Un mensaje distribuido en las redes sociales plantea como propósito para el 2019 que cualquier niña o mujer que sale de su casa regrese sana y salva. Este mensaje en el que se consideran únicamente los efectos de la violencia que sufren las mujeres demuestra la escasa empatía colectiva existente hacia el sufrimiento de los hombres como grupo sexual, tanto tradicionalmente como en la actualidad. Y es que la sociedad maltrata y daña según casi todas las estadísticas y datos empíricos mucho más a los hombres que a las mujeres. Las muertes violentas, las agresiones físicas graves, la tragedia del suicidio, la aparición de observatorios de salud específicos para el sexo femenino sin que existan otros similares que velen por la buena salud de los hombres, o las draconianas y misándricas leyes de género, antes útiles para destrozar los derechos humanos y las vidas de inocentes por las causas más mínimas que para detener a los verdaderos criminales, son ejemplos en que los hombres llevamos la peor parte.

Una cosa es la percepción de peligro y otra muy diferente el riesgo real de peligro. La primera está siendo manipulada por el generismo para victimizar a las mujeres y aumentar su sensación de estar discriminadas con fines políticos. El riesgo real en cambio evidencia que los hombres tenemos motivos sobrados para organizar nuestro masculinismo y luchar contra una situación tan mala o incluso peor que la sufrida por las mujeres occidentales. Ojala que en el 2019 aumentemos la conciencia de que ambos sexos son víctimas de violencia, discriminación y desigualdad, acortando la brecha de empatía, alejándonos del injusto y sexista molde femicéntrico en el que con propaganda y demagogia intentan encerrarnos.

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