No a las leyes de censura hembrista.

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Tras el anuncio de que el Grupo Parlamentario Popular pretende la modificación del artículo 510 del Código Penal para incluir en el mismo como delito la apología de la violencia de género, y considerando las declaraciones de la portavoz de igualdad de este partido Marta González en prensa,

afirmando sin ningún rubor que:

“Algunas asociaciones de padres presuntamente separados escriben que las denuncias en España son falsas [un 0,020%, según la Fiscalía del Estado] y que las mujeres denuncian para quedarse con todo. Esos grupos alimentaron a Toni Cantó, que trasladó sus argumentos sin contrastarlos. Con la enmienda, inspiradores como ellos podrán ser sancionados.”

Es claro que nos aproximamos a una vuelta de tuerca más en la aplicación del totalitarismo de género mediante la censura de los argumentos que se le opongan, agravando más aún la larga caminata de violación de derechos fundamentales que caracterizan la implantación del feminismo de género, en este caso atentando contra la libertad de expresión, ideológica y de asociación, siempre y para mayor vergüenza con un elevado grado de respaldo entre nuestras fuerzas políticas, mediante la falacia contradicha una y mil veces de luchar por la igualdad mientras se hace sólo femicentrismo, y la excusa políticamente correcta de evitar las discriminaciones contra las mujeres mientras de paso se ignoran o acrecientan las muchas discriminaciones que ha ejercido y ejerce la sociedad en contra de los hombres. En efecto, si de verdad queremos ser igualitarios y estamos en contra de la violencia sexista ¿Por qué el Partido Popular no plantea también la sanción de la apología de la violencia de género contra el sexo masculino que caracteriza buena parte del mensaje feminista radical? ¿Será porque los hombres somos los grandes discriminados en lo que al crucial tema del “género” se refiere? Pues por supuesto que sí lo somos.

Obviamente la mencionada reforma se nos presenta bajo el epígrafe de castigar la incitación de la violencia contra las mujeres, y se utilizarán convenientemente para justificarla los casos más recalcitrantes de odio machista o desprecio misógino, en un ejercicio de manipulación tendenciosa al que ya estamos más que acostumbrados, eso sí, sin mencionar de paso los casos más extremos de odio o desprecio contra los hombres, que también existen y son fáciles de detectar y recopilar incluso en textos feministas radicales presentes en nuestras universidades o bibliotecas públicas. Ya de por sí esta visión parcial y en consecuencia injusta que caracteriza la práctica totalidad del nada igualitario análisis de género es un buen motivo para abolir de la mencionada enmienda por incompleta y sexista. Pero además esta reforma permitirá sancionar y perseguir una falsa apología de la violencia de género que es en realidad una crítica necesaria y respetable en cualquier sociedad verdaderamente plural y democrática. En efecto, la propia portavoz de igualdad del Grupo Parlamentario Popular ha reconocido que la reforma servirá también para sancionar con fuertes multas o incluso condenar a penas de cárcel a cualquiera que se decida a debatir, desmentir o criticar las argumentaciones, políticas o errores de las feministas de género.

Conscientes de la creciente crítica social que sus injusticias provocan las hembristas están dispuestas a castigar severamente a quienes las contradigan, aunque en muchos casos tengan más razón que ellas y sus argumentos y opiniones superen con creces a su escasamente veraz o directamente tramposa propaganda de género, elemento clave de la desinformación en la que fundamentan sus campañas de lavado de cerebro colectivo. La mencionada reforma puede considerarse como la tentativa de implantar en nuestro país la censura hembrista o de género, que dotaría a las feministas radicales con el gran privilegio de ser el único grupo de nuestro país que puede avanzar hacia sus objetivos políticos sin oposición, en franco beneficio de su modelo de sociedad sexista. Y esto daña a una democracia, porque es un paso típico e inequívoco en la implantación de un totalitarismo, en este caso un totalitarismo de género o totalitarismo hembrista, tan inaceptable y repugnante como cualquier otro.

Por eso, si deseas que esta reforma nociva contra nuestras libertades y la igualdad entre los dos sexos no tenga lugar te planteo las siguientes iniciativas:

Participar en la siguiente cadena de firmas en Change.org para que el Partido Popular abandone este propósito.

O enviar el siguiente mensaje u otro similar a la dirección de contacto del Partido Popular para mostrar claramente tu desacuerdo con su apoyo al hembrismo en su proyecto de violar derechos fundamentales de la Constitución y la persona, explicándoles claramente el serio desgaste político que esto puede ocasionarles, además de las futuras denuncias ante los tribunales de derechos humanos internacionales que este partido recibiría por apoyar un nuevo abuso del cada día más dictatorial e infame movimiento feminista de género:

Dirección de contacto con el Partido Popular.

