(Imagen de página de Facebook Chalecos Amarillos https://www.facebook.com/groups/310403819778193/)

Algunas personas nos interesamos por la justicia, la libertad, la unidad, la paz y todos aquellos valores sin los cuales la vida nos resultaría penosa, triste, y para muchos insoportable, y por eso hay hasta suicidios. Nadie protesta, se manifiesta, se margina socialmente o se suicida por ser feliz, por disponer de lo necesario para vivir, por ser amado o por gozar de libertad.

¿ Qué clase de organización política hace posible la paz, la justicia social y el bienestar de todos? Es lugar común considerar que la democracia es la menos mala de las posibilidades para conseguir todo eso. Pero… la democracia, por no estar gestionada desde abajo, sino desde arriba como poder delegado, no ha conseguido en ninguna parte la paz, la justicia o el bienestar para todos,sino para algunos. Por otra parte, cada persona tiene asuntos por gestionar en su propia conciencia. Y esos asuntos por resolver en cada conciencia individual terminan a su vez por confluir inevitablemente hacia la vida colectiva imprimiéndole carácter. Por eso cada nación tiene el suyo y la humanidad el resultado global. Por desgracia, el balance es negativo y afecta negativamente no solo a la humanidad, sino al propio Planeta Tierra y a todas sus formas de vida.

Si prevalece el pensamiento egoísta entre las gentes como problema de conciencia sin resolver colectivamente ¿ cómo puede esperarse que exista una democracia social, una justicia distributiva correcta, un bienestar sin excluidos? Quien anda por la vida con ansias de poder, desprecia al semejante, es proclive a la violencia, la codicia o el deseo de reconocimiento, que son enfermedades del alma, contribuye a crear conflictos y enfrentamientos y empuja a otros a sufrir por su causa. Esto es especialmente peligroso cuando gente de esas características acceden al poder político. Sin embargo, la política es necesaria para garantizar unos mínimos de convivencia ordenada, pero ¿ cómo ?…

La política debería conseguir por métodos pacíficos que diferentes posturas ideológicas existentes en la sociedad como consecuencia de los diferentes niveles de riqueza y de conciencia ética y social sean capaces de llegar a acuerdos. La mayoría, sin embargo, buscan con la política su propio provecho, y otros, los menos, el bienestar de los ciudadanos. En esencia, este es el esquema de la lucha política.

El bienestar de todos los ciudadanos debería ser la meta de la acción política, de los partidos políticos y de los gobernantes. Difícilmente estaría en contra de este punto de vista una persona de buena voluntad y amante del bien ajeno tanto como del propio. Sin embargo, la vida política no parece tener mucho que ver con la buena voluntad de las buenas gentes y se presta a muchas trampas a causa del poder de los ricos y de la escasa conciencia ética y social de las mayorías que no apoyan fácilmente, oh paradoja, a quienes están de su parte. Esto favorece a los políticos conservadores, que son los subvencionados por los ricos y aspiran a gobernar con espíritu continuista de sus ambiciones y de su poder, aunque lo disfracen con palabras como democracia, patria, o la defensa de una bandera. Porque el continuismo es continuidad: de las desigualdades, de las injusticias, de la violencia y de las restricciones en todos los terrenos.

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