Ferrol, España –
Mientras el pulso en Ormuz distorsiona rutas y discursos, y al Mundo entero, Europa sigue necesitando petróleo —venga de donde venga—. En ese tablero ambiguo, España, con capacidad, discreta y bien posicionada, puede refinar tanto su propio queroseno, gasolina y Diesel y otros derivados, como el de un continente que no siempre pregunta por el origen del “crudo triangulado” (o baneado por EE.UU.) cuando a los estados fuertes de la EU les conviene.
«Guerra y Paz», el pulso en Ormuz que Europa no puede permitirse perder
La tregua entre Washington, Tel Aviv y Teherán parece marchar hacia un estado de proceso indefinido o indeciso. La tregua entre Washington, Tel Aviv y Teherán parece marchar hacia un estado de proceso indefinido, casi indeciso. Conviene verlo sin eufemismos. Parte de esa indecisión que frena el conflicto contra Irán y que contamina todo Oriente Próximo (más sus conflictos históricos), tiene nombres y apellidos. Están todos los “actores” detenidos a ver quién abre la siguiente partida.
Anteriormente, presidentes como Biden, con estadios de demencia senil evidentes, o ahora Trump, con un narcisismo y otras patologías sobradamente señaladas, ocupan el vértice de poder de EE.UU. Ese Hegemón que aún despliega más de 800 bases militares y una flota sin parangón, por todo el mundo.
La tregua entre Washington, Tel Aviv y Teherán parece marchar hacia un estado de proceso indefinido, casi indeciso. Y conviene deslizarlo sin eufemismos: parte de esa indecisión que frena el conflicto contra Irán —y que contamina todo Oriente Próximo— tiene nombres y apellidos. Presidentes como Biden, con estadios de demencia senil evidentes, o Trump, con un narcisismo y otras patologías sobradamente señaladas, ocupan el vértice del hegemón que aún despliega más de 8.000 bases militares y una flota sin parangón. Pero el impasse no emana solo de la cúspide: es la falta de claridad de los equipos que rodean a los presidentes electos, instalados en tácticas de corto plazo y huérfanos de visión de altura. Y esa misma miopía estratégica se replica en Alemania, en los países nórdicos y en los bálticos de la UE.
En esa calma chicha, Irán ha suspendido los bombardeos, pero los contendientes no han interrumpido la intercepción de buques en el Estrecho de Ormuz. Teherán, además, estaría recibiendo ayuda satelital y material de alta tecnología de países que no juegan en el bando que Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, definió con precisión milimétrica: Occidente como la civilización, la única.
A día de hoy, Estados Unidos seguirá siendo un poder evidente, pero tiene ya mucho de figura hueca, revanchista, porque se niega a aceptar el nuevo juego que está llegando. Desde Japón a la UE, desde Brasil a los BRICS en su conjunto, se extiende la percepción de que esta ronda, este ciclo de la Pax Americana, se ha acabado. Incluso el dólar encuentra ya alternativas que empiezan a funcionar sin voluntad de confrontarlo ni de sustituirlo. De hecho, los BRICS en sus intercambios comerciales y en el uso de divisas ajenas al circuito del dólar y al banco de Basilea, no están confrontando; solo responden a la necesidad de resolver lo que la necesidad de sus pueblos como mandato supremo, al margen de las estructuras de dominio que aún se atreven a calificar el periodo de subyugación colonial por parte de Occidente al resto del mundo “como la cumbre civilizatoria” y que desde Munish 2026 que aspiran a reproducir. Esa fue, palabra por palabra, la lógica de Rubio en Munich: una lógica que sigue anclada en el siglo XIX, cuando no en el XVIII, y que se niega a leer el tablero que ya está aquí.
A día de hoy, Estados Unidos seguirá siendo un poder evidente. Es una gran nación con futuro: 341 millones de habitantes que no están representados por la ínfima proporción que compone su oligarquía política y económica (nepocracia corrupta, con Trump en su segundo mandato).
El problema de fondo es precisamente su factor fundacional. EEUU nació como una república concebida por oligarcas, terratenientes y capitalistas primitivos —esclavistas en su mayoría— que alumbraron el 4 de julio de 1776 un sistema, donde el voto y la democracia nada tenían que ver con lo que hoy entendemos por tales.
Asi es que lo evidente es que quienes gobiernan EEUU se niegan a aceptar el nuevo juego que está llegando. Eligiendo en Oriente Próximo al Estado de Israel como su cabeza de puente o avanzadilla, solo confirman la escasa conexión con el momento actual. Israel como Estado y ejercito, lo que irradia es deseo extensión territorial y responder a mitos o leyendas de hace 3.000 años (interpretadas heréticamente y con acciones condenables). Juntos EEUU e Israel parecen ambicionar que el resto de la Humanidad seguíamos, anclados en ese pasado.
