La más fuerte de las especies no es la que sobrevive,
sino la más adaptable a los cambios. Esto explica,
por que el ser humano, siendo uno de los mamíferos
peor dotados para la caza, la carrera y la lucha logró
imponerse a especies mucho más poderosas hasta
dominar el planeta.
La humanidad, ha sido capaz de abandonar la selva,
domesticar animales, cultivar alimentos, y construir
hábitats para proteger su débil cuerpo. Ante la necesidad,
ha sabido reinventarse rápidamente, para regresar a una
situación de ventaja sobre el entorno. Es justamente esta
virtud, la que nos permite adaptarnos a las presiones del
medio. Por el contrario, la mente rígida, se resiste a cambiar
comportamientos  creencias y opiniones, aunque la 
evidencia y los hechos le demuestren que está equivocada.
Al tener tan poca variabilidad de respuesta, su capacidad
de adaptación es muy pobre. Se apega a la información,
se estructura sobre la base de un saber que se da por
seguro. Pero esta certeza inmodificable y monolítica, es
sólo aparente porque no se pone a prueba. La rigidez,no
sólo ayuda a adaptarse a las situaciones adversas, sino
que además,nos aleja de la felicidad y las buenas 
relaciones con los demás. Y lo peor de todo, es que quien
padece este mal, a menudo no es consciente de ello, ya
que acostumbra a atribuir todos los males al enemigo
exterior. Ser flexible, implica adaptarse a nuevas situaciones
y a otros puntos de vista constantemente, aprender con
rapidez y no aferrarse al mundo conocido, Fluir con el
viento, como decía Bob Dylan, y aceptar las pruebas
cotidianas — también a las personas con las que compartimos
el viaje–  con humor y desapego.

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