Vistes de silencios tu vida, mientras cierras los ojos y dejas de vivir.

Despierta, se música para mis ojos, néctar para mis oídos, colores para mi boca.

Piérdete en los valles en los que las simas te embarcan hasta las cumbres más altas, despliega las velas para encallar en montañas abruptas que te harán pensar en la calidez de los trópicos.

Sueña despierto conmigo mientras las sombras son el reflejo de nuestros cuerpos en el espejo, que ardientes descienden al averno para entre las llamas de su hermano gemelo el deseo, buscar el agua que calme la sed de nuestras bocas.

Se golondrina que no cesa, cantarina al viento sus paseos, fruta madura tras la blusa, hoy de seda que desvisten tus dedos traviesos en la orilla de la playa.

Cangrejo que avanza sobre la arena y con sus pinzas prende suavemente para después retroceder en la marea volviendo a buscar sustento.

Con la fuerza del oleaje sin contenerme, vuelan entre las rocas del acantilado los botones de esa camisa azul, que tanto me gusta.

Sellan la sal y la arena los poros de nuestra piel desnuda, observados por las aves que allí habitan, nidos de gaviotas, cormoranes que escandalosamente reclaman su territorio.

Ni el ermitaño puede, tranquilo, dormir en su casa robada, pues aunque en el cielo aún dormitan las estrellas y la luna no brilla, la obscuridad de la noche, hace reflejo en nuestras miradas, acunadas por la mar que en pequeña marea avanza al compás de nuestros placeres, acompasando momentos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa tu comentario!
Por favor ingresa tu nombre aquí

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.