Violando derechos humanos.

Ante la propuesta del gobierno para considerar como agresión sexual una relación heterosexual sin un sí expreso, bajo el lema defendido por la vicepresidenta y ministra de igualdad Carmen Calvo de que “si una mujer no dice sí expresamente, todo lo demás es “no” ”, el actual gobierno y el partido PSOE dan otro decidido paso en la violación de los derechos humanos y el establecimiento del apartheid hembrista y el estado policial contra los hombres en nuestro país. De esta manera las leyes de género se vuelven cada vez más radicales, agresivas e injustas, y lo peor de todo, con el respaldo de partidos que presumen de democráticos y constitucionales.

Es un hecho rotundo que la ausencia de un sí no demuestra una agresión sexual, ya que en muchos casos la relación sexual deriva desde el cortejo y el incremento de la excitación hasta un acto en el que ambas partes se implican sin necesidad de reafirmar verbalmente lo que con sus acciones y la expresión de sus cuerpos están dejando claro. De hecho es perfectamente posible que dos amantes hagan el amor de forma completa sin que intercambien una sola palabra entre ellos, por lo tanto, la ausencia de un sí no demuestra ni de lejos una violación. Así pues la grave ilegitimidad de esta reforma radica en que condenar por agresión sexual basándose en la ausencia de un sí explícito es condenar por un delito grave punible hasta con más de diez años de prisión sin pruebas concluyentes ni objetivas de la existencia de ese delito. De lo contrario quienes apoyan esta reforma deberían haber afirmado con un sí bien claro dado por cada integrante de la pareja, y documentado de paso también por si acaso, cualquier relación sexual que hayan mantenido a lo largo de sus vidas. Y esa documentación deberían conservarla a partir de ahora para ser fieles al tipo legal que defienden, empezando como no, por la Señora Carmen Calvo.

Es más, si continuamos con las implicaciones de este absurdo y ampliamos el concepto de agresión sexual a la ausencia de un sí preciso durante el acto sexual a todos los tipos de parejas y sin distinciones de sexo, tanto hombres como mujeres homosexuales o heterosexuales habrían estado violándose y agrediéndose sexualmente durante siglos sin sentirse en la inmensa mayoría de las ocasiones ni violados ni agredidos sexualmente, sino muy al contrario, participantes de una situación buscada y deseada por ambas partes. Esto es otra prueba tajante de que el criterio usado para definir una violación en este caso, la ausencia de un sí explícito que para nada implica la presencia de un no como repite de forma tan simplísima como dogmática y falsa la Señora Calvo, no es ni válido ni objetivo, sino sólo otro desvarío más de la ideología ultrafeminista, tan plena de defectos como manipuladora de la conciencia colectiva.

Pero la nueva injusticia que propone la legisladora y autoridad hembrista ha sido diseñada para que vulnere únicamente al grupo diana al que discriminan de forma sistemática. En conclusión se trata de otra pieza más del modelo misándrico que oprime y discrimina a los varones de forma creciente en aquellas sociedades en las que el feminismo de género con la complicidad de los poderes fácticos se convierte en una parte del Sistema que nos rige. Por eso esta medida abusiva y severísima sólo podrá ejercerse contra los hombres por parte de las mujeres. De esta manera vuelven a destruir el derecho fundamental a la igualdad de los sexos ante la ley, avalada en el artículo catorce de la Constitución Española y los tratados internacionales de Derechos Humanos más significativos.

En realidad, y a poco que pensemos en su origen, carácter y consecuencias, lo que esta nueva ley en proyecto favorece es que un hombre pueda ser condenado por violación prácticamente sin pruebas objetivas que demuestren su culpabilidad, y sin el ejercicio de un juicio imparcial donde deba demostrarse el hecho delictivo, sino sólo a partir del testimonio de la mujer e incluso en último término de su opinión o experiencia subjetiva. También se está estableciendo la presunción de culpabilidad contra los varones no sólo en los presuntos casos de agresión sexual, sino en cualquier encuentro sexual que mantengamos con una mujer, como si los hombres fuésemos violadores sistemáticos o casi. Este prejuicio, o mejor dicho este racismo sexual, es subyacente a esta medida, no en vano muchas hembristas insisten sistemáticamente en que cualquier hombre es capaz de violar a una mujer, incluso los más cariñosos o buenos, o dicho de otro modo, en que todos los hombres somos violadores en potencia. Y esta noción alejada de cualquier visión realista de la vida o de las estadísticas rigurosas de abusos y agresiones sexuales cometidos en todos los tipos de pareja sólo puede mantenerse y concluir en una ampliación del concepto de violación para los hombres heterosexuales al tipificarlo por las causas más mínimas e inverosímiles. Por ejemplo, el PSOE también sostiene que la relación entre una prostituta y su cliente es a priori, a pesar de que ambas partes la acepten voluntariamente y sin presiones externas, una forma de violencia machista, por lo tanto incluso cuando ambas partes han acordado un sí debemos considerar un caso de violencia del hombre hacia la mujer*.

Esta ley injusta obligará a los hombres a conservar un testimonio de cómo todos los actos sexuales que realicen con mujeres recibieron su sí explícito, bajo el riesgo y temor perpetuos de poder ser condenados ni más ni menos que como violadores en cualquier momento sólo en base al testimonio de la mujer en caso de que por una vez no lo hagan, ya que una violación es un delito que prescribe en un período de tiempo largo, de entre cinco a diez años. No obstante no sería extraño que la agenda de género incluya el que los delitos sexuales no prescriban jamás. No lo olvidemos, la ley es muy draconiana y categórica, si no se produce el sí explícito es un no, es decir, si eres hombre, pero sólo si eres hombre, pasas a ser un violador o agresor sexual. Pero ni siquiera conservando un registro de sus encuentros sexuales quedarán del todo protegidos, sobre todo si conviven en pareja, ya que podría plantearse que la presunta violación se produjo justo en un día y hora en que no se haya documentado el encuentro sexual con su sí explícito confirmado. Esto es lógico si la denuncia es falsa, ya que el hombre no puede guardar un registro de un acto sexual que nunca ocurrió.

O podría confiarse al de un tiempo más o menos largo de convivencia y tras comprobar que ni su compañera pone mucho interés en demandar o plantear el sí explícito en cada encuentro sexual, despreocuparse él mismo de la existencia de esta ley insólita, sabiendo por sentido común que la expresión de un acto sexual consensuado es más espontánea, física y gestual que ajustada a un protocolo o afirmación expresa. Craso error. Que su compañera, esposa o amante se relaje en esto jamás tendrá consecuencias para ella, pero para él, que se descuide aunque sea una única vez con este tema, incluso con una pareja estable que no ha insistido en la cuestión durante años, lo coloca en una situación límite que puede llevarlo a la cárcel y destrozarle la vida por completo. La ausencia de estos síes documentados podrá servir para culparlo por violación en un momento de crisis o aumento de la conflictividad en la relación, como los que son frecuentes durante los procesos propios de la separación o divorcio, que pueden volverse altamente problemáticos y aumentar el malestar entre los excónyuges hasta extremos que parecerían inverosímiles a quienes todavía se aman o disfrutan de una convivencia en armonía. Sobre todo si durante la ruptura se dan situaciones de enfrentamiento por la custodia compartida de los hijos, algo cada día más frecuente, o no se alcanza un acuerdo referido al reparto del patrimonio común y posibles compensaciones económicas. Si algunos hombres creen que estas cosas suceden pero no les pasarán a ellos convendría que consultasen a abogados especializados en casos de divorcio, a las asociaciones de damnificados por las leyes de género y a las de padres de familia separados, para cerciorarse de hasta que punto están a salvo de esta clase de peligros.