Entre tanto. Desde Japón a la UE, desde Brasil a los BRICS en su conjunto, se extiende la percepción de que esta ronda, este ciclo de la Pax Americana, se ha acabado. Se va agotando la lógica de que ciertos lugares privilegiados del planeta y su población, alcanzan grados de desarrollo que se sostienen sobre nuevas transformaciones del viejo colonialismo.
Incluso el dólar encuentra ya alternativas que empiezan a funcionar sin voluntad de confrontarlo ni de sustituirlo: los BRICS, en sus intercambios comerciales y en el uso de divisas ajenas al circuito del dólar y al banco de Basilea, no están confrontando; solo responden a la necesidad de resolver lo que sus pueblos reclaman como mandato supremo, al margen de las estructuras de dominio que aún se atreven a calificar el periodo de subyugación colonial de Occidente sobre el resto del mundo como la «cumbre civilizatoria» y que —desde Múnich 2026— aspiran a reproducir. Esa fue, palabra por palabra, la lógica de Rubio en Múnich: una lógica que sigue anclada en el siglo XIX, cuando no en el XVIII, y que se niega a leer el tablero que ya está aquí (véanse, por ejemplo, los análisis de Josep Xercavins en el Observatorio DESCA o de Leopoldo Puchi en Estrategia LA, que desmontan con precisión el intento de Rubio de reivindicar los cinco siglos de expansión colonial como una edad dorada de Occidente) véase observatoridesca.org y estrategia.la). Repasar el discurso de Marco Rubio aclara muchas cosas en 2026.
El subtítulo de esta sección no es un guiño inocente. Tolstói escribió Guerra y Paz como un relato de invasiones y resistencias, pero también como una indagación sobre el destino colectivo cuando las potencias se atascan en lógicas que ya no controlan. Hoy Europa se enfrenta a un impasse semejante, empujada a un conflicto que no es el suyo y que responde a esquemas geopolíticos decimonónicos. Pero el futuro no será multipolar en el sentido que desean algunos, ni unipolar como aspira Washington. En cien años la lógica será continental: toda América, toda Eurasia, África entera se articularán como voces sinérgicas. Quedará quizá una charnela, un área de conexión entre esos inmensos procesos de convergencia: el Levante mediterráneo, Oriente Próximo y estados como Siria, Irak, Irán, Afganistán, Pakistán o las repúblicas de Asia Central, conservando todos ellos su razón propia por el sensato principio de subsidiariedad.
Europa, sin embargo, no puede esperar cien años. Necesita ahora una política exterior propia, paulatina, firme en su suavidad —como el Papa cuyo nombre inspiró esa palabra— para superar este primer terremoto. Y en ese mientras tanto, el atasco energético en Ormuz sigue sin resolverse y amenaza con arrastrar al sector más dependiente del movimiento: el turismo. Es precisamente en ese vacío operativo —entre sanciones, desvíos y necesidades— donde actores intermedios como la Península Ibérica pueden desempeñar un papel decisivo, no en el origen del conflicto, sino en su traducción práctica: el refino y la transformación del crudo que sigue circulando, incluso cuando oficialmente no debería hacerlo.
Pero la realidad es tozuda. El impasse no emana solo de la cúspide: es la falta de claridad de los equipos que rodean a los presidentes electos, instalados en tácticas de corto plazo y huérfanos de visión de altura. Y esa misma miopía estratégica se replica en Alemania, en los países nórdicos y en los bálticos de la UE, totalmente poseídos por su rusofobia… Esta se puede entender perfectamente si solo consideras los últimos 100 años de historia. Pero si ampliásemos la perspectiva a 500 años… se entiende también las cautelas por parte de Rusia. Es desde Europa que le venían siempre las amenazas. Va siendo hora de cerrar “los resentimientos y hachas de guerra”. Nadi quedó limpio de los tiempos pasados.
En esa calma chicha, Irán ha suspendido los bombardeos, pero los contendientes no han interrumpido la intercepción de buques en el Estrecho de Ormuz. Teherán, además, estaría recibiendo ayuda satelital y material de alta tecnología de países que no juegan en el bando que Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, definió con precisión milimétrica: Occidente como la civilización, la única.
