Durante su intervención, señaló que las fracturas internacionales se han ampliado en la última década debido a las guerras, las tensiones geopolíticas y el debilitamiento de la confianza en las instituciones multilaterales. En este contexto, subrayó la necesidad de construir una “multipolaridad interconectada” basada en la cooperación, el derecho internacional y el fortalecimiento del sistema de las Naciones Unidas.
El líder de la ONU identificó cuatro grandes desafíos que definirán el futuro de la humanidad: la paz y la seguridad, la desigualdad, la crisis climática y la gobernanza de la inteligencia artificial.
En materia de paz, hizo un llamado urgente al cese de los conflictos, la protección de la población civil y el respeto al derecho internacional. Destacó que la paz es mucho más que la ausencia de guerra, ya que implica establecer límites jurídicos al ejercicio del poder y garantizar que la fuerza no se convierta en el árbitro último para decidir qué vidas, derechos o futuros importan. Asimismo, reiteró la necesidad de reformar el Consejo de Seguridad para que refleje mejor la realidad geopolítica actual, incluyendo una representación permanente para África.

Respecto a la desigualdad, alertó sobre la creciente concentración de riqueza y poder, así como sobre las brechas que siguen afectando a miles de millones de personas. En este contexto, resaltó que la desigualdad entre mujeres y hombres continúa siendo una de las más extendidas a nivel mundial y recordó que las mujeres y las niñas siguen enfrentando discriminación, violencia y exclusión. Como ejemplo de avance, destacó que las Naciones Unidas alcanzaron por primera vez en su historia la paridad de género en todos los puestos directivos superiores, en todas las sedes y en todo el Cuadro Orgánico, demostrando que la igualdad es una decisión institucional posible y necesaria.
Sobre el cambio climático, insistió en acelerar la transición hacia energías limpias, eliminar progresivamente la dependencia de los combustibles fósiles y garantizar una mayor justicia climática para los países más vulnerables. También reiteró que quienes más han contribuido a la contaminación y más se han beneficiado económicamente deben asumir una mayor responsabilidad para reparar los daños causados.
En relación con la Inteligencia Artificial, advirtió que los riesgos asociados a esta tecnología exigen una gobernanza global sólida, transparencia y mecanismos de supervisión que garanticen que la innovación beneficie a toda la humanidad. Subrayó que las infancias nunca deben convertirse en “conejillos de Indias” de sistemas de Inteligencia Artificial no regulados y reiteró que las máquinas jamás deben tomar decisiones de vida o muerte. Además, pidió avanzar hacia marcos multilaterales de gestión de riesgos y prohibir las armas autónomas letales.
«La crisis climática dejó de ser una amenaza lejana y se volvió una realidad de todos los días. Y la inteligencia artificial avanzó a una velocidad que ha tomado por sorpresa incluso a quienes la crearon. No se trata de crisis aisladas, sino de capítulos de una misma historia… la historia del poder: quién lo tiene, a quién se le niega, cómo se utiliza y cómo está cambiando».
Agregó que la redefinición del poder se está dando de tres maneras fundamentales. «En primer lugar, entre los Estados, ya que han surgido nuevos polos de influencia económica, política y tecnológica.
En segundo lugar, estamos presenciando una extraordinaria transferencia de poder: de los gobiernos a un puñado de empresas privadas y particulares. La influencia de esos actores se extiende ya a la política, la economía, los flujos de información, el desarrollo tecnológico y el espacio cívico del que dependen las sociedades.
Y, en tercer lugar, los seres humanos están cediendo cada vez más poder a las máquinas: los agentes de inteligencia artificial se están tornando incontrolables y las armas autónomas letales dejaron de ser ciencia ficción y se están volviendo una realidad militar.
Sin embargo, nuestras instituciones y nuestros sistemas de gobernanza global siguen reflejando las realidades de poder y los intereses de una época en gran medida ya superada».
Al concluir, el Secretario General defendió el papel de las Naciones Unidas como espacio indispensable para la Cooperación Internacional y afirmó que el principal desafío de nuestro tiempo es garantizar que el poder esté regido por el derecho, y no por la fuerza, para construir un futuro más justo, seguro y sostenible para todas las personas.