Más aún, ni siquiera haría falta que el hombre fuese denunciado por su compañera, que podría posicionarse en contra de esta ley de forma firme y definitiva. Existe la posibilidad de que cualquiera que les oiga reconocer que no respetan esta norma porque la consideran incoherente pueda plantear la denuncia contra el hombre por violador, ya que una agresión sexual es un delito muy grave y es un deber ciudadano poner en conocimiento de las autoridades estos hechos. Los expertos de género podrían ser los más proclives a actuar de esta manera. De todas maneras ante leyes injustas como ésta el primer deber ciudadano es oponerse a ellas hasta donde resulte posible, con claro propósito de hacerlas desaparecer del Código Penal y demás manuales jurídicos cuánto antes.

Asimismo podría llegar a reclamárseles a los hombres la presentación de un gran número de documentos demostrativos de como durante varios años de relación y desde prácticamente el comienzo del periodo de noviazgo, el hombre, es decir el presunto culpable, dispuso del sí explícito de su compañera en todos los actos sexuales realizados. En consecuencia él tendría que aportar una gran cantidad de estos síes, referidos a fechas con años, meses, días, horas, que abarcasen desde el comienzo de la relación hasta su término. Y si hubiese lagunas en esta larga continuidad de síes adaptados incluso a las rutinas más íntimas en que acaban convirtiéndose las relaciones sexuales en la pareja, los jueces, fiscales y peritos de este moderno tribunal totalitario e inquisitorial de género dispondrían de fuertes indicios en su contra. Peor todavía, si el hombre no hubiese recopilado nada durante una relación relativamente larga, o apenas poseyese unos pocos de estos síes coincidentes con el comienzo ¿quién va a creerse que en una relación duradera se produjeron sólo unos pocos encuentros sexuales? Y si es más que suponible que tuvieron sexo regularmente a lo largo de un periodo de tiempo, y su ex afirma que no hubo síes explícitos y en consecuencia que fue violada no sabemos cuántas veces porque él la tenía dominada psicológica y sexualmente ¿qué condena por un sin número de agresiones sexuales le espera a este hombre sólo en base a la palabra de la denunciante? Suena Kafkiano, pero es plausible, discriminatorio y muy preocupante.

Otra posibilidad a tener en cuenta es que un hombre se empareje con una mujer que no dé importancia a esta cuestión en un primer momento, pero que se vaya volviendo progresivamente más feminista de género por efecto de su entorno. Podría tratarse de una simpatizante de los partidos más hembristas como el PSOE, Podemos o Izquierda Unida, o verse influenciada por los mensajes más generales que forman parte habitual del adoctrinamento en que vivimos. En este caso el hombre se transformaría de amante normal en agresor sexual sólo porque su compañera se permeabilizó gradualmente al eslogan falso de que cuando la mujer no dice un sí expreso entonces es un no. Y ella, la recién conversa, sería la primera en sentarlo en el banquillo de los acusados tras asumir su nuevo credo. Este varón pasaría de bueno a malo y de inocente a culpable sólo porque su pareja así lo ha decidido, con una previsible condena que puede superar fácilmente los diez años de prisión. La legislación destroza vidas de hombres e incrementadora de las altas tasas de suicidio masculino avanza con firmeza gracias a partidos antivarón como el PSOE. Y cuánto más feminista se proclame el partido, peor.

Otra duda crucial es qué sucederá si el hombre dice que el sí se produjo y la mujer lo niega. Bien, de entrada las feministas de género dan un valor mínimo al testimonio del hombre y un valor máximo al de la mujer, sólo en base a su sexo, o sea como otra grave discriminación sexual ya bien conocida dentro de su ideario.  No en vano importantes e influyentes feministas de amplio recorrido como la Señora Lidia Falcón defienden la inversión de la carga de la prueba en esta clase de situaciones, negando a los hombres el derecho humano fundamental a un juicio justo en el que se deba probar la existencia del delito.

En estos momentos y para los casos de violencia de género se admite que la palabra de la denunciante sirva como prueba de cargo contra el acusado, es decir, que pueda condenarlo por sí misma, siempre y cuando cumpla los requisitos de no incurrir en contradicciones o faltas de verosimilitud evidentes, lo cual deja al hombre en una posición de gran desventaja a la hora de defender su inocencia. Con un sistema legal que vulnera y enerva la presunción de inocencia masculina en los casos de violencia de género desde hace ya más de una década, la capacidad de la palabra del hombre para defenderlo de la versión acusadora de una mujer dentro de este despiadado panorama misándrico está muy debilitada. Así la indefensión legal de los hombres es abrumadora en aquellas sociedades que implementan y potencian la ideología sexista llamada feminismo de género, y la reforma que aquí estamos analizando se suma a este proceso.

A tenor de esta reforma tiene una especial trascendencia el reciente texto de la Asociación de Mujeres Juristas Themis titulado “Manifiesto sobre líneas de reforma del Código Penal en materias de delitos contra la libertad sexual” en el que se pide lo siguiente:

“En las relaciones sexuales el consentimiento debe ser explícito. Si no hay consentimiento hay delito contra la libertad sexual. Será causa de justificación para la absolución la prueba del consentimiento; en consecuencia quien tiene la carga de probar el consentimiento es el acusado”

 Esto significa que la asociación Themis insiste en destruir la presunción de inocencia masculina a través de la plena inversión de la carga de la prueba. La palabra del hombre por sí misma ya no valdría casi nada a la hora de defenderlo. La palabra de la mujer por sí misma tendría un inmenso valor acusatorio. No se plantea, ni muchísimo menos, una valoración equilibrada del tipo “es mi palabra contra la suya” aunque ninguna de las dos partes esté aportando pruebas verificables.

Esto genera una despiadada persecución legal contra los hombres que alcanza el nivel de crimen de estado, ya que nace de la destrucción de un garante jurídico básico, la presunción de inocencia. Claro está, todo lo mencionado por la asociación Themis en el párrafo anterior parte de la posición viciada de que la ausencia de consentimiento explícito sólo implica delito contra la libertad sexual a la hora de culpar a los hombres en relaciones heterosexuales, las mujeres no deben preocuparse de recabar o no recabar este consentimiento de parte de los varones o de otras mujeres. Nunca se las acusará de un delito contra la libertad sexual por la ausencia de un sí explícito de su amante, al margen de su sexo. Esa arbitrariedad misándrica se aplicará sólo a los hombres.