El subtítulo no es un guiño inocente. Tolstói escribió Guerra y Paz como un relato de invasiones y resistencias, pero también como una indagación sobre el destino colectivo cuando las potencias se atascan en lógicas que ya no controlan. Hoy Europa se enfrenta a un impasse semejante, empujada a un conflicto que no es el suyo y que responde a esquemas geopolíticos del siglo XIX —incluso de la Edad del Bronce— basados en la Nación-Estado como única medida. Pero el futuro no será multipolar en el sentido que desean algunos, ni unipolar como aspira Washington. En cien años la lógica será continental: toda América, toda Eurasia, África entera se articularán como voces sinérgicas. Quedará quizá una charnela, un área de conexión entre esos inmensos procesos de convergencia y optimización continental: el Levante mediterráneo, Oriente Próximo y estados como Siria, Irak, Irán, Afganistán, Pakistán o las repúblicas de Asia Central, conservando todos ellos su lógica propia por el sensato principio de subsidiariedad.
Europa, sin embargo, no puede esperar cien años. Necesita ahora una política exterior propia, paulatina, firme en su suavidad —como el Papa cuyo nombre inspiró esa palabra— para superar este primer terremoto. Y en ese mientras tanto, el atasco energético en Ormuz sigue sin resolverse y amenaza con arrastrar al sector más dependiente del movimiento: el turismo. Es precisamente en ese vacío operativo —entre sanciones, desvíos y necesidades— donde actores intermedios como la Península Ibérica pueden desempeñar un papel decisivo, no en el origen del conflicto, sino en su traducción práctica: el refino y la transformación del crudo que sigue circulando, incluso cuando oficialmente no debería hacerlo.
Europa, sin embargo, no puede esperar cien años. Necesita ahora una política exterior propia, paulatina, firme en su suavidad —como el Papa cuyo nombre inspiró esa palabra— para superar este primer terremoto. Y en ese mientras tanto, el atasco energético en Ormuz sigue sin resolverse y amenaza con arrastrar al sector más dependiente del movimiento: el turismo. Es precisamente en ese vacío operativo —entre sanciones, desvíos y necesidades— donde actores intermedios como la Península Ibérica pueden desempeñar un papel decisivo, no en el origen del conflicto, sino en su traducción práctica: el refino y la transformación del crudo que sigue circulando, incluso cuando oficialmente no debería hacerlo.
Atlántico solidario», o de cómo estacionar portaaviones y quedarse sin queroseno en Rota
La Armada estadounidense sigue inspeccionando y desviando petroleros con destino a puertos iraníes, mientras Teherán, con sus enclaves vitales bloqueados, mantiene el pulso en su última puerta y carta fuerte como nación atacada: Ormuz.
El resultado es un atasco energético en punto muerto que ningún comunicado ha resuelto y que amenaza con arrastrar al sector más dependiente del movimiento: el turismo. Es precisamente en ese vacío operativo —entre sanciones, desvíos y necesidades— donde actores intermedios como España pueden desempeñar un papel decisivo, no tanto en el origen del conflicto, sino en su traducción práctica: el refino y la transformación del crudo que sigue circulando, incluso cuando oficialmente no debería hacerlo.
El cierre del estrecho ha disparado el precio del combustible de aviación. La tonelada de queroseno ha pasado de 700 dólares a rozar los 1.500$, y el crudo ha subido un 60%. La Agencia Internacional de la Energía ha sido tajante, afirmando que a Europa le quedan «unas seis semanas de combustible para aviones», si no consigue sustituir al menos la mitad de las importaciones que llegaban desde el Golfo.
En los aeropuertos del continente crece la inquietud. La asociación ACI Europe ha advertido de que, si el tránsito por Ormuz no se normaliza en tres semanas, la UE podría afrontar una «crisis sistémica» de queroseno con impacto «severo» en la conectividad aérea.
Este escenario de vulnerabilidad europea contrasta con la posición de la Península Ibérica. Su capacidad de refino y diversificación de suministros, más su capacidad de transporte multimodal, actúa como un potente aislante. Mientras otros estados miembros sufren una dependencia exterior de hasta el 85%, España produce en sus ocho grandes complejos industriales cerca del 80% del queroseno que consume. Esta fortaleza industrial, en manos de grandes consorcios como Repsol, Moeve (antigua Cepsa) y BP, es la base de una autonomía energética de facto.
Esta capacidad de maniobra tiene un coste. El gobierno de Pedro Sánchez ya se ha enfrentado a Washington y a Tel Aviv al negarse a permitir el uso de las bases de Rota y Morón para la ofensiva contra Irán, una decisión que ha tensado las relaciones diplomáticas. España ha sido tachada de poco fiable por sus socios anglosajones, asumiendo el papel de socio díscolo dentro de la OTAN. Sin embargo, esta misma tensión demuestra hasta qué punto la UE ha sido arrastrada a un conflicto que no es en esencia el suyo sino anglo-estadounidense. En esta partida, la Península Ibérica ha decidido jugar sus propias bazas.
