Otro alegato hembrista y tramposo

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Otro alegato hembrista y tramposo.

En su programa del 08 de marzo de 2019 la presentadora Ana Rosa Quintana realizó un alegato feminista en el que se justificaba la huelga de las mujeres tras realizar una exposición parcial sobre lo que ella consideraba discriminaciones y desigualdades que sufren las mujeres. Además lució una camisa con el estampado “Mujeres al poder” indicando que no debían existir techos de cristal o de cemento que impidiesen alcanzar a las mujeres posiciones de poder. En conclusión según su opinión las mujeres aún tienen razones para reivindicar. No obstante también aprovechó para incluir a los hombres en su planteamiento, acordándose y mencionando a “nuestros compañeros de vida, que nos animan y nos empujan.”

Pero lo que no citó Ana Rosa Quintana fueron todas las razones por las que los hombres también tenemos derecho a reivindicar, igual que lo hacen las mujeres. No vio el techo de cristal que el hembrismo, cuyas dirigentes mayoritarias son mujeres, coloca sobre las discriminaciones y desigualdades masculinas manteniéndolas sistemáticamente ocultas y olvidadas, mientras se difunden y exageran al máximo las sufridas por las mujeres.

No vio tampoco, a pesar de presumir de igualitaria, no ya el techo, sino el duro suelo de hormigón o cemento contra el que se matan al caerse de los andamios muchos más hombres que mujeres en los accidentes laborales mortales, que en un 95% de los casos son sufridos por varones, con 13.738 hombres víctimas de muerte laboral en España desde 1997 a 2012. Pero a pesar de esas cifras ni Ana Rosa Quintana ni ninguno de nuestro sindicatos han pedido nunca una huelga laboral exclusiva de hombres.

Tampoco criticó Ana Rosa Quintana la misandria cultural que desprecia, minusvalora, culpabiliza o sataniza al hombre por su sexo, pudiendo dañar el autoconcepto de los varones y sobre todo de los niños de forma grave. Y este autoconcepto es fundamental para alcanzar posiciones no ya de poder, sino de simple bienestar y éxito personal, como bien reconocerán las feministas al defender el empoderamiento femenino y la necesidad de fortalecer la autoestima de las mujeres desde que son niñas. A pesar de eso, reiterémoslo, sólo plantearán mejorar la autoestima de las mujeres y las niñas, mientras se daña el amor propio de los hombres y los niños.

También existe la misandria legal, que aplica leyes de género que criminalizan y condenan a los hombres de forma abusiva tras vulnerar varios de sus derechos humanos fundamentales, como el derecho a la presunción de inocencia o a la igualdad de los dos sexos ante la ley. Y cuando quieren valorarse las consecuencias de estas medidas tan misándricas, opresivas y abusivas, se pide que sean los expertos de género, es decir, los afines a la ideología que creo estas leyes, quienes estudien sus consecuencias. Y entonces surgen mitos inverosímiles de respaldo oficial, como el de la práctica inexistencia de las denuncias falsas, valoradas en España en torno al 0,01%, a pesar del 80% de procesos por violencia de género que terminan en exculpación.

Ana Rosa Quintana obvió las elevadas tasas de muerte violenta o violencia grave o suicidio que sufren los varones, muy superiores a las padecidas por las mujeres. Y se olvido de citar las conclusiones de los informes Dunedin o Pask, que demuestran como las tasas de violencia física y psicológica ejercidas en la pareja son bidireccionales y simétricas, es decir, padecidas y ejercidas en porcentajes muy similares por ambos sexos.

En resumen, el doble baremo sexista de la igualdad feminista es tan evidente que se desacredita por sí mismo.

Si Ana Rosa Quintana quería ser ecuánime en su alegato por el 8 de marzo de 2019 tenía dos opciones: o pedir una huelga mixta, en la que se criticasen y propusiesen soluciones para las discriminaciones sufridas por ambos sexos, o advertir a los hombres de que el feminismo ni es justo con ellos ni pretende serlo, que se preocupa por las mujeres hasta extremos que llegan al hembrismo y que en ocasiones ejerce la misandria, y siendo como es ya un movimiento fuertemente establecido e influyente en los países occidentales, con un enorme poder sociopolítico, los hombres deberían establecer su masculinismo de forma inmediata y hacerlo lo suficientemente fuerte para evitar que, por estar desorganizados y desunidos, terminen siendo discriminados hasta extremos abusivos. Pero Ana Rosa, no pidió esto. Sólo agradeció a ciertos varones por ser unos “hombrecitos buenos” que apoyan a las mujeres como ella, centradas en su feminismo, o sea, el de ellas. En esencia un movimiento identitario sexual de un egoísmo cada día más palpable.

Es notorio el injusto trato sexista que nos ofrece esta mujer privilegiada por su sexo en la sociedad feminista de género. Los hombres compañeros de vida de las mujeres como Ana Rosa Quintana deben estar ahí para ayudar a alcanzar el poder y privilegio para ella y las demás mujeres, que saldrán a reivindicar por sus derechos para ellas y las demás mujeres, y gracias a su unión lograrán organizar una sociedad volcada en el ventajismo y provecho del sexo femenino. Según el deshonesto planteamiento de Ana Rosa Quintana las mujeres deben estar concienciadas de su lucha y trabajar para las mujeres, y los hombres también deben estar concienciados por la lucha de las mujeres y trabajar para las mujeres. Así los hombres estaremos doblemente oprimidos en la sociedad hembrista nacida del feminismo de género. Viviremos desempoderados, desorganizados e ignorantes de nuestras discriminaciones y, al mismo tiempo, apoyaremos la resolución de las discriminaciones femeninas, potenciaremos el bien de las mujeres y fomentaremos un sistema donde se nos oprimirá con medidas femicéntricas y leyes misándricas.

Aunque también tenemos buenas razones para salir masivamente a la calle en un día del hombre, a hacer una huelga que pare el mundo, a tener en suma opción a la lucha por los derechos de los hombres, la hermandad masculina y el activismo masculinista, las personas con poder, incluidas las mujeres poderosas como Ana Rosa Quintana, nos mienten o estafan miserablemente sobre este hecho mientras nos piden sin ningún sonrojo nuestra pasividad, servilismo y respaldo al servicio de una causa que nos perjudica y margina por nuestro sexo. Lo que quieren para las mujeres no lo quieren para los hombres, aunque también lo merezcamos o necesitemos.

No nos engañemos, sin el necesario aporte masculinista es sólo hembrismo, no igualdad.

 

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