La vida de toda persona, está surcada de pequeñas
muertes que albergan la semilla de otros tantos
renacimientos. Cada vez que experimentamos un
cambio dramático, nos vemos obligados a partir de
cero. Suponen momentos de gran impacto emocional,
pero también son oportunidades de emprender otros
rumbos que de otra manera, jamás habríamos podido
explorar. Algunos ejemplos de finales que llevan a
nuevos – y mejores- principios:
-La ruptura con una pareja que no funcionaba, crea el
espacio para encontrar a alguien que sí encaje.
-Ser despedido de un empleo, abre la puerta a una
nueva orientación profesional y a descubrir incluso
la verdadera vocación.
-Una larga enfermedad o accidente permiten analizar
en profundidad nuestra vida, corregir errores y renacer
con un nuevo proyecto.
En todo final está escrito el principio si estamos
dispuestos a empezar de nuevo con un horizonte que
sea nuestro, en lugar de uno prestado.

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