Me ocurrió muchas veces. Hace bastante tiempo alguien me dijo: «…si quieres conectarte con un niño, sólo atiéndelo»….se refería, claro, a la atención como mecanismo de conciencia, como acto lanzado, en este caso, hacia otro, sin ruido en el medio ni nada que se superponga a ese acto. Y fui probando y las conexiones se fueron produciendo…de distinto tipo e intensidad. Las más divertidas se dieron en estas situaciones…me gusta tomar café en los bares y si el tiempo está bueno, me siento en la vereda donde aún se permite inhalar y exhalar unos condenados humos. Allí pasan muchos niños, algunos caminando y otros en cochecitos. Así, cuando los tengo «a tiro», sólo los miro a los ojos, los atiendo con mi más clara y suave atención..y la mayoría de las veces se conectan…recuerdo a varios que al ir pasando se pararon y se dieron vuelta tercamente para seguir con nuestro fugaz juego.

Entre el año y los 4 años es cuando son más receptivos, según mi experiencia. Porque no sólo hay miradas bravas, ausentes, intensas o hipócritas…en este caso, es intentar lanzar una invisible corriente energética que llegue al otro, y el otro, al ser «tocado», la devuelve.

Curioso que en estos tiempos de «almas desilusionadas», (diría Ortega), haya tantas islas donde lo verdaderamente humano aún da pelea.

Si…esto me ocurrió muchas veces.

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