó así en homenaje, al que entonces se consideraba como el Cincinato de los Estados Unidos: George Washington.

¡Que habrá sido en la actualidad, de los genes de Cincinato…!

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