Para quienes ignoren que es la asociación Themis decir que es una de las asociaciones feministas radicales más cercanas al PSOE, junto con la Federación Nacional de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas y la Federación de Mujeres Progresistas, y que participó en la creación y redacción definitiva de la Ley Integral contra la Violencia de Género. Es decir, lo que plantean influye en las más altas esferas desde hace ya bastante tiempo. Efectivamente, el apartheid hembrista y el estado policial antivarón se  fortalecen cada día más en nuestro país.

Ayudan a colocar en perspectiva esta nueva ley algunos argumentos ultrafeministas que le sirven de trasfondo. Como la frase de Adrienne Rich afirmando que “una estrategia apropiada y viable del derecho al aborto es la de informar a toda mujer que la penetración heterosexual es una violación, sea cual fuere su experiencia subjetiva contraria”. O la de Beatriz Gimeno, diputada por Podemos de la X Legislatura de la Asamblea de Madrid y responsable del área de igualdad de Podemos en esta comunidad, además de presidenta de la Federación Española de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales entre los años 2003 y 2007. Según la señora Gimeno: “El feminismo combate para que las mujeres no pierdan sus energías intelectuales y/o afectivas con los hombres”.

No obstante es oportuno repetir para contrarrestar la desinformación intencionada a la que tan aficionados son los totalitarismos como “según la National Violence against Women Survey 1995/1996  (Tjaden, P. y Thoennes, N., 2000) se registran niveles de violencia de pareja significativamente mayores en las parejas del mismo sexo. En el caso de las mujeres, los niveles de victimización en parejas homosexuales fueron del 39,2% (en comparación con el 21,7% en las mujeres heterosexuales); en el caso de los hombres, las cifras comparables fueron del 23,1% (homosexuales) y del 7,4% (heterosexuales). Para las mujeres, las tasas de violación en parejas lesbianas (11,4%) fueron también muy superiores a las tasas de violación en parejas heterosexuales (4,4%)” **

Volvemos a comprobar sin asombro ninguno como las leyes de género destruyen la posibilidad de establecer relaciones igualitarias entre los dos sexos, porque conllevan un desequilibrio contrario a los hombres tan estricto, tan nocivo, que por el simple hecho de relacionarnos con mujeres podemos ver nuestras vidas arruinadas por la causa más mínima, incoherente o desproporcionada. Inequívocamente por el sesgo antivarón que impregna y contamina las sociedades dominadas por el generismo, no en vano este nace del feminismo radical.

En este contexto los hombres precavidos o mínimamente informados tenderán a alejarse cada día más de las mujeres, ya que cualquier trato con ellas les coloca en una situación de clara desventaja e inseguridad. Y muchos de los que no lo hagan por desgracia se arrepentirán tarde o temprano, cuando sean puestos a disposición de juzgados adiestrados para castigarlos severamente por su sexo, más que por el rigor de las pruebas que se aporten o la gravedad de la falta cometida, que en muchos casos apenas pasaría de insignificante de ser una mujer la autora. Pero el drama humano de estos hombres no será público. Tampoco los políticos o los medios se harán eco de su calvario, más bien se pondrá buen cuidado en que trascienda lo menos posible. Estarán solos y escasamente protegidos frente a un sistema que crítica la existencia de un patriarcado más que ávido de oprimir a las mujeres, otra mentira más de su delirante imaginario fácil de demostrar, desde el momento que los principales partidos, con líderes masculinos como Pedro Sánchez, Mariano Rajoy, Pablo Iglesias, Alberto Garzón o Albert Rivera, no han dejado de dar la razón a las generistas y apoyarlas en el desarrollo de leyes cada día más inhumanas con los hombres. A estas alturas no hay forma de ocultar la gravedad del hembrismo que domina nuestra sociedad no sólo en España, sino como un elemento de sexismo global unido al auge del “mainstream”, o la corriente dominante, feminista, el cual conduce primero a sociedades y a la larga a un modelo de Civilización donde los varones somos sojuzgados y tratados de facto como ciudadanos de segunda categoría respecto a las mujeres.

Es inquietante pararse a pensar la situación en que vivirán los hombres a partir de ahora y también podemos preguntarnos por el rol que le tocará a una mujer heterosexual. Las mujeres también quedan implicadas en cierta forma a la hora de no destruir arbitrariamente la vida de un hombre que comparta sexo con ellas, ya que de aquí en adelante para los varones los encuentros sexuales con mujeres les colocarán en disposición de ser tildados de monstruos y castigados con una dureza enorme por algo que no tiene importancia si lo realizan ellas.

En principio, cualquier mujer igualitaria o mínimamente empática con la situación que conlleva para los hombres debería repudiar de esta canallada si comprende de sobra como la ausencia de un sí explícito no implica una violación. Pero si somos consecuentes con la consigna cerrada de la Señora Carmen Calvo incluso si la mujer considera innecesario dar el sí explícito aún sin quererlo estaría convirtiendo automáticamente al hombre en agresor sexual, que es quien se llevaría la peor parte. Ante este dilema ¿cómo reaccionarán estas mujeres contrarias al hembrismo y la misandria? Ellas también se verán tiranizadas por esta medida, aunque estén en su contra.  Una opción sería reclamar el derecho a la objeción de conciencia o la desobediencia civil ante las leyes de género, que en su esencia son muy parecidas a las imposiciones de un culto fanático, pero es muy poco probable que se permita escapar tan fácilmente de este despotismo.

Las mujeres contrarias a la tiranía violeta tendrán que considerar la conveniente necesidad de que sus amantes, hermanos, hijos, padres o amigos masculinos sean tratados como si fuesen monstruos machistas y depredadores sexuales en potencia. Porque no transigir con estas normativas puede suponer un castigo demasiado peligroso y fácil de aplicar como para no tomarlo en cuenta incluso si se está en desacuerdo. No hay alternativa con una década de cárcel pendiendo sobre la cabeza sólo por no producirse y registrarse un sí explícito. Desde que es ley controla nuestras vidas, está ahí para eso, y debemos tenerla en cuenta a pesar de toda su intransigencia y opresión. Somos víctimas de la sociedad hembrista, que niega derechos y nos impone injusticias. Aunque muchos y muchas no concordemos con ellas sin duda nos afectan, limitan y perjudican en diferentes grados.

