Violando derechos humanos.

Ante la propuesta del gobierno para considerar como agresión sexual las relaciones sexuales sin un sí expreso, bajo el lema falso defendido por la vicepresidenta y ministra de igualdad Carmen Calvo de que “si una mujer no dice sí expresamente, todo lo demás es no”, el actual gobierno y el PSOE dan otro decidido paso en la violación de los derechos humanos y el establecimiento del apartheid hembrista y el estado policial contra los hombres en nuestro país. Es un hecho rotundo que la ausencia de un sí no demuestra una agresión sexual, ya que las relaciones sexuales consentidas pueden producirse sin que prácticamente medie palabra entre los amantes. Por eso la ausencia de un sí explícito no es indicativa de una violación. Más aún, la ausencia de un sí explícito ni siquiera implica la existencia de un no.

En realidad lo que se propone es que un hombre pueda ser condenado por violación prácticamente sin pruebas que demuestren su culpabilidad o un juicio imparcial donde se pruebe el delito, sino sólo en base al testimonio de la denunciante. Esto favorece la condena de inocentes, demostrando que las sociedades de género son espacios inseguros para los hombres. Es más si ampliamos el concepto de agresión sexual a la ausencia de un sí rotundo a todos los casos, tanto hombres como mujeres homosexuales o heterosexuales habrían estado agrediéndose sexualmente por siglos sin sentirse para nada violados o agredidos sexualmente en la mayoría de las ocasiones. Pero aquí no se trata de ser justos. Aquí se trata de fortalecer la opresión de la tiranía violeta. Así la misandria se vuelve cada vez más agresiva e injusta y lo peor de todo, con el apoyo de partidos que alardean de demócratas e igualitarios.

Víctimas desunidas y desorganizadas de un poder global y desbordante de medios que actúa tan ruinmente en nuestra contra, a los hombres nos toca el reto y trabajo primordial de participar en la decidida lucha por nuestros derechos mediante la elaboración, puesta en marcha y fortalecimiento a nivel individual y colectivo de un movimiento social propio. Ciertamente, nuestra única solución en este siglo XXI es sembrar, mejorar y fortalecer una hermandad masculina, un movimiento unido que vele siempre por nuestros derechos y del que surja un masculinismo estable y consolidado. Entre los numerosos abusos, ataques y desigualdades nada desdeñables preferentemente sufridos por nuestro sexo el hembrismo no es más que otro eslabón de una enorme y atávica cadena, de la que los hombres sólo nos liberaremos cuando unamos nuestras fuerzas para partirla y desecharla para siempre.

 

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