La peripecia del malagueño Lorenzo Armengual de la Mota, de humilde pescador a ministro.

Tal día como hoy 20 de junio de 1719, el religioso malagueño Lorenzo Armengual del Pino de la Mota, funda en Málaga un Mayorazgo para ayudar a los más desfavorecidos.

Aunque existen distintas versiones sobre su origen familiar, los diferentes autores que investigaron en su vida suelen coincidir en lo fundamental, es decir que nació pobre, pescador, en el más miserable ambiente del perchelero barrio de Málaga, el 24 de octubre de 1663, cerca de un lugar denominado “Huerta del Obispo” y llegó a ser obispo de Cádiz, ministro de la Corona y título nobiliario como premio a sus servicios.

Resulta curioso precisamente, porque no fue el ambiente que rodeó su nacimiento el más propicio para despertar vocación religiosa, por lo que sin posibilidad de salir del mundo del que formó parte por origen, sólo el azar y su inteligencia, hicieron posible un futuro como no podían haber imaginado nunca él ni los suyos.

Todos los autores coinciden en la existencia de un encuentro casual de su padre con un canónigo, en la playa donde el niño recogía el último copo del día, entablando una conversación con el muchacho y quedando sorprendido de la lúcida inteligencia, simpatía y educación que no correspondía al marengo perchelero de la época, por lo que lo tomaría bajo su tutela facilitando la salida del barrio.

El canónigo, matriculó al niño en la Escuela de Gramática de la Catedral y, posteriormente, inició estudios como seminarista menor, siguiendo a su protector en sus diversos destinos, lo cual dio a Lorenzo entrenamiento, en la etiqueta de la alta curia española de entonces y en los más serios asuntos de la administración.

Siendo presbiterio, fue Capellán de honor del rey Carlos II “el Hechizado”, y ya ordenado sacerdote; recibió el grado de doctor en cánones; Abad de San Mamés y canónigo de Santiago de Compostela.

En plena Guerra de Sucesión, Felipe V lo llamó a la corte con la misión de reorganizar el Consejo de Hacienda y por su competencia y habilidad, le fueron confiados los más altos cargos del departamento, pasando de la Secretaría de Hacienda a integrarse en la de Justicia.

Nombrado Marqués de Campo Alegre – creado para él – renunció al marquesado por considerar que un prelado no debía tener título nobiliario, al estar en contradicción con su idea de apostolado, dejando los cargos públicos y siendo nombrado obispo de Cádiz.

Ya en Cádiz, se preocupó por el estado de su diócesis con el mismo celo que había desempeñado en sus puestos ministeriales y a su muerte en Chiclana de la Frontera el 15 de mayo de 1730, dividió las rentas de sus mayorazgos en tres partes.

Una para vestir pobres, y viudas de su barrio del Perchel; otra para redimir cautivos, principalmente malagueños; y la tercera para dotar a las doncellas huérfanas pobres de Málaga, para hacerse religiosas o para casarse, con 200 ducados, cuyos más directos beneficiados fueron los vecinos del Perchel.

Sobre el origen y vida de este pescador perchelero, así como de su fulgurante carrera que le llevó hasta el despacho real de la Hacienda, no se ha escrito demasiado pero lo que a los malagueños ha interesado siempre del personaje ha sido su origen humilde, desde el cual conquistó influencia, prestigio y poder y hoy, en el barrio del Perchel, convertido ahora en centro comercial de Málaga, existe una calle con su nombre, aunque casi nadie sabe quien era.

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