La adaptación cinematográfica de la novela Contacto (1997) del famoso astrónomo y divulgador científico Carl Sagan, se ha convertido en un monumento extraño y valiente en el catálogo de la ciencia ficción: una película de dos horas y media donde el encuentro con inteligencia extraterrestre no es una invasión, ni naves nodriza o seres humanoides con malas intenciones.
Sagan y el director Robert Zemeckis entregaron una historia donde el verdadero conflicto no está en el espacio exterior, sino en el interior humano, en la fractura entre lo que sabemos y lo que creemos.
La protagonista, la Dra. Ellie Arroway (Jodie Foster), es la encarnación de la razón pura. Su obsesión por la búsqueda de inteligencia extraterrestre, financiada por un excéntrico millonario , choca frontalmente con la fe ciega que exige su antagonista, el asesor científico de la Casa Blanca . Pero la genialidad de Sagan reside en darle la vuelta al espejo: cuando Arroway finalmente viaja a través del “agujero de gusano” y regresa sin pruebas materiales del “contacto”, es ella, la científica, quien debe pedir que tengan “fe” en su testimonio.
Ese giro final es la tesis completa de Carl Sagan. El director de la NASA en la ficción le dice: “No hay evidencia, no hay registros, solo su palabra”. Y ella responde: “Tuve una experiencia. No puedo probarlo, pero fue real”.
La película es también un prodigio técnico. Los efectos especiales fueron un trabajo conjunto entre ocho compañías, La secuencia del viaje por el “puente de Einstein-Rosen” sigue siendo hoy una de las representaciones más fieles y alucinantes de los fenómenos astrofísicos. Zemeckis, lejos de los excesos digitales de su época, optó por una puesta en escena sobria que pone el peso en los diálogos y en los rostros.
Contacto mantiene su vigencia en una época como la actual, en que magnates construyen cohetes para colonizar la Luna y Marte y explotar sus recursos naturales, mientras otros miran al cielo buscando sentido a la existencia y maravillados por la inmensidad del cosmos.








