Bajo el sol cegador de la Costa del Sol, donde el lujo convive con los silencios más turbios y la belleza del paisaje apenas alcanza a disimular la podredumbre que se esconde bajo la superficie, David B. Gil sitúa Ciudad de sal, un thriller de atmósfera densa y pulso psicológico que marca un giro en su trayectoria narrativa. En esta novela, un joven agente recién llegado a Homicidios y una veterana policía a punto de retirarse se ven arrastrados a una investigación que desentierra una inquietante cadena de muertes archivadas como suicidios, pero también una red de poder, violencia e impunidad que convierte la costa malagueña en un territorio moralmente abrasado. Con la tensión del mejor noir y una mirada incisiva sobre las heridas ocultas de la sociedad contemporánea, Gil construye una historia de sombras, culpa y supervivencia que confirma su capacidad para cambiar de registro sin perder intensidad ni ambición literaria.
1.- Después de una trayectoria muy consolidada en la novela histórica y en la ficción ambientada en Japón, sorprende encontrarte ahora en un thriller contemporáneo situado en la Costa del Sol. ¿Qué necesidad literaria o personal te llevó a abandonar territorios tan reconocibles para adentrarte en un escenario aparentemente más cercano, pero quizá también más incómodo?
Aunque, ciertamente, mis obras más características son las ambientadas en Japón, ‘Ciudad de sal’ no es mi primer thriller contemporáneo. ‘Hijos del dios binario’, mi segunda novela, era un thriller periodístico ambientado en un futuro cercano, y resulta curioso comprobar cómo la obra ha envejecido en los últimos diez años a la luz de cómo la tecnología está cambiando nuestra sociedad. En cualquier caso, el cambio de ambientación no responde a ningún tipo de cálculo o decisión meditada. Sencillamente, no se me ocurren tantas buenas historias, y cuando aparece una, ¡es la que tengo que escribir!
2.- Ciudad de sal plantea una pregunta inquietante: ¿hasta qué punto una persona que decide acabar con su vida lo hace realmente por voluntad propia cuando existen mecanismos de manipulación psicológica que condicionan esa decisión? ¿Fue esta cuestión el punto de partida de la novela o apareció durante el proceso de documentación?
Fue la premisa fundamental y el germen de la historia: cómo puedes atrapar a un asesino que no mata, que ni siquiera sabes que existe, pues no es sujeto activo de las muertes que inflige. Me interesaba una mente criminal no violenta que actuara desde la manipulación y la inducción, que pudiera llegar a considerarse a sí misma un benefactor que está liberando a personas atormentadas.
3.- En los últimos años hemos visto cómo internet y las redes sociales han generado espacios de apoyo, pero también de extrema vulnerabilidad. El foro «Bosque de sal» resulta especialmente perturbador porque se mueve en esa frontera moral. ¿Te interesaba reflexionar sobre los límites éticos de la tecnología y sobre la soledad contemporánea?
En realidad, la novela no es tanto una reflexión social como un proceso de construcción de personajes. Quería psicologías complejas que plantearan al lector incertidumbre e incomodidad. Poco a poco descubrimos que los protagonistas también han hecho cosas terribles que pueden provocar repulsa, pero a medida que descubrimos su interioridad y sus circunstancias, llegamos, si no a justificarlos, sí a comprenderlos. Y creo que esa es una de las grandes fortalezas de la literatura frente a otros medios: tiene espacio y herramientas para abordar una construcción de personajes mucho más compleja que cualquier otro medio narrativo.
4.- Has construido dos líneas narrativas que avanzan en paralelo: la investigación del teniente Ángel Lobo y la búsqueda personal de Andréi. Dos hombres muy distintos, uno dentro del sistema y otro completamente al margen. ¿Qué te permitía explorar esta dualidad que quizá no habrías conseguido con una única mirada sobre la historia?
Creo que a estas alturas ya lo podemos considerar casi un rasgo de autor; todas mis historias están contadas desde distintos puntos de vista, y no es una decisión del todo consciente. Imagino que me aburren las historias contadas desde un solo ángulo, porque si solo hay una mirada, el autor corre el riesgo de pontificar: “estos son los hechos y así se deben interpretar”. Me muevo mejor en los espacios grises, en las miradas contrapuestas, en distintas fuerzas que impulsen la narración, cada una con sus motivos y su visión del mundo. En este caso, tener a Ángel Lobo y a Andréi me daba la posibilidad de apoyar cada pie en un género literario distinto: por una parte tenemos la investigación más policiaca, más procedimental, de Ángel; y por otra esa Costa del Sol más sórdida y callejera, esa mirada más desencantada, de Andréi, que entronca mejor con la novela negra.
