La vicepresidenta Carmen Calvo ha declarado recientemente sin ningún sonrojo que “las mujeres tienen que ser creídas sí o sí” en lo referido a los delitos de índole sexual, precisamente poco después de que se hayan producido varias denuncias falsas por violación que habrían condenado a hombres inocentes a largas condenas de cárcel en base a la palabra de mentirosas, de haberse aplicado el axioma de la señora Calvo. El feminismo de género también plantea que debe castigarse severamente a un hombre como maltratador por acciones de un valor mínimo. Así y tras subrayar públicamente las peores acciones cometidas por una minoría insignificante de varones se avanza en la destrucción de los derechos básicos de todos ellos, implantando herramientas y principios penales cada vez más misándricos, mientras se callan y ocultan las graves consecuencias que de esto derivan para miles de hombres.

La firma del pacto de estado contra la violencia a las mujeres debe llamarse también la plena alianza de nuestros partidos políticos mayoritarios con el feminismo de género. Representa en definitiva su respaldo al apartheid hembrista, que viola los derechos humanos más fundamentales y criminaliza a los hombres por su sexo implementando la más lamentable misandria fruto del ultrafeminismo. Conviene que cualquier persona igualitaria pero sobre todo los varones piensen bien a quien votar, por ellos mismos y por sus hijos, planteándose opciones que desplacen el espectro político hacía posturas contrarias al hembrismo. Y es que sólo cuando los políticos comprendan que ser compañeros de viaje del hembrismo les quita votos, comenzarán a alejarse de este deplorable movimiento sexista.

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