Modelo de mensaje mostrando el rechazo de la mencionada reforma.

“Muy buenos días.

Enterado de la intención de su partido de modificar el artículo 510 del Código Penal para incluir en el mismo como delito la apología de la violencia de género, y seriamente preocupado por las explícitas declaraciones en prensa de su portavoz de igualdad, Sra. Marta González, afirmando que:

“Algunas asociaciones de padres presuntamente separados escriben que las denuncias en España son falsas [un 0,020%, según la Fiscalía del Estado] y que las mujeres denuncian para quedarse con todo. Esos grupos alimentaron a Toni Cantó, que trasladó sus argumentos sin contrastarlos. Con la enmienda, inspiradores como ellos podrán ser sancionados.”

Se me hace evidente que su partido no duda en secundar la línea dura del totalitarismo de género y está dispuesto a vulnerar derechos fundamentales de la persona y la Constitución, como lo son la libertad de expresión, asociación e ideológica, al favorecer la condena de una falsa apología de la violencia de género que no es sino el derecho a la crítica y réplica al cada día más politizado feminismo de género, llevándonos a una situación de totalitarismo ultrafeminista mediante la censura de la oposición.

Quiero que sepan que con esta iniciativa su partido político ataca a la igualdad y armonía entre los dos sexos, y que cualquier simpatía que pudiese tener hacia Uds. en mi intención de voto se ha visto irremediablemente dañada por ésta y otras decisiones previas de este mismo cariz sexista, volviendo mi interés hacia otros partidos más razonables y contestatarios frente al totalitarismo de género que parece haber absorbido al PP y al PSOE. Además en caso de que el Grupo Parlamentario Popular articule finalmente la mencionada reforma defensora de la censura pura y dura tan claramente descrita por su portavoz de igualdad, me plantearé muy seriamente denunciar a su partido ante los tribunales de derechos humanos internacionales, por su imperdonable responsabilidad en el atropello de derechos básicos que se han logrado implantar en nuestras sociedades con muchos años de lucha, y que deben permanecer íntegros e inviolables en un estado social, constitucional y de derecho moderno.

A continuación deseo recapitular sobre los muchos y graves defectos que a mi juicio se incluyen en la mencionada reforma y de los que ustedes deberían ser conscientes antes que nadie. Pero se los voy a recordar para que en el momento de denunciarles por violación de derechos humanos fundamentales, o criticarles públicamente para causarles el mayor desgaste político posible, no puedan recurrir a la excusa de decir que no conocían el trasfondo de la situación.

En primer lugar debe recalcarse que incluir en el artículo 510 del Código Penal el término apología de la violencia de género sólo resultará en una visión unilateral de la apología de la violencia sufrida por las mujeres, ya que tal como se articula este concepto no existe la violencia de género sufrida por los hombres. Por lo tanto será una reforma discriminatoria, ya que sólo se perseguirá y sancionará la apología de la violencia contra uno de los dos sexos. Independientemente de que tanto el sexo femenino como el masculino estén siendo víctimas en la actualidad de múltiples mensajes de descrédito, humillación o misoginia y misandria en estado puro. Como por ejemplo los mensajes feministas radicales en los que se aboga por el exterminio de la totalidad de los hombres.

En segundo lugar, el mencionado artículo ya incluye la sanción de la apología de la violencia por razón de sexo, a partir de lo cual añadir el término género resulta casi innecesario, sino fuese por el significativo hecho de que hablar de apología de violencia de género significa dotar de más poder a las feministas de género, un grupo altamente politizado que necesita de este poder para lograr la influencia y los medios que le permitan desarrollar su particular hoja de ruta. En efecto, son estas ultrafeministas las supuestas expertas requeridas para valorar este tipo de cuestiones, pero siempre con una visión insensible y severa aplicada a los hombres e hipersensible y altamente tolerante con las situaciones que correspondan a las mujeres, incurriendo por lo tanto en un rotundo sexismo imagen especular del machismo que dicen combatir, el cual es descrito por la ciudadanía de un modo creciente y más que explícito como “hembrismo” o “feminazismo”. De esta manera este grupo de presión cada vez más criticado por la sociedad alcanzará un mayor protagonismo y poder, el cual orientará como de costumbre según el interés egoísta de su propia y polémica agenda, cuyo siguiente paso se plantea censurar la oposición que pueda planteárseles.