5.- Andréi es un personaje especialmente interesante porque pertenece a esa Europa invisible formada por inmigrantes, trabajadores precarios y personas que viven en los márgenes de las grandes ciudades turísticas. ¿Hasta qué punto querías que su historia fuera también un retrato social de una Costa del Sol menos conocida?
Es la Costa del Sol que yo mismo me encontré cuando vine a vivir a Málaga. Lo que se proyecta hacia fuera es el lujo de mansiones, boutiques, puertos deportivos y campos de golf… Pero esa no es la Málaga real, eso es mampostería y barniz dorado. Lo que encuentras bajo esa capa es la Málaga cotidiana y real, y aún más abajo, una Costa del Sol corrupta, clandestina e inquietante. Andréi es un inmigrante que se gana la vida limpiando las mansiones de los oligarcas, se mueve entre todos los estratos, y eso le permite tener una visión de conjunto.
6.- La Costa del Sol aparece en la novela casi como un personaje más: un territorio donde conviven el lujo extremo, el anonimato, el turismo de élite y las redes criminales internacionales. ¿Crees que existe todavía una gran novela negra pendiente sobre este territorio y has querido empezar a escribirla con Ciudad de sal?
La Costa del Sol es un escenario literario potentísimo, de contrastes tan extremos y tan compleja en lo social (y en lo criminal) que me parece increíble que haya tan poca literatura negra ambientada aquí. No solo es que se trate de uno de los puntos calientes del crimen organizado a nivel internacional, hay que sumarle el narcotráfico que entra por el Campo de Gibraltar, los casos de corrupción política, la inmigración ilegal… Y todo ello sazonado con la vida de lujos y excesos de la jet-set, con el turismo de garrafón y con un creciente malestar social. ¿Por qué hay tan poca novela negra sobre Málaga? Supongo que la explicación es que el género se cultiva más en las dos grandes capitales: Madrid y Barcelona, pero tengo claro que la Costa del Sol es nuestra Miami, nuestra “Vice City”. No me cabe duda de que llegarán más autores que explotarán este escenario; en mi caso, sin embargo, Málaga no está en el centro de la historia. Es el trasfondo de esta y tiene un impacto en el relato, pero como he dicho, Ciudad de sal es principalmente una novela de personajes.
7.- Tus lectores están acostumbrados a una escritura muy documentada y a una extraordinaria precisión en la construcción de mundos históricos. ¿Ha sido más difícil documentarse sobre la actualidad, sobre la deep web o sobre las mafias rusas que sobre el Japón feudal, precisamente porque hablamos de una realidad cercana y todavía cambiante?
Ha sido más complicado porque el Japón feudal es un periodo histórico y una cultura que, quizás para sorpresa del lector, me resultan muy próximos. Llevo leyendo sobre Japón desde mi adolescencia, con lo que una parte importante del trabajo de ambientación está hecho de base. En Ciudad de sal, como dices, abordo escenarios y situaciones que me son contemporáneas, pero sobre los que nunca había investigado. No solo el crimen organizado o la deep web, también he tenido que documentarme sobre el funcionamiento interno de las fuerzas policiales, los procedimientos judiciales o el espectro autista. Este último punto ha sido, probablemente, el más complejo, pero fundamental al tener a un protagonista que es TEA.
8.- Ángel Lobo es un investigador que desconfía de las explicaciones fáciles y que insiste en buscar patrones donde los demás solo ven coincidencias. En cierto modo, su manera de trabajar se parece mucho a la del novelista, que también debe encontrar conexiones ocultas entre hechos aparentemente aislados. ¿Hay algo de ti en este personaje?
Hay algo de mí en todos mis personajes, tanto en los positivos como en los negativos. Creo que es la única forma de insuflarles alma y verosimilitud. Pero, al mismo tiempo, Ángel es una persona marcada por un pasado traumático y por estar en el espectro autista, dos situaciones que yo no comparto con él y que condicionan por completo su percepción del mundo. En cierto modo, conecta con algunos de mis anteriores protagonistas: es alguien que ha sufrido, que tiene una concepción vital marcada por este sufrimiento, y que, aun así, intenta hacer lo correcto con lo que tiene.
