‘’El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarlo, se sabe el valor que tiene’’ Sócrates

Por: Carlos Martínez Márquez

Dicen algunos entendidos que la amistad suele durar dependiendo  del status de cada quien: cuando las personas disfrutan de cierta abundancia en lo económico y en la forma que vive…entonces reinara la pleitesía por el tiempo que conservemos el status. Eso es inadmisible, y poco comprensible. La amistad no salimos a buscarlas en plazas y mucho menos en bolsas de valores; es algo que va más allá del valor imaginario e infinito de nuestro compromiso moral y espiritual.

‘’Los amigos se necesitan entre sí, en la prosperidad y el infortunio, puesto que el infeliz necesita de bienhechores, y el afortunado personas a quienes hacer el bien. El hombre feliz necesita de amigos porque no resulta gracioso que teniendo dinero sea una persona solitaria; nadie querría poseer todas las cosas a condición de estar solo’’. No tiene sentido. ‘’Nicómaco’’, en su obra ética, Aristóteles, dedica dos partes del mismo hablar de las características de una relación de amistad; tenía un alto concepto de lo que era la amistad. ‘’La amistad conforma dos cuerpos, y un corazón que habita en dos almas’’, solía decir el autor. El amigo de nuestro entorno, el más cercano, es un brazo alternativo de afectos, que posee un  elenco de emotividad y comprensión, aquel que sea oportuno en los momentos más complicados y naturalmente en los actos más felices.

La amistad se fortalece con el tiempo, de ahí, el trato; para que una amistad se conserve, debe ser un trabajo de dos partes, porque si solo una de ellas pone lo necesario, y la otra no lo hace…esa relación desaparecerá. Debe haber una entrega recíproca y desinteresada. Tal como decía Rabindranath Tagore, que en las dificultades, ‘’la verdadera amistad, es como la fosforescencia, que resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido’’. El autor hace referencia a que siempre nos resulta mucho más cómodo y más fácil acompañar a nuestras amistades en los encuentros de alegrías. Para que la amistad sea efectiva debe alcanzar la pureza y la tonalidad del color azul, que es la que suele caracterizar la calidad de la relación. Cuando se tiene un amigo, se tiene un tesoro…no todos tenemos esa característica.

Se nos hace difícil encontrar verdaderos prospectos para que nos acompañen a lo largo de nuestras vidas. En mi caso, tengo muchísimas amistades, no todas brillan como oro, pero las pocas, representan el universo de la transparencia y la autenticidad de decirnos las cosas. Los amigos nos dicen las cosas que tenemos que escuchar para bien o para mal. Tenemos que ser sensatos cuando decimos lo que sentimos al momento de emitir una crítica a un buen amigo. No podemos caer en la hipocresía de que a todo le decimos que sí y a nada que no. La sinceridad es otro componente que puede fortalecer una buena amistad, es bien complejo que nuestras amistades sufran decepciones, ese es el otro lado más oscuro de una amistad que surgió en tiempos atrás, y de repente, se derrumba todo lo que se construyó en años por cosas triviales.

Este proyecto solemne que data de muchos años debe ser preservado, porque cada quien se constituye en pieza importante de la otra. Las amistades no son tan abundantes, como hoy día nos invade la traición, la calumnia y la desidia, y por ende ese tipo de relación pasa a ser algo efímero. No tiene sentido ni razón de ser. Las amistades deben ser un compromiso de valor histórico que prevalezca de generación en generación. Un amigo es parte de nuestra familia y un modelo ejemplar digno de emular en las acciones más sublime de su personalidad y coherencia. Vaya mi voto de confianza para todo aquel que reúne esas condiciones y que este dentro de ese estigma de humildad y trascendencia.

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