Carmen Posadas nos sumerge, con su habitual maestría, en el fascinante mundo de la familia imperial rusa: luces y sombras de palacio, mientras desfilan princesas y deshollinadores, zares y bolcheviques, lujo y miseria….

Retrato de un tiempo en el que el ansia de poder y de riqueza parecen justificar las mayores atrocidades.

Los grandes secretos son como los hechizos…se desvanecen cuando uno los cuenta…

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Leonid  Sednev, deshollinador imperial y más tarde pinche de cocina, tenía quince años la noche del 15 de julio de 1918, cuando un grupo de militares de la revolución bolchevique asesinó brutalmente a la familia imperial rusa, Leonid fue el único superviviente y testigo invisible de la tragedia. Mucho tiempo después, un Leonid ya anciano decide recomponer sus recuerdos y comienza este relato, desde los ojos del sirviente de la familia imperial, con el que recrea los últimos años del imperio ruso y el cambio de régimen.

La autora, regresa al género de la novela histórica después de sus exitosos trabajos anteriores: “La cinta roja” y “La bella Otero”, y lo hace por la puerta grande, con un gran trabajo de investigación y documentación, teniendo acceso a documentos confidenciales e inéditos del FBI que han sido recientemente desclasificados y que le han permitido conocer una versión del asesinato de Rasputín, otro protagonista de la novela, y en cuya muerte pudieron estar involucrados los Servicios Secretos Británicos.

Leonid Sednev, un hombre de 92 años, enfermo en un hospital de Montevideo, y consciente de la proximidad de su muerte, nos cuenta los seis años más importantes de su vida, los que van desde 1912 a 1918.

En 1912, a punto cumplir los 10 años, pasa a formar parte de las “huestes de deshollinadores imperiales” del Palacio Aleksandr donde vivían los zares de todas las Rusias con sus hijos. El cometido de estos muchachos, los llamados wáter babys, era limpiar los rescoldos de las estufas en las habitaciones para lo cual, debían meterse por el hueco de unos conductos donde no pasaba el cuerpo de un adulto. El niño queda fascinado por el mundo que descubre, para él a todas luces inalcanzable.  En su calidad de “invisible” por estar siempre escondido en los conductos de las estufas, es testigo de primera mano: oirá conversaciones y presenciará escenas que más tarde pasarán a formar parte de la historia.

Los dos primeros años, hasta la Primera Guerra Mundial, son felices e instructivos. Acompañado siempre por su fiel amigo Iuri, un enano que dado su pequeño tamaño sigue siendo water baby a pesar de su edad.

Las hijas del zar le fascinan, descubriéndolas a través de la rejilla de una de las estufas. Están dando su clase de francés y le parecen traviesas, alegres y encantadoras. Al principio son inalcanzables para él, que tiene que limitarse a mirarlas oculto. Con el tiempo se enamorará de una de ellas: Tatiana. Y como no, será un amor imposible, secreto.

El muchacho asiste a una de las peores crisis de la hemofilia que sufre el zarévich, que es superada gracias a la intervención de Rasputin, iniciándose una relación de amistad con la zarina que escandalizará a todos en Rusia. Cuando el zar decide marchar al frente, en contra de la opinión de todos sus consejeros, la zarina y Rasputín hacen y deshacen a su antojo, ganándose así las iras de todos debido a sus desacertadas decisiones y equivocados nombramientos.

En medio de todo ese caos, Leonid debe ausentarse para acudir al lecho de muerte de su madre. Y esa noche  es testigo de una escena singular: sale a dar un paseo y ve como tres individuos tiran un fardo al río. Más tarde descubrirá que lo que realmente tiraron fue el cuerpo ya sin vida de Rasputín.

A partir de aquí todo se precipita, estallando la revolución.

Finalmente el zar es obligado  abdicar, y las cosas cambian mucho en palacio. El protocolo ya no es tan rígido, de manera que nuestro protagonista puede disfrutar de una mayor intimidad con las princesas y con el zarévich, quienes dejan de ser inalcanzables figuras lejanas para convertirse en seres humanos, verdaderos compañeros de fatigas.

Y empieza el peregrinaje, son deportados a una casa donde son prácticamente prisioneros con lo que la relación entre señores y criados se estrecha muchísimo más.

Finalmente nuestro protagonista se enamora de María, una de las princesas, y siente curiosidad por ver qué dice de él en su diario, de modo que lo roba para leerlo. Ese mismo día, el nuevo comisario le dice que se marche. Con este acto le salva la vida, pues esa noche la familia imperial y los criados que con ella permanecían son asesinados.

Al verse obligado a abandonar la casa a toda prisa, no tiene oportunidad de dejar el diario en su sitio, de modo que decide regresar antes de que su dueña lo eche en falta. Regresa de noche y desde una ventana es testigo de las muertes de todos.

Tras esta revelación, Leonid muere en el hospital, no sin antes pedir a la enfermera que tenía al cargo entregue sus memorias a una periodista que se encargará de publicarlas.

En este soberbio relato se mezclan dos tipos de personajes: los históricos y los de ficción. Ambos conviven y se relacionan de manera magistral, en una singular mezcla de imaginación y exposición de hechos documentados cuyo resultado es un magnífico fresco en el que se puede leer la historia y la intrahistoria de esos seis años que condujeron a la revolución y a la muerte de la familia imperial.

© Violant Muñoz i Genoves

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