No tenemos preparadas caídas ni trampas, no hay nada
que nos deba dar miedo ni atormentar.
Estamos puestos en la vida, como el elemento a que somos
afines, y hemos llegado a ser, por una acomodación semejante 
a ésta vida que, cuando nos estamos quietos, apenas se
nos distingue de lo que nos rodea, por feliz mimetismo.
 
No tenemos ninguna razón para desconfiar de nuestro mundo,
pues no está contra nosotros.
Si tiene espantos, son nuestros espantos; si tiene abismos, esos
nos pertenecen; si hay peligros, debemos intentar aceptarlos.
Si orientamos nuestra vida, según ese principio que nos aconseja
mantenernos siempre en lo difícil, entonces lo que ahora se nos
aparece todavía como lo más extraño, se convertirá
en lo más familiar y fiel a nosotros…

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