La violencia y el estupro de cara a la justicia

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‘’La espiral de la violencia, solo la frena el milagro del perdón’’ Juan Pablo II

Por: Carlos Martínez Márquez

 

La brisa gélida mañanera, ha sido desde siempre, la antesala de buenos pronósticos de como el universo conspira para generar un mundo más promisorio y con mejores resultados.  Las sociedades de hoy día representan un reto lleno de antagonismos y adversidades para que seamos mejores individuos. El planeta está contaminado de impurezas sociales y carentes de conciencia colectiva plena.

La transición del siglo pasado al actual genero una revolución de cambios vertiginosos en la que no pudimos advertir la drasticidad de lo que hoy conocemos como ‘’acceso global del internet y las tecnologías’’, cuya  incidencia en la cotidianidad humana, nos ha convertido en un apéndice existencial respecto a los componentes nucleados en la siquis individual de la gente. Estamos obligados a hacer recorridos de la mano acorde a los nuevos tiempos y a ritmo de fórmula uno.

La sociedad mundial enfrenta situaciones diversas en materia de crecimiento económico, aumento en la densidad poblacional, ciencias y tecnologías; y el tema que más nos preocupa, es la seguridad respecto al flagelo de la criminalidad y la violencia que se ha masificado como átomo expansible como plaga, generando casos de estudios en torno a la patología que millones padecen a nivel mundial, respecto al crimen y al estupro. De todo esto hay para todos, no sabemos a quienes de nuestro entorno les toca la desgracia, por estar permanentemente expuestos frente al delito.

Precisamente de esta última acotación, quiero referirme, por ser un tema que necesariamente tiene que ser priorizado en toda sociedad moderna: el abuso infantil y la violencia doméstica. Estos dos elementos derivados de la violencia per se, se encuentran entre los problemas sociales más apremiante de la actualidad; la mayor parte de nuestra sociedad (incluyendo el prelado) llaman a esta crisis como un tema privado. A las mujeres que son objeto de abusos suelen aconsejarles que ‘’oren más’’ o ‘’traten de ser mejor esposa’’.

Evan Stark y Ann Flitcraft tratadistas y estudiosos del fenómeno de violencia doméstica y abusos infantiles, encontraron casos numerosos que de un millón de mujeres que acudieron a tratamiento médico por lesiones sufridas de esposos y novios, los facultativos identificaron de manera correcta, las lesiones como resultado de golpizas y que solo detectaron un porcentaje muy por debajo de los dos dígitos de las veces. Todos tenemos necesidades emocionales: de amar, de ser amado, de cuidar y ser cuidado, y de necesitar de otros. Esto necesariamente involucra más que una sola persona, que exige su tiempo y atención. Ambos tipos de violencia van de la mano y eso nos indica que no merecemos ser privados emocionalmente.

Pese a que este tema es algo pandémico, traigo a colación los casos espeluznantes que la sociedad ha estado observando en los últimos días con cierta indignación, con impotencia, con hambre de justicia y sed de sanciones. Imploramos a quienes administran la protección del ciudadano, que cada vez que se produzcan situaciones de índole de abusos y violencia doméstica, actúen inmediatamente; esto de por si genera un mecanismo de control para disminuir el flagelo y aplicar sanciones, que pongan en alerta a los agresores, porque ningunos querrán estar expuestos al escrutinio público y a la condena social.

Neil Jacobson y John Gottman documentan en su libro ‘’When men batter women’’ (cuando los hombres maltratan las mujeres), señalan que hay dos tipos de maltratadores: ‘los cobras’’ y los ‘’perros Pit Bulls’’. El primero es más severamente violento de los dos, golpea veloz y ferozmente… apelando al control y sintiéndose con pleno derecho en cuanto a todo lo que desean. El segundo es violento porque es inseguro, aumentando, la probabilidad de perder el control, y deja que sus emociones se caldeen lentamente hasta explotar de ira. Cuando hago este tipo de comparaciones con estas dos especies del reino animal, es simplemente, para que el lector tenga una idea lo que les caracteriza en términos patológicos. El hombre ‘’cobra’’ se queda inmóvil estudiando a la víctima, se vuelve internamente sereno durante el abuso. Mientras que el ritmo cardiaco del hombre ‘’Pit Bull’‘ aumenta durante el abuso y el ritmo cardiaco del llamado ‘’cobra’’ disminuye.

El hombre ‘’Pit Bull’’ ante su inseguridad suele tener una dependencia de la compañera abusada. Teme perderla, y así de ese modo insalubre intenta controlarla mediante el abuso físico y emocional. En dicho libro Jacobson y Gottman acotan de que los ‘’cobras’’ han sido abusados ellos mismos física o sexualmente (frecuentemente en la etapa de la niñez), y es por esa causa que consideran a la violencia como parte inexorable de la vida. En la actualidad estamos  conscientes del alcance del problema; las estadísticas sociales están a la vista,para demostrar cuan extendido está el abuso en nuestra sociedad. El país y el resto de las sociedades del mundo están absorta, de que esto es un tema de salud pública global y algo debemos hacer para controlar y disminuir esta patología, que cobra tantas vidas y familias destrozadas, tanto en lo físico como en lo moral. Protejamos a los desprotegidos es sinceramente urgente.

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