Osvaldo Gennaro presentará en los próximos días su libro “Dojo de papel y viento” (Lepidoptera, 2026) ilustrado por Ana Carolina Merlo. Se trata de una serie de relatos que transitan la crónica urbana atravesada por la indagación filosófica.
“Cada cuento que aquí se presenta está inspirado, de un modo u otro, en las vivencias de quienes pasaron por el Dojo”, dice el autor, que ha dedicado su vida a las artes marciales.
Ambientada en la geografía atlántica de Mar del Plata, la obra vibra alrededor del Aikido, concibiéndolo no como un repertorio de técnicas de autodefensa, sino como una fenomenología del contacto y el vaciamiento. A través de un entramado de personajes cimentados en la cotidianeidad, Gennaro pone el foco en el practicante y elude la idealización del héroe marcial. Su atención se desplaza hacia el valor del error, la función pedagógica de la caída y el aprendizaje del repliegue.
En el plano estilístico, el texto destaca por un rigor sintáctico que alterna el modismo con pinceladas de una cuidada prosa poética. Destaca, por ejemplo, la densidad de pasajes como:
“El Sensei levantó la vista, una sonrisa apenas perceptible en los labios. “¿Viste alguna vez cómo se dobla el trigo en el campo con el viento fuerte, Martín?”, Martín asintió. “No, Sensei. Pero me lo imagino. Se inclina, no se quiebra””. “Exacto. Y a un pino, ¿qué le pasa?”, “El pino resiste, pero si el viento es demasiado, puede partirse”. El Sensei guardó el bokken. Y tomó otro y empezó a pasarle un paño lentamente, haciendo una pausa, mirando las vetas de la madera…: «La espiga de trigo no busca la confrontación. Acompaña. Usa la fuerza del viento a su favor, la desvía. El pino… el pino confía en su propia solidez, y a veces, esa es su debilidad».
Es en esa clase de construcciones donde alcanza su mayor riqueza conceptual: la renuncia a la fuerza bruta no se formula como pasividad, sino como una forma superior de inteligencia física y existencial. Las ilustraciones de Ana Carolina Merlo, ejecutadas con un trazo leve y dinámico, son una prolongación visual de esa misma búsqueda de fluidez, y funcionan como un complemento que aporta belleza y suavidad.
Al cerrar el libro, al lector le quedará el sabor de la sobriedad: la certeza de que el conflicto rara vez se resuelve mediante la confrontación directa. Y resonará con los cuentos tal cual la frase que leyó en el prólogo “Ojalá al leerlos sientas ese vaivén entre lo real y lo simbólico, entre lo vivido y lo inventado. Porque toda ficción, en el fondo, es una forma de honrar lo que amamos”.









1 comentario
Muy buenas reseñas! Invitan a la lectura.