Pronto el feminismo radical planteará que el cortejo masculino debe ser considerado y penalizado como acoso por las causas más fútiles, a pesar de que es una circunstancia en la que el varón debe mostrarse más dotado de iniciativa, lo que conlleva un mayor riesgo de hostilidad y rechazo a partir de la intromisión en la privacidad de otra persona a la que se quiere conocer para tratarla más profunda y frecuentemente. Pero los hombres no podemos adivinar de entrada que mujer aceptará nuestros avances y cuál no. Así que no sólo tendremos que exponernos a los típicos desplantes o “hachazos” al intentar romper el hielo. Existirá el riesgo añadido de ser denunciado como machista acosador y sancionado legalmente por ello. En cambio las conductas de cortejo femeninas, más encaminadas a despertar la atracción o el deseo a través de la coquetería o una apariencia hipersexualizada, no se considerarán ni de lejos en estos términos tan inflexibles. Aquí las generistas no se plantearán la presencia de elementos sexuales y socioculturales que puedan dar privilegio y poder al sexo femenino respecto al masculino como una parte establecida y fácil de evidenciar de la dinámica intersexual. Las mujeres continuarán ejerciendo su rol de cortejo más frecuente y seguramente más cómodo o adecuado para ellas, pero los hombres tendrán cada día más dificultades e incluso sufrirán más daños al desarrollar el suyo, qué es y ha sido, por la propia naturaleza diferencial de ambos sexos, complementario al de la mujer. Pues bien, estas regulaciones dañarán seriamente al correcto desempeño y realización de estos roles complementarios y harán mucho más incómodas, desagradables y difíciles las relaciones heterosexuales.

Los hombres seremos los más perjudicados por la misandria legal que condena de forma desproporcionada y la misandria cultural que confunde, censura y estigmatiza. El machismo ya no sólo es machismo, también es micromachismo, y el micromachismo no es micro en absoluto, dado que se vincula o es causa de las peores barbaridades que puedan suponerse. Esto es simplista y más que discutible o directamente equivocado en casi todas las analogías engañosas que plantean las hembristas, pero está siendo impulsado rotundamente por la hegemonía que rodea y apoya al entramado de género. Son sobre todo los partidos de izquierdas los que insisten en un discurso antivarón que siembra un auténtico “campo de minas” contra los hombres, que podremos ser despreciados, culpados o sancionados por las causas más banales, ya que el prejuicio en nuestra contra está distorsionado desde la falsedad, la exageración y el sexismo.  Parafraseando a la vaca sagrada del hembrismo Robin Morgan: “Opino que “el odio contra los hombres” es una acción política honorable y viable, que los oprimidos tienen derecho al odio clasista contra la clase que les está oprimiendo.” Y Robin Morgan puede sentirse satisfecha ya que un aspecto sobresaliente del feminismo actual es el odio político contra los hombres, que avanza con determinación gracias a sus aliados en los parlamentos e instituciones.

Curioso que los opresores en este caso padezcan el 95% de las muertes laborales, un 90% de los accidentes graves en el puesto de trabajo, sufran cerca del 80% de las muertes violentas fuera de periodos de guerra, o su tiempo de vida sea inferior en un lustro o más al de las mujeres, y todo esto prácticamente a nivel mundial. O si concretamos en los países occidentales que se vean privados en mayor medida que las mujeres del tiempo de contacto con sus hijos y una buena parte de su patrimonio en la mayoría de los procesos que siguen a las separaciones o divorcios, y que carezcan de una representación ideológica masculinista a nivel sociopolítico, mientras que el feminismo está subvencionado con inmensas cantidades de dinero público y su implantación abarca el nivel internacional, nacional, comunitario, local o de simples municipios.

Curioso también que los casos de violencia física o psicológica que sufren los hombres en la pareja heterosexual sean ninguneados por los estudios  de género referidos al tema, como la “Macroencuesta de violencia contra la mujer” en España, la encuesta Enveff en Francia (Siglas que traducidas al castellano significan “Encuesta Nacional sobre la Violencia hacia las Mujeres en Francia”) y por extensión el proyecto Daphne de nivel Europeo. La bochornosa inconsistencia de estas encuestas, que podrían suponerse fiables al estar respaldadas por gobiernos y entidades de importancia internacional, es que sólo han valorado la violencia física o psicológica sufrida por las mujeres, cuantificado como maltrato técnico conductas triviales que pueden considerarse como problemas propios de la convivencia o de simple mala educación sólo con que se produzcan “a veces”, y omitido aquellos informes mucho más científicos y solventes por carecer de un diseño ideológico que les dirige hacia un resultado coincidente con el dogma, que demuestran como la violencia en la pareja es bidireccional y simétrica, con tasas muy similares de maltrato físico y psicológico sufridas y ejercidas por hombres y mujeres tanto en parejas heterosexuales como homosexuales. Este es un hecho sistemáticamente ocultado por las generistas a pesar de los muchos estudios que lo avalan. Podemos citar para aumentar la luz en contra de la desinformación que siembra misandria los trabajos de Murray Strauss, Javier Álvarez Deca, el informe Dunedin y el Informe Pask o “Proyecto sobre el Estado del Conocimiento del Abuso en la Pareja”, este último publicado el año 2013 y realizado durante tres años con la cooperación de 42 académicos y 20 universidades, compendio de más de 1700 estudios realizados sobre este tema y que en sus conclusiones expone:

“Excepto en lo referente a la coacción sexual, hombres y mujeres perpetran abusos físicos y no físicos en porcentajes similares, la mayor parte de la violencia doméstica es mutua, las mujeres son tan controladoras como los hombres, la violencia doméstica de hombres y mujeres está correlacionada con los mismos factores de riesgo y sus motivaciones son similares en ambos casos.”

El que las generistas no realicen estudios rigurosos para valorar el grado de discriminación que soportan los dos sexos y sólo se preocupen por uno de ellos demuestra su falta de credibilidad y justifica el rechazo a sus conclusiones. Además las desmerece inmensamente como organización sociopolítica. Más bien funcionan como un grupo de presión demagógico y egoísta, por lo que sorprende que haya quien las apoye pasando por alto realidades tan vergonzosas como las aquí expuestas. Pero en mi opinión dadas sus muchas iniquidades que atacan  la igualdad no merecen ser apoyadas, sino todo lo contrario.

También es llamativo que ese privilegiado sexo masculino haya sido cotidianamente despreciado, ofendido, maltratado simbólicamente y descrito como inferior en diferentes formatos culturales a través de los medios del mundo occidental desde hace más de treinta años, mientras a la inversa se ha procedido a un metódico proceso de empoderamiento femenino que tiende a ensalzar a las mujeres y mejorar su autoconcepto, para apoyarlas en su avance hacia un mayor grado de bienestar personal y éxito social.  Los defensores de este modelo de empoderamiento asimétrico nos dirán que cualquier ataque cultural contra las mujeres es una herramienta misógina sutil pero potente a la hora de disminuirlas y discriminarlas, pero no mencionan nada sobre si estos contenidos culturales tan repletos de hostilidad y negatividad hacia lo masculino pueden agravar las estadísticas tan adversas padecidas mayoritariamente por hombres, incluidas las altas tasas de fracaso escolar o suicidios.

