Cuando nos sumergimos en la meditación, no estamos
trabajando, resolviendo problemas ni tomando decisiones.
Pero, curiosamente, se ha comprobado, que meditar ayuda
a realizar todas estas actividades. Es como si la mente nos
pidiera un descanso, para entregarse más tarde a ciertas
dificultades con mayor agilidad.
 
Hay problemas, que se disipan incluso en el curso mismo
de la meditación, porque son productos de la propia mente
y desaparecen – o se relativizan – al rebajarse la tensión.
 
También se ha demostrado que la práctica regular, agudiza
la intuición, que emerge tras el telón de los pensamientos.
Merece la pena, dedicar unos minutos al día a ésta
práctica depurativa que nos libera de lo viejo aportando
lucidez.

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