Me ocurrió tres veces. En los último meses, escuché en tres oportunidades esta frase: “Bueno….es que a nadie le gusta que le cuenten las costillas”. Entiendo que la expresión no se refiere a algunos costillares puestos en una parrilla, sino a las costillas del cuerpo humano. También entiendo que la metáfora se refiere que a nadie le gusta que se “metan tan cerca de él” como para contarle sus bienes, posesiones, etc. Las tres veces que la escuché me quedó la impresión que detrás de esas personas se escondía un cierto temor, una reserva y que si esos temores se fortalecían podía llevar a una especie de “doble vida”, en el sentido que para algunos acontecimientos se tiene una ética, pero cuando está en juego lo importante (el Dinero), se tiene otra. Y que ese temor a que “algo sea visto” se disfrazaba como dentro del derecho, con el cual estoy muy de acuerdo, de preservar la propia intimidad. Pero si no podemos hablar sin censura y sin autocensura de ateísmo o religión, de la relación con el dinero, de política, de la propia subjetividad ¿sobre qué nos comunicamos?…ah…me olvidaba…nos queda el clima, y el color de las últimas medias que nos compramos. No está de más describir también a los que tienen tendencia a “contar las costillas ajenas” y que con su mediocre curiosidad bajan el nivel de cualquier comunicación.

Es curioso como, a veces, se nos van restringiendo zonas de comunicación en la amistad humana….que debiera “danzar” con profundidad, bañada por el buen humor y sin tantos tabúes o zonas de ocultamiento.

Sí…esto me ocurrió tres veces.

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