 

Hay que agradecer a Robin Morgan la claridad de su sentencia ya que demuestra la necedad de la ideología de odio en que está degenerando el feminismo. Para esta hembrista fanática, a pesar de las muchas evidencias que demuestran que esto es falso, la relación entre los dos sexos es una lucha y los hombres se han reservado de forma consciente, tramposa y colectiva la mejor parte con plena intención de maltratar y subyugar a las mujeres. Así podemos concluir que el problema más importante es el heteropatriarcado, al margen de que la heterosexualidad no sea un problema, sino un tipo de atracción sexual mayoritario basado en la biología, en la existencia de dos sexos diferenciados que se complementan y vinculan a nivel sexual, afectivo y reproductivo e incluso la base necesaria para la permanencia de nuestra especie a lo largo de la historia natural. Y los padres o patriarcas se hayan matado o destrozado la salud en no pocas ocasiones para sacar adelante a sus hijos e hijas, o simplemente constituido una pieza esencial con su esfuerzo, dedicación y ejemplo para el desarrollo del proyecto vital de muchos menores y muchas madres, al menos durante largos periodos de tiempo. Las inconsistencias del pensamiento feminista se defienden mejor con charlatanería y etiquetas. Porque los datos objetivos lo humillan inmediatamente. Ojo, no los datos manipulados o unilaterales, o sea centrados sólo en lo negativo que soportan las mujeres. Esos datos sin valía a la hora de ponderar la discriminación sexual auténtica también ayudan mucho al feminismo más ladino y carente de rigor.

Las agencias de comunicación, quienes más saben de lavado de cerebro colectivo, ponen buen cuidado en no mostrar abiertamente el sustrato de sexismo que inspira al feminismo moderno. Prefieren crispar, exagerar, mentir incluso, para suscitar unas emociones que fomenten el “ellas contra ellos” desde un discurso simple y de contenidos defectuosos, pero muy dramatizado y machacón, describiéndonos a los hombres como malvados a los que mantener bajo control o castigar duramente. Esto es lenguaje propagandístico de tiempos de guerra, nacido de una pieza angular imposible de disimular del feminismo, la misandria. De hecho en determinados círculos feministas se ha modificado la palabra “hombre”, con h y b, por “onvre”, sin h y con v, ya que la h y la b forman parte de las palabras “honorables” y “buenos”, y para estas feministas los hombres no merecemos ninguno de esos calificativos. Además se añade la letra “v” que nos caracteriza como “violentos”.

No sorprende que las seguidoras del feminismo radical no den importancia ni consideren como tema a resolver las desigualdades que dañan a los hombres, a pesar de ser expertas en exigir soluciones inmediatas y meticulosas para las desigualdades reales, manipuladas o inventadas que dicen dañan a las mujeres. La aversión hacia lo masculino que defienden y legitiman sus luminarias estilo Robin Morgan las anula de cualquier atisbo de ser imparciales. Pero precisamente por eso deberían ser marginadas y condenadas al ostracismo sociopolítico que merecen, y no respaldadas por nuestras instituciones.

Respecto a las mujeres que apoyen la reforma que se paren a pensar cuántas veces han tenido sexo con varones sin molestarse en obtener o preguntar siquiera por su sí verbalizado y explícito y que comprendan que en todo rigor, si somos justos, ellas también deberían ser consideradas, juzgadas y sancionadas como unas violadoras en estas situaciones. Eso es lo igualitario, no la creación de privilegios femeninos a partir de unos planteamientos que provocan desencuentro y separatismo además de lamentables injusticias que tarde o temprano saldrán a la luz. También deberían ser las primeras en dar el sí explícito de aquí en adelante a sus parejas masculinas en cada encuentro sexual deseado por ambas partes, a no ser que pretendan ser cómplices de la cultura de la violación o poner a sus amantes a un paso de arruinarles la vida si deciden sentirse violadas al término del acto o algún tiempo después.

Por ejemplo, la activista hembrista Emma Sulkowicz decidió acusar de violación a uno de sus amantes ante las autoridades escolares de la universidad de Columbia transcurridos cerca de dos años del encuentro sexual y sin más pruebas que su palabra. Según su alegación ella y el acusado estaban manteniendo relaciones sexuales consentidas cuando repentinamente este la agarró fuertemente del cuello, la abofeteó en la cara, la sujetó de las muñecas y la penetró analmente a la fuerza mientras ella gritaba y le pedía que parase. Al término de la supuesta agresión física y sexual el acusado abandonó la habitación sin mediar palabra. Para reivindicar más notoriamente sobre su caso recorrió con un colchón a cuestas el campus de esta universidad, aduciendo que ese era el colchón en el que fue violada. El impacto que suscitó pese a que no aportaba ninguna prueba objetiva fue favorable en muchos medios que dieron su relato por válido y hasta varias personalidades importantes se pusieron de su lado. Incluso fue invitada por la senadora Kirsten Gillibrand, destacada por haber reclamado durante largo tiempo medidas más severas contra la violencia sexual, al discurso del Estado de la Unión dado por Barack Obama ante el congreso en enero del 2015. Por su parte el joven acusado de la violación argumentó que tuvo sexo con la denunciante, pero que fue una situación deseada y consentida por ambas partes. Como corroboración del testimonio del acusado se destacaron varios mensajes, escritos sólo un par de días después del acto sexual que presuntamente había terminado en agresión y violación. En dichos mensajes Emma Sulkowicz insistía varias veces en contactar con su supuesto violador, decía desear volver a verlo e incluso admitía amarlo. Al mismo tiempo el acusado la felicitaba por su cumpleaños, se interesaba por dónde se encontraba, y reconocía su recíproco deseo de estar con ella, a lo que ella contestaba con un “I love you Paul, where are you?!?!?!?!” traducido al castellano “Te amo Paul, dónde estás!?!?!?!”

Para el acusado la noticia de la denuncia recibida casi dos años después de que se acostasen juntos fue una sorpresa imposible de creer, en su opinión Emma Sulkowicz debía estar confundiéndose con otro chico. Afortunadamente se conservaban los mensajes que probaron su inocencia. Emma Sulkowicz también denunció ante la policía, pero esta vía no le dio resultados. Tras entrevistarse con los dos implicados y analizar el caso la oficina del fiscal del distrito no presentó cargos. Pero si por ella hubiese sido este hombre habría resultado severamente castigado, sólo en base a su testimonio. De hecho una cita de la propia Emma Sulkowicz es la siguiente: “If we use proof in rape cases, we fall into the patterns of rape deniers,” en castellano “Si usamos pruebas en los casos de violación, seguimos los patrones de los que niegan la violación.” Esto es incorrecto, si usamos pruebas en los casos de violación sólo seguimos los patrones de una investigación justa, de hecho si no las usamos sí que estamos favoreciendo a las falsas denunciantes como Emma Sulkowicz. A pesar de todo lo mencionado la Organización Nacional de Mujeres, o NOW por sus siglas inglesas, probablemente la organización feminista más importante de los Estados Unidos, otorgó a Emma Sulkowicz el premio a la “mujer de coraje” del año 2016. Es tan indignante como necesario subrayar que para cuando decidieron otorgarle este galardón ya había resultado absuelto el varón falsamente acusado.