Por último servirá también para perseguir y castigar las opiniones que contraríen a las feministas de género, es decir, todo el clamoroso eco social que se enfrenta cada día con más fuerza a sus abusos e injusticias, camufladas desde el consenso político, los informes acientíficos y el control que esta ideología posee sobre todo en los medios de comunicación mayoritarios. Esto es nocivo y totalitario porque en la vertiente señalada por la señora Marta González, portavoz de Igualdad de su grupo parlamentario, afirmando que :

“Algunas asociaciones de padres presuntamente separados escriben que las denuncias en España son falsas [un 0,020%, según la Fiscalía del Estado] y que las mujeres denuncian para quedarse con todo. Esos grupos alimentaron a Toni Cantó, que trasladó sus argumentos sin contrastarlos. Con la enmienda, inspiradores como ellos podrán ser sancionados.”

Se hace evidente que esta reforma se empleará para criminalizar el pensamiento crítico o contrario a las opiniones o políticas nacidas del feminismo de género, atentando para ello contra la libertad de expresión, ideológica y de asociación, derechos fundamentales reconocidos en diversos artículos de la Constitución Española. Como el artículo 10 en el que se reconoce el derecho al libre desarrollo de la personalidad, el artículo 14 en el que se establece la no discriminación por razón de opinión, el artículo 16 en el que se reconoce el derecho a la libertad ideológica, el artículo 20 donde se reconoce el derecho a la libertad de expresión, de pensamiento, de ideas, y de comunicación de las mismas, y los artículos 21, 22 y 23 donde se reconocen los derechos de reunión, asociación y participación en los asuntos públicos.

Estos principios también se encuentran reconocidos en diversos tratados de derecho internacional a los que España se encuentra suscrita, siendo probablemente el más significativo de todos la Declaración Universal de los Derechos humanos con sus artículos 18,19 y 20.

Artículo 18: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Artículo 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Artículo 20:
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.
2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.

Por eso pido al Grupo Parlamentario Popular y su presidente Sr. Mariano Rajoy que no modifique el mencionado artículo según los fines totalitarios y sexistas que guían una vez más al feminismo de género y eviten introducir en el artículo 510 del Código Penal el concepto de apología de la violencia de género, ya que abrirá la puerta a que se destruyan nuestros derechos humanos esenciales y retrocedamos a una España de fascismo, crímenes de estado y presos políticos. Todo para favorecer el interés egoísta del grupo de presión feminista de género.

Como partido supuestamente integrado en el arco democrático no deberían ser cómplices de estos atropellos, y si lo son prepárense para una fuerte perdida de popularidad resultado de la simple divulgación sin paños calientes, es decir, mensajes amañados convenientemente por las agencias de comunicación, de sus graves errores, que dará auge a varios partidos nuevos englobables en su mismo espectro político pero dotados de un criterio mucho más evolucionado en materia de igualdad y que están arrebatándoles y con razón un porcentaje creciente de sus votantes, junto con las correspondientes denuncias en todos los tribunales que puedan recibirlas, sobre todo los internacionales, para que se les enjuicie por violación de derechos humanos o al menos les pese cada vez más su descrédito internacional. Porque ni Uds. ni las feministas radicales son nadie para arrebatarnos nuestros derechos esenciales y si lo hacen los defenderemos hasta recuperarlos y resarcirnos legalmente de los perjuicios recibidos.

Atentamente:”

Esperemos por el bien de la igualdad entre los dos sexos y nuestros derechos más básicos que esta reforma, también planteada en su día en términos muy similares por el PSOE, no salga adelante. Las hembristas cercanas al poder insistirán una y otra vez en ponerla en marcha, ya que representaría una gran ventaja para ellas poder señalar con el dedo, como ya han hecho en más de una ocasión con muchas personas honestas, valientes y capacitadas que se han atrevido a plantarlas cara, a cualquiera que se oponga a sus medidas para acto seguido llevar a esta persona a disposición judicial y castigarla duramente, así hasta hacerla callar de un modo definitivo. También podrían eliminar de Internet o retirar de la circulación pública cualquier contenido que les pareciese oportuno con la excusa de considerarlo como apología de la violencia de género, y de esta manera haciendo uso de sus verdades a medias o mentiras más frecuentes podrían realizar cualquier atropello bajo el amparo de lo políticamente correcto y sin prácticamente cortapisa. Si la creación de la ley de censura de género no es detenida la lucha por la igualdad sufrirá un fuerte retroceso en España, y los abusos del régimen hembrista cobrarán mucha más fuerza y durabilidad hasta ser contrarrestados.

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