Me ocurrió dos veces. La primera vez tuve que hacer un trámite en una comisaría y no me quedó otra que hablar con el dueño del kiosco, el comisario. Un ser oscuro, con la singular virtud de gozar con el sufrimiento de otros. Un des-almado, un ser sin alma con una inclinación fría y desagradable hacia la crueldad. La segunda vez, fue un sábado a la mañana temprano en la guardia de un hospital. Estaba acompañando a un familiar que había tenido un accidente doméstico. Aquí el paisaje era dantesco…gente gritando de dolor, ancianos con la mente fuera de este mundo….y en un rincón otro desalmado, de los que perdieron su alma a lo largo de una vida destructiva. Allí estaba enajenado, insultando a los gritos mientras hacia sonar sus esposas sujetadas contra un caño.

Y en el medio de este caos dinámico estaba ella, la joven médica de guardia…con un centro de gravedad inconmovible… priorizando y respondiendo a todas las desgracias que tenía ante sus ojos. Y detrás de ese centro, me pareció vislumbrar su alma….entera, suave y fuerte.

Son curiosos los extremos en el rango de los estados internos….allí los desalmados, a las puertas del abismo….y aquí otros, con el alma cerca de la ayuda, la belleza y la inspiración.

Sí…esto me ocurrió dos veces.

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