Todavía más sangrante que el caso de Emma Sulkowicz lo es el de Jemma Beale la cual de forma reiterada y plenamente consciente interpuso en Gran Bretaña hasta quince denuncias falsas por violación y agresión sexual que concluyeron con el ingreso en prisión de uno de los hombres falsamente denunciados. Estas denuncias falsas se destruyeron mediante una investigación policial que atendió a hechos objetivos, entre los que se tomaron en cuenta aspectos como registros médicos, testimonios de los testigos y grabaciones de las cámaras de seguridad. Tras corroborar todos estos datos válidos para realizar una investigación criminal en condiciones y esclarecer los hechos concurrentes a un posible crimen, la policía llegó a la conclusión de que las denuncias interpuestas por Jemma Beale eran en realidad “grotescas invenciones”. Finalmente los tribunales ingleses la sancionaron a diez años de prisión.

En total Jemma Beale acusó a nueve hombres de violación y a seis por agresión sexual, siendo todos ellos inocentes. Incluso llegó a autolesionarse y declarar en falso durante el juicio, mientras que con su palabra embustera refería hechos escabrosos que nunca existieron. En su sentencia se llegó a concluir que “Jemma Beale era  una decidida mentirosa que repetidamente hizo todo lo posible para fabricar evidencias en un intento de ver a hombres inocentes condenados, incluso mintiendo bajo juramento deliberadamente”. De hecho la policía sólo sospechó de ella cuando se excedió en su maldad y presentó otra denuncia falsa en el año 2013, entonces comenzaron a investigar no sólo esta denuncia sino las anteriores que se remontaban al año 2010. Fue entonces cuando “se descubrió un patrón claro de falsificación intencionada”. Pero su primera denuncia falsa por violación logró su objetivo y llevó a la cárcel a un hombre inocente, Mahab Cassim, condenado a siete años, de los que cumplió dos años y nueve meses. Al ser liberado Mahad Cassim reconoció estar afectado tanto física como psicológicamente  y necesitar tiempo para restablecerse, pero se sentía optimista ante el futuro. Según sus declaraciones el tener una familia cercana y unida le ayudó a superar su difícil situación, ese apoyo le dio la fuerza para resistir su cautiverio. Sin él, es difícil saber como habría resultado todo.

Si Jemma Beale no hubiese insistido tanto en su tendencia a destrozar las vidas de hombres inocentes es más que probable que Mahad Cassim hubiese cumplido íntegra la condena que se le impuso originalmente. No sólo eso, incluso tras cumplir su condena de siete años seguiría estigmatizado de por vida como violador.

Es de celebrar que para alivio de muchos inocentes y su lamento y vergüenza perpetua Jemma Beale haya sido encarcelada y sus acciones ampliamente divulgadas, pero en el contexto social y jurídico que está creando el feminismo de género esta falsa denunciante compulsiva logra grandes ventajas y facilidades para poder avanzar con sus canalladas. Qué bien le vendría a Jemma Beale que absorbiésemos la gran falacia defendida por la otra falsa denunciante Emma Sulkowicz al decir que “Si usamos pruebas en los casos de violación, seguimos los patrones de los que niegan la violación.”  O que facilitador le resultaría a una falsa denunciante interponer la denuncia tras tener sexo voluntario con un hombre basándose en que ninguno de los dos se preocupó por el tema del sí explícito. O mejor aún para Jemma Beale, dar su sí explícito y su sí corporal durante el acto, pero si el hombre no tomase registro del sí verbalizado y en el juicio subsiguiente, sin prueba ninguna de agresión sexual, incluso si los peritos forenses negasen que hubiese señal alguna de violación, partiésemos del principio de las Themis: “En las relaciones sexuales el consentimiento debe ser explícito. Si no hay consentimiento hay delito contra la libertad sexual. Será causa de justificación para la absolución la prueba del consentimiento; en consecuencia quien tiene la carga de probar el consentimiento es el acusado”

Ante este panorama malas personas como Jemma Beale pueden frotarse las manos. En un sistema justo sus ataques no han pasado desapercibidos, pero en una sociedad que empeora a favor del hembrismo carcelario tendrá más posibilidades de éxito si se decide a atacar de nuevo.

Y sí, es algo más que la maldad de esta individua lo que debe preocuparnos, es mucho más que eso. Es un sistema que oprime a los hombres y favorece atropellos como los mencionados en su contra, al eliminar con las legislaciones y el adoctrinamiento de género los fundamentos de un juicio justo. No en vano y rizando el rizo hasta extremos grotescos uno de los argumentos más equívocos usado por las generistas es plantear que la persecución, correcta sanción y divulgación de las denuncias falsas puede disuadir de denunciar a las presuntas víctimas. Este argumento cargado de demagogia obstaculiza el que nuestro sistema legal investigue y condene adecuadamente estos casos.

Como punto inicial tanto a la hora de legislar como al diseñar o elegir cualquier tipo de política pública debemos partir de las realidades, para entender que está pasando y aplicar medidas oportunas a la mejora de estas situaciones. Si no respetamos este principio estaremos ciegos o interesadamente miopes al obrar y correremos un elevado riesgo de aplicar medidas inapropiadas o poco eficientes. Y si hay denuncias falsas hay que cuantificarlas de forma correcta, tenerlas en cuenta como una realidad, divulgarlas públicamente y perseguirlas.

Eso es lo justo, lo contrario es una iniquidad y las feministas de género y sus aliados se desmerecen al defender lo contrario. Después se extrañan de que muchos las rechacemos, pero las rechazamos porque estamos informados. Así que seguiremos rechazándolas, ya que con estos planteamientos y medidas sus políticas sociales son pésimas. En efecto, si tapamos debajo de la alfombra determinados hechos, si convertimos en tabú lo que a cierta gente no le interesa divulgar siempre con pretextos bien sonantes pero igualmente injustos, cederemos a cualquier manipulación egoísta defendida por grupos de presión interesados en el desarrollo de su agenda, para perjuicio de inocentes y según qué casos respaldo y complicidad con malas personas que destrozan vidas. También dañaremos al conjunto de la sociedad al negar un buen diagnóstico del que se deriven las soluciones mejor ajustadas.

Conocer el número de denuncias falsas por violación no es tarea fácil, pero se han realizado recuentos muy superiores en porcentaje a lo que suelen considerar las generistas. Por ejemplo, en junio del 2009, en la presentación de su memoria correspondiente al año 2008, el Instituto de Medicina Legal de Murcia dio el dato de que dos de cada tres denuncias de agresión sexual llegadas a este centro eran falsas. Según la estadística de los 120 casos reconocidos en 2008 sólo 44 presentaron indicios de ser ciertos. El director del Instituto de Medicina Legal de Murcia en aquella época, Emilio Pérez Pujol, señalaba en entrevista dada a los medios a tenor de esta memoria: “nosotros lo venimos advirtiendo desde hace varios años”. También advirtió de la presencia de denuncias falsas en los casos de malos tratos, y concluyó “hay gente que hace un uso torcido de la ley”.