9.- En la novela aparece una violencia muy diversa: la psicológica, la económica, la ejercida contra las mujeres, la violencia estructural que se esconde tras determinados entornos de poder. Sin necesidad de mostrar siempre la brutalidad de forma explícita, consigues que el lector la sienta constantemente. ¿Te interesa más explorar las causas y las consecuencias de la violencia que el acto violento en sí?
Creo que todo cumple su función en la narrativa. Si solo muestras el acto violento, si lo dotas de una dimensión estética, puedes obtener una historia lúdica y divertida, pero sin profundidad emocional. Y esa es una propuesta válida, pero no la que me interesaba en esta historia. Por lo general, si ahondas en las causas de la violencia, la historia se inclina más a lo social, mientras que si desarrollas las consecuencias que tiene la violencia, te adentras más en el aspecto psicológico de los personajes, que es lo que quería conseguir en Ciudad de sal. Tenemos protagonistas que han sufrido y han ejercido la violencia, y eso ha marcado de forma drástica quiénes son y cómo se sienten en el momento presente de la novela.
10.- Tus novelas ambientadas en Japón hablaban a menudo del honor, de la lealtad y de los códigos morales. Curiosamente, en Ciudad de sal vuelven a aparecer estos temas, aunque trasladados a un contexto completamente distinto, el del crimen organizado y las redes de poder contemporáneas. ¿Crees que, al final, los seres humanos seguimos moviéndonos por las mismas pasiones, independientemente del siglo o del lugar?
Sí, siempre lo he pensado. Y creo que es el motivo de que mis historias “japonesas” conectan tan bien con el público europeo. Las pasiones que mueven a las personas son universales y atemporales: amor, odio, envidia, ambición o generosidad, todos son sentimientos e impulsos comunes a todas las culturas. Lo único que cambia es la forma de expresarlos.
11.- La novela juega continuamente con la idea de la percepción: aquello que creemos saber, las conclusiones precipitadas, las apariencias engañosas y la necesidad de revisar nuestras certezas. En una época marcada por la sobreinformación y las verdades a medias, ¿te parecía importante escribir una historia donde la verdad sea siempre una construcción lenta y difícil?
Hay un personaje que en cierto punto de la historia le dice al protagonista que “cuando llegas a la verdad por tus propios medios, se convierte en tu verdad”. Siempre lo he creído así: formarte tu propio criterio requiere un esfuerzo educativo e informativo por parte de las personas, y si no lo haces, estás expuesto a que cualquiera pueda deslizarte en el cerebro la “verdad” que a él le conviene. Es la raíz de muchos de los problemas de las democracias modernas: los ciudadanos estamos siendo negligentes con nuestra obligación de formarnos e informarnos, y eso resulta muy disruptivos para el funcionamiento democrático. Cualquiera que te ofrezca una verdad simple, o una solución sencilla a un problema complejo, te está engañando. Pero es más fácil creer algo que queremos escuchar que intentar aprender, contrastar y tener una opinión formada. Creo que es uno de los temas que recorren todas mis novelas: el conflicto entre lo evidente y lo subyacente.
12.- Después de este giro hacia el thriller contemporáneo, y viendo la solidez con la que has construido el universo de Ciudad de sal, la pregunta es inevitable: ¿ha sido una incursión puntual en un nuevo género o acabas de abrir una puerta narrativa que todavía no sabes hasta dónde te llevará?
Habrá más, no sé si con estos u otros personajes, pero seguro que volveré a la ambientación contemporánea. Es una faceta narrativa que también disfruto; de hecho, no creo que sea sano ambientar todas tus historias en el mismo género y contexto. Al menos, yo necesito oxigenarme creativamente para no repetirme y que mis historias sigan resultando frescas.
13.- ¿Eres un autor caótico o ordenado?
Muy ordenado y meticuloso. Es la única manera que tengo de aterrizar el caos creativo y darle forma y estructura.
14.- En el eterno debate entre el libro electrónico, el libro papel, el audiolibro, … como lector ¿por cuál te inclinas?
Me muevo entre el libro electrónico y el papel con bastante soltura. Los libros que me gustan mucho y los autores predilectos procuro tenerlos en papel, eso sí.
15.- ¿Qué libro te espera en tu mesita de noche hoy?
¡Varios! Un libro de relatos de Zweig, un cómic titulado ‘Bajo los árboles, donde nadie te ve’ y un manga histórico publicado en los años 60: ‘Relatos de Sabu e Ichi’.
Muchas gracias David por atendernos. Enhorabuena, una vez más lo has logrado.








