He llegado a aceptar la sensación de no saber
adónde voy. Porque sólo cuando estamos suspendidos
en el aire sin aterrizar, tenemos fuerza en nuestras alas
para desentrañar y por desgracia comenzar el vuelo.
Y mientras volamos, todavía no podemos saber hacia
dónde nos dirigimos.
Pero el milagro está en el desarrollo de las alas…
No podemos saber adónde vamos, pero sabemos que
siempre que tengamos nuestras alas, ¡el viento nos
llevará!!!

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