Con un refuerzo policial insólito en las calles y bloqueos en diferentes puntos de la ciudad, Brasilia amaneció blindada para la toma de posesión del futuro presidente, Jair Bolsonaro, cuya investidura, este martes, abre la puerta de la extrema derecha en Brasil.

Un decreto presidencial permitirá a partir de la media noche que misiles antiáreos con hasta 7 kilómetros de alcance y dirigidos por láser puedan derribar aviones “hostiles” que violen el espacio delimitado como área de seguridad durante la toma de mando del nuevo presidente.

La medida también alcanza a los drones, que podrán ser “abatidos” por los francotiradores distribuidos a lo largo de la Explanada de los Ministerios, una amplia avenida que reúne todos los poderes públicos de Brasil, incluido el Congreso, donde Bolsonaro jurará la Constitución antes de asumir el poder.

La Explanada, que al igual que el resto de la ciudad fue proyectada por el célebre arquitecto Oscar Niemeyer, estará cercada por alambres de púas y concertina para impedir la libre circulación del público en la ceremonia, que reunirá entre 250 000 y 500 000 personas.

Policía y miembros del Ejército revisaron hoy el área por donde mañana circulará Bolsonaro e instalaron barreras de concreto en las puertas de entrada de la vía para evitar el paso de vehículos no autorizados.

Todavía no se sabe si el ultraderechista recorrerá la Explanada en un Rolls Royce “Silver Wraith” descapotable, como marca la tradición, o lo hará en un vehículo blindado, después de que la Policía Federal reveló que investiga una amenaza terrorista prevista durante la investidura.

La decisión final recaerá en manos del propio Bolsonaro, quien mañana sucederá en la Presidencial de Brasil a Michel Temer, después de vencer las elecciones de octubre con un 55 % de los votos frente al 45 % obtenido por le candidato progresista Fernando Haddad.

Tras dejar el Congreso, Bolsonaro recibirá la banda presidencial en el palacio de Planalto, en el marco de una ceremonia en la que está prevista la presencia de once jefes de Estado o de Gobierno, entre ellos el de Israel, Benjamín Netanyahu, con quien el futuro presidente ha estrechado los lazos.

La llegada al poder del capitán de la reserva del Ejército ha movilizado también a centenas de brasileños provenientes de diversas ciudades de país que se han trasladado hasta la capital brasileña para acompañar a Bolsonaro, un nostálgico de la última dictadura militar y polémico por un historial de declaraciones machistas, racistas y homofóbicas.

Su investidura también ha captado la atención de un séquito de periodistas nacionales e internacionales, quienes en los últimos meses han debido sortear las informaciones desencontradas que han marcado el proceso de transición.

El procedimiento para acompañar la toma de mando de Bolsonaro es más engorroso que en anteriores ocasiones y, por primer vez en una investidura en Brasil, los profesionales de la información serán trasladados por autobuses hasta lugares previamente designados y que no podrán abandonar hasta que no concluya por completo la ceremonia.

A la lista de medidas de seguridad, se suman otras prohibiciones.

En la cita no estarán permitidos el uso de mochilas, carritos de bebé, paraguas, botellas de agua o animales y el público asistente deberá ser sometido a estrictas revisiones antes de entrar en la Explanada de los Ministerios.

La investidura de Bolsonaro, de 63 años, y de su vicepresidente, Hamilton Mourao, marca el inicio de un Gobierno de cuatro años en el que el ultraderechista pretende implantar un programa económico liberal, una agenda social de tinte conservador y una política exterior más próxima al norte y alejada del sur.

(Con información de EFE)

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