Poco tiempo después, en septiembre del 2009, Emilio Pérez Pujol fue depuesto como director de este instituto y trasladado a un cargo de bastante menor relevancia por decisión del Ministerio de Justicia, sin que hubiese una explicación oficial para este cambio. El único hecho mencionado en prensa fue el aluvión de críticas recibido por Emilio Pérez Pujol precisamente por informar a la sociedad del recuento de denuncias falsas que había realizado ejerciendo su labor profesional***. Su despido demostraba que la directriz del instituto debía cambiar: el dogma de género se imponía a la ecuanimidad. De hecho al comentar sobre el episodio de su despido Emilio Pérez Pujol explicó los hechos con una lucidez que no nos sorprende a quienes conocemos la dinámica del totalitarismo de género. “Nadie me ha dicho por qué se me destituye” y “yo no soy político. Mi trabajo es decir la verdad y es lo que hago, pero hay determinados colectivos a los que no les gusta la realidad de la que hablo”.

https://www.laverdad.es/murcia/20090624/region/forenses-alertan-cada-tres-20090624.html

https://www.laopiniondemurcia.es/comunidad/2009/09/03/justicia-cesa-director-instituto-medicina-legal/194963.html

http://varonesunidos.com/feministas/espana-director-forense-fue-separado-del-cargo-por-admitir-que-2-de-cada-3-denuncias-de-violacion-son-falsas/

Si castigamos a quien honradamente dice la realidad que ve, estaremos estableciendo el imperio de la mentira. Si cuando los expertos o responsables no feministas de género se atreven a demostrar los errores feministas se les aparta de su cargo se está cometiendo un grave abuso contra estas personas al sancionarlas sólo por ser honestas y es el paso previo al establecimiento de una censura monstruosa que nos condenará a la ignorancia. Nadie mínimamente moral debería respaldar esto. Pero es lo que están apoyando la mayoría de nuestros políticos. Sí, para el éxito del experimento social feminista de género es pieza clave una ciudadanía ignorante y alienada dentro de una sociedad misándrica, femicéntrica e injusta.

Recientemente se han producido dos nuevos casos de denuncia falsa por violación. Apenas han trascendido en los medios ni recibido fuertes críticas de los políticos o las expertas en igualdad oficiales. Tampoco se han realizado movilizaciones en la calle bajo lemas como “No denuncies en falso a mi hermano” o “¡Que no destrocen tu vida con mentiras, hermano!”.

El brillante you tuber de pseudónimo “un tío blanco hetero” explica estos hechos y otros similares en su vídeo titulado “Salvados por la cámara del móvil y otros casos”.

Gracias a la gran labor divulgativa de este you tuber he ampliado mis conocimientos sobre estos temas y obtenido cómodamente el párrafo referido a las medidas propuestas por la asociación Themis en relación a los abusos sexuales, medidas que como veíamos impulsaban la misandria legal al atentar decididamente contra la presunción de inocencia masculina.

Es muy de agradecer la rápida proliferación de espacios de crítica al hembrismo en You Tube, ya que los canales de comunicación masivos, como las principales cadenas de televisión, se dedican casi en exclusiva a trasmitir análisis generistas, con toda la parcialidad que esto supone. Pero gracias a Internet y a una plétora de personas  valientes y concienciadas con el noble deber ciudadano de enfrentar los atropellos el hembrismo está perdiendo el monopolio de la información que recibimos.

Obviamente a los varones con parejas femeninas que defienden la reforma legal propuesta por la vicepresidenta les convendría romper con ellas de inmediato, aunque sólo sea por respeto a la igualdad ante la ley entre los dos sexos, derecho humano y principio fundamental que jamás debería de suprimirse, o como resultado de un mayor grado de concienciación y afinidad con el masculinismo y la lucha por los derechos de los hombres, algo que les involucra y apela en primera persona. Como afirman las feministas “lo personal es político”, y boicotear del amor, el placer y el amplio respaldo que podemos proporcionar los hombres a quienes defienden abusos en nuestra contra es una acción personal y política perfectamente válida a favor de la liberación masculina. Los hombres no debemos fortalecer a nuestras enemigas. A la larga el masculinismo será la única opción viable para cualquier hombre mínimamente asertivo en la defensa de su integridad y dignidad básica como persona, frente al implacable abuso de poder que se nos impone y que de igualitario tiene muy poco. Por eso conviene que nos vayamos acostumbrando a realizar acciones masculinistas cuánto antes mejor, y rechazar o finalizar una relación sentimental con una hembrista es un excelente comienzo; por nuestro bien, por el de la igualdad y por los hombres de las nuevas generaciones, que deberían preocupar especialmente a los padres con hijos varones.

Y sobre los hombres que apoyen esta reforma, como el Sr. Pedro Sánchez y todos los cargos del PSOE, que entiendan que la aberración tan grande que están apoyando, el insulto a la realidad que defienden, les define como violadores si alguna vez en su vida han tenido sexo con una mujer sin recibir su sí explícito, claramente verbalizado, no a través de la participación activa tanto del hombre como de la mujer en el acto sexual durante su origen, desarrollo y finalización. Esa es la consecuencia lógica del principio: “si una mujer no dice sí expresamente, todo lo demás es “no””.  Y si alguien decide investigarlos alguna vez como presuntos violadores después de que esta ley entre en vigor, bastará con requerirles si poseen documentos acreditativos de pongámosles los últimos cinco años en los que aparezcan los síes de su pareja bien documentados, y si no los aportan podrán ser sospechosos de uno de los actos más abominables y repudiados que existen, sin ninguna prueba objetiva ni razonamiento sólido para ello, sólo por no poder garantizar que se verbalizó un sí.

Por culpa de estas directrices los hombres quedamos cada vez más excluidos de la relación heterosexual, el amor y la estructura familiar, ya que estas draconianas medidas son un atentado directo, minucioso y altamente destructivo para nuestra integridad a todos los niveles. Pero esto obviamente también repercutirá en las relaciones de las mujeres heterosexuales con los hombres a nivel afectivo, sexual o de posible desarrollo de un proyecto vital o familiar. En efecto, con este panorama cada vez va a ser más difícil que los hombres se arriesguen a tratar con mujeres. De esta manera el feminismo de género amenaza con destruir las relaciones humanas, o al menos muchas de ellas: de forma selectiva aquéllas que no se ajusten a la esencia intolerante y “deconstructora” de su doctrina, con su tendencia culpabilizadora de lo masculino. Esto incluye las relaciones heterosexuales tal como muchos y muchas nos las planteamos, fundamentales para la mayoría de la población. Sin embargo, las ultrafeministas defensoras del separatismo entre los dos sexos de seguro aplauden esta clase de medidas, cuando no son las primeras artífices de las mismas.

