Me ocurrió tres veces. Desde fuera de la situación sólo se habrá visto a dos personas dándose la mano con cierta cordialidad. Pero desde dentro…. fue otra cosa !. En las tres ocasiones, cuando extendí el saludo hacia mi amigo y se produjo el encuentro de manos, tuve la impresión certera que en ese amigo vivían varias personas…es raro,no?…pero eso experimenté.

Como personas sentadas en las mesas centrales de un bar figurado, había allí un poeta, un cronista histórico, junto a un mago.y también junto a un ser de inteligencia desbordante…y no exagero si cuento que en las mesas del fondo vislumbré a otros muchachos.

Las tres veces mi mano derecha sostuvo el apretón, sabiendo que se necesita algo de tiempo para saludar a varios amigos.

Por esta misma necesidad, en dos de las tres ocasiones tímidamente también acerqué la mano izquierda al saludo, quedando su mano derecha (o sus manos derechas ja…) entre mis dos abarcativos tentáculos.

Curioso lo interpersonal…muchas veces uno siente que atrás de un saludo no hay nadie y otras, que hay una multitud.

Sí….me ocurrió tres veces.

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