Somos perfectamente conscientes de que Barcelona es una de las ciudades mediterráneas más bonitas, que recoge las mejores esencias de una sociedad avanzada y que ofrece las principales circunstancias para el establecimiento empresarial de calidad, eficiencia y optimización.
El problema (si es que hay alguno destacable) es que Barcelona carece de suelo urbano para la construcción de nueva vivienda (al menos de forma masiva) , eso favorece que los precios de la vivienda estén en unas cuotas intocables, puesto que el metro cuadrado está situado en una media de 4.920€ , así que como es fácil de calcular una vivienda para que la adquiera un joven (con unos sueldos que se mueven en la banda de 1000-1500 € mensuales de media) resulta una verdadera quimera.
Es evidente que la manifiesta falta de vivienda está frenando la instauración de grandes compañías en el seno de la ciudad, porque aparte de las trabas burocráticas que son absolutamente desmesuradas e ilógicas, resulta que en el supuesto de que se puedan superar esas dificultades administrativas, lo que no se puede resolver el saber donde pueden ubicarse los empleados que esas corporaciones traerían a la ciudad de Barcelona. Observen la renuncia a establecerse en la ciudad de ciertas corporaciones que, aparte del prestigio que se hubiese dado a Barcelona, hubiese consolidado el propio PIB de la ciudad y el reconocimiento internacional que se tuvo como consecuencia de las olimpiadas en el 1992, pero que por desgracia se perdió con el tripartito a partir del 2003
Algunas de las corporaciones que han renunciado a instalarse en Barcelona son el Museo Hermitage, Agencia Europea del Medicamento, Centro Europeo de predicciones meteorológicas en medio termino, Autoridad europea de preparación y respuesta de emergencias sanitarias, …
Más allá de los vaivenes políticos (que fueron causa muy importante de la renuncia de esas corporaciones) se encuentran las dificultades burocráticas para el establecimiento y puesta en marcha empresarial y sin ninguna duda LA FALTA DE VIVIENDA para ubicar a los empleados de esas corporaciones.
Para colmo a la anterior alcaldesa se le ocurrió la “brillante idea” de obligar a cualquier promoción inmobiliaria a destinar el 30% de dicha promoción a vivienda social, esto acabó definitivamente con la iniciativa privada que se veía obligada a pagar unos precios desmesurados por el suelo edificable y que no les permitía la recuperación económica por viviendas construidas con un coste superior al de venta “ dumping”, amen de que el encaje de dos tipos de vivienda en el mismo edificio es realmente una tarea de “bolillo” que se obligaba a hacer por la falta de conocimiento corporativo de quienes dictaron la norma.
Pues bien: con este tipo de gobierno municipal y los acuerdos entre partidos políticos (que no gestores) no hay forma de que nuestro hijos puedan emanciparse y vivir en la ciudad de Barcelona hasta que no se implemente una nueva fórmula para la ubicación de vivienda en la ciudad, y si me permiten voy a lanzar una idea que sospecho levantara sorpresa y rechazo de inmediato pero que si la analizan debidamente “sin pasión de madre” verán que es la única forma de hacer crecer la ciudad de Barcelona y que se vuelva a situar en la posición que merece dentro del concierto internacional.
La idea es que se haga un barrio de rascacielos tipo Manhattan (EE.UU) en el Poble Nou de Barcelona, (este barrio está secularmente a la espera de un desarrollo urbanístico de calidad para pasar de la calificación de barrio obrero a barrio residencial de calidad alta) el diseño de un barrio de rascacielos rompería con todas las dificultades actuales, resolvería el problema de la vivienda e incentivaría la instauración de empresas de alto contenido económico con el consiguiente beneficio a las industrias y comercio subsidiario, y pondría a la Barcelona al frente de las mejores ciudades del mundo .
* Escrito de Joan Pau Rica Lopez