¿En qué se ha convertido el feminismo actual en los países occidentales? ¿Precisamente donde más se ha desarrollado y más cómodamente expone su verdadera cara? ¿Paranoia, desinformación, manipulación intencionada e histeria colectiva, totalitarismo, absurdo, privilegio femenino, odio y opresión despiadada contra los hombres? ¿O quizás una mezcla de todas las anteriores? Ninguno de estos calificativos dice nada a favor de un movimiento que presumía de apostar por la igualdad entre los dos sexos y la supresión de aquellas discriminaciones que les limitaban y dañaban en su rol, con el fin de potenciar a la Humanidad hacia formas de felicidad más profundas y evolucionadas. Ahora el mayor compromiso del feminismo parece ser potenciar la guerra de sexos, en base a un análisis intelectual arbitrario, muy deficiente o directamente deshonesto.

Pero aunque pueda parecer lo contrario el fracaso y declinar de la ideología feminista ya es patente. Es una creencia defectuosa, corrupta y obsoleta, que tendrá que ser expuesta, cuestionada, enfrentada, despreciada en varios aspectos y superada por un modelo mejor, deseoso y capaz de crear equidad y armonía. Tiene un gran poder que le ampara y sustenta con total cinismo e indiferencia pese a sus infamias, eso le da un impulso del que saca buen provecho, pero por grande que sea este apoyo haría falta estar ciego para no comprender sus muchos fallos, los cuales fríamente expuestos aceleran su caída. En estos momentos defender al feminismo es más que nada un ejercicio de tozudez, interés político, dogmatismo e ignorancia social deliberada, ya que ha degenerado por dinámica propia en hembrismo repugnante. Tiene el poder pero no tiene la razón. Como consecuencia y en buena lógica cada día más personas se les oponen espontáneamente, siendo este el signo más palmario y hermoso de su progresivo final.

En resumidas cuentas, la mencionada medida anunciada por Carmen Calvo es otro abuso más contra los derechos de los hombres, la cual pretende criminalizarlos de un modo desproporcionado, ya que las relaciones sexuales consentidas pueden desarrollarse sin que medie ninguna palabra entre los amantes. Por eso la ausencia de un sí explícito no es indicativa de una violación. Defender esta noción nos lleva al absurdo de pretender que en todos los actos sexuales consentidos fruto del cortejo que se han producido sin un sí explícito se han dado violaciones recíprocas. Más aún la ausencia de un sí explícito ni siquiera prueba o implica la existencia de un no. Con lo cual culpar por agresión sexual en base a este criterio favorece la condena de inocentes a penas de cárcel severísimas. De esta manera el totalitarismo de género avanza con su modelo ideológico, cultural, político, social y legislativo claramente sexista y destructivo con los hombres. No en vano el feminismo de género nace del feminismo radical fuertemente inspirado por la misandria y el egoísmo ginocéntrico. Por eso las sociedades de género se convierten obligatoriamente en espacios inseguros para los hombres.

Víctimas desunidas y desorganizadas de un poder global y desbordante de medios que actúa tan ruinmente en nuestra contra, a los hombres nos toca el reto y trabajo primordial de participar en la decidida lucha por nuestros derechos mediante la elaboración, puesta en marcha y fortalecimiento a nivel individual y colectivo de un movimiento social propio. Ciertamente, nuestra única solución en este siglo XXI es sembrar, mejorar y fortalecer una hermandad masculina, un movimiento unido que vele siempre por nuestros derechos y del que surja un masculinismo estable y consolidado, un bien del que nunca hemos disfrutado a lo largo de la Historia, razón por la que ahora y en el pasado hemos sufrido diferentes formas de explotación y opresión, independientemente de los sucesivos modelos de liderazgo. Entre los numerosos abusos, ataques y desigualdades nada desdeñables preferentemente sufridos por nuestro sexo el hembrismo no es más que otro eslabón de una enorme y atávica cadena, de la que los hombres sólo nos liberaremos cuando unamos nuestras fuerzas para partirla y desecharla para siempre.

Notas:

* Esta visión es claramente coercitiva con el criterio de libertad sexual propio de esas personas, además contrasta con el hecho de que el propio PSOE plantee el derecho a abortar de chicas con edades muy juveniles sin que ni siquiera sus padres puedan interferir en su elección. El argumento que utilizarán en este caso se resume en “mi cuerpo, mi decisión”, incluso cuando las consecuencias del aborto serán mortales para un ser humano en desarrollo. Pero “mi cuerpo, mi decisión”, exactamente el mismo principio, no les resulta válido ante personas mayores de edad que están dispuestas a involucrar sus cuerpos en un intercambio voluntario de placer por dinero. Ahí la libertad de los demás, y de paso también su dignidad a la hora de elegir qué hacer y qué no, se pasa por alto, ya que las feministas de género se erigen en las adultas que asumen la vigilancia, control y tutelaje ni más ni menos que de la vida sexual ajena.

¡Qué fácil es desenmascarar lo falso e hipócrita del régimen políticamente correcto! En lo referido a este tema las generistas tratarán de confundirnos todavía más, aduciendo que las prostitutas no lo son por decisión autónoma, intentando asimilar el delito de la trata de personas con la situación sustancialmente distinta de quien toma la decisión personal y consciente de prostituirse. Tampoco mencionan como numerosas asociaciones, muchas de prostitutas, han solicitado con firmeza la adecuada regulación y legalización de esta actividad, lo que ayudaría a detectar e impedir mejor los casos de trata de personas u otros abusos y problemáticas que surgen alrededor del abandono y oscurantismo en el que deliberadamente se mantiene al mundo del sexo de pago.

** La referencia a los datos recopilados de la “National Violence against Women Survey” ha sido tomada literalmente del informe “500 razones contra un prejuicio” excelente trabajo de investigación sobre la violencia en la pareja realizado por Javier Álvarez Deca. En este estudio riguroso y científico se combate y contradice el dogma feminista de género que afirma que la violencia en la pareja es fundamentalmente unidireccional del hombre hacia la mujer y ejercida por causas machistas, o dicho de otra manera por el machismo del varón, mito y falacia hembrista divulgada en multitud de países, con la que se nos bombardea constantemente a partir de estudios acientíficos, ya que han sido falseados desde su diseño para favorecer conclusiones tendenciosas. Javier Álvarez Deca, autor de gran bagaje y referente destacado al abordar el complejo estudio de la violencia presente en distintos tipos de parejas, demuestra en este y en otros de sus valiosos trabajos que este tipo de violencia es bidireccional y simétrica, es decir, padecida y ejercida por ambos sexos en porcentajes similares tanto a nivel físico como psicológico.

*** Es curioso observar como múltiples dirigentes feministas radicales reciben frecuentes aluviones de críticas por sus posicionamientos, sin ir más lejos la propia vicepresidenta Carmen Calvo, pero no se las depone de su cargo por ello. Otra prueba más del hembrismo selectivo presente en nuestra sociedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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