La relajación está sobrevalorada. A menudo identificamos
la plenitud con la imagen que transmite la publicidad de los
complejos vacacionales: una persona tumbada en una
hamaca al sol,entregada al ” dolce far niente”.
 
Sin embargo, fuera de las pausas necesarias para recuperar
energías antes de volver a la actividad, la inacción y la falta
de tensión, son mucho más perjudiciales para la salud
psicológica y existencial que el estrés positivo.
 
Así como un músculo que no se ejercita termina atrofiándose,
las personas que no se marcan objetivos vitales son presas
fácil de la apatía.
De tanto rebajar el nivel de exigencia, cada vez se atreven
a menos, mientras la autoestima y la confianza en las
propias posibilidades van decayendo.
Este es el motivo por el que los psicólogos conductistas,
suelen recomendar a los pacientes con crisis de angustia
que se enfrenten sin dilación a la experiencia que temen.
 
Los humanos, somos seres de acción, y solo alcanzamos
la felicidad con el pleno desarrollo de nuestras facultades.
Hans Selye diferenció el estres en dos categorias según su
repercusión en la salud y el estado de ánimo:
-Distrés ” estrés negativo” genera sensación de agotamiento.
– Euestres ” cuando no existe un desequilibrio entre el estímulo
interior y el exterior.

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