Algunas aerolíneas ya han comenzado a aplicar recargos y a cancelar rutas. Volotea ha recortado alrededor del 1,5% de sus operaciones, e Iberia ha decidido suspender sus vuelos a Cuba ante la imposibilidad de repostar en la isla.
En este contexto, España ha recibido la noticia con un notable alivio. El presidente de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), Javier Gándara, ha garantizado el suministro en territorio nacional, aunque ha matizado que el mercado podría resentirse si otras naciones se quedan sin combustible. Su mensaje no es baladí: el turismo representa una parte esencial del PIB español, y una eventual escasez de queroseno en los países emisores podría traducirse en menos viajeros y en una factura millonaria.
El blindaje ibérico: ocho refinerías para un hub energético bien comunicado y capaz
La razón de esa tranquilidad relativa se encuentra en la capacidad de refino de la Península. España es el tercer país de Europa con mayor capacidad de refinado, con ocho plantas operativas que representan el 13% de todo el refino del continente. Mientras otros países han cerrado 30 refinerías desde 2008, aquí solo se ha inutilizado una.
El resultado es que más del 80% del queroseno que se carga en los aeropuertos españoles se refina en instalaciones nacionales, un porcentaje muy superior al 50% de dependencia exterior que sufre la media europea. Además, buena parte de ese combustible viaja desde las refinerías hasta los aeropuertos a través de tuberías, lo que garantiza un flujo constante y a salvo de los vaivenes del transporte por carretera.
Esta infraestructura convierte a la península ibérica en un potencial hub energético. Las refinerías de Repsol (A Coruña, Tarragona, Cartagena, Puertollano y Bilbao), Moeve (Huelva y Algeciras) y BP (Castellón), junto a la planta de Galp en Portugal, suman una capacidad de procesamiento de 75 millones de toneladas al año. Y, como señala la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, España «ha invertido mucho en capacidad de almacenamiento y no ha destruido refinerías», lo que la sitúa en una posición de privilegio respecto a sus socios comunitarios.
Pese al juego de sombras el crudo llega, pese a la lógica del matón de la partida
Pero la ecuación no se resuelve solo con refinar. Para producir queroseno hace falta crudo, y ahí entra en escena el lado más opaco del tablero energético. España apenas importa un 11% de su petróleo del Golfo, y solo un 5% pasa por el estrecho de Ormuz. Sin embargo, sus refinerías están diseñadas para procesar crudos pesados, como los del Caribe, lo que las hace menos dependientes de las calidades ligeras que se embotellan en Oriente Medio.
En ese margen se cuela la elusión. La llamada shadow fleet —una flota de petroleros que navega con banderas de conveniencia y seguros opacos— ya ha demostrado su capacidad para mantener el flujo de hidrocarburos hacia quienes necesitan seguir operando. China e India, pero no solo ellos,… , son los mayores compradores de crudo iraní y ruso sancionado. Ciertamente son los principales usuarios de estos mecanismos, pero insisto, no solo ellos… Hay en la UE grades clientes de ese “crudo maldito”. Es allí, donde España, con su red de puertos y su capacidad de refino, podría beneficiarse de ese mismo entramado para asegurarse un suministro constante mientras continua el juego de que nadie vio nada.
Los orígenes y rutas alternativas del crudo también son una realidad pendiente de un hilo. No puede pasarse por alto que el oleoducto saudí Este-Oeste, que conecta los yacimientos del golfo Pérsico con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, ya está siendo utilizado como vía alternativa para desviar crudo hacia el Mediterráneo y el Atlántico. Sin embargo, su capacidad de ofrecer una salida estructural suficiente al bloqueo de Ormuz es más limitada de lo que algunos actores en el centro y norte de Europa parecen asumir. Basta con una intensificación del conflicto regional para que esta ruta pierda eficacia o quede parcial o totalmente neutralizada, dada su exposición estratégica. Irán ya ha demostrado que puede llegar hasta esas instalaciones y dejarlas como Roma hizo con Cartago, o Israel con Gaza (y pronto el Líbano y Cisjordania).
Volviendo a la UE. Alemania, a través de su gigante Lufthansa, ha cancelado 20.000 vuelos de corta distancia hasta octubre para ahorrar 40.000 toneladas de combustible cuyo precio se ha duplicado. Esa no es una decisión de una aerolínea; es la materialización de la estrategia del Gobierno alemán, al que, en el fondo, le importa un comino el impacto que sus decisiones puedan tener en el sector turístico español. Su lógica es tan fría como efectiva: cancelar vuelos de corto radio retiene a los turistas alemanes en Alemania, mejorando su balanza de pagos.
Esa lógica se entiende aún mejor a la luz del último zarpazo del Kremlin: la suspensión del crudo kazajo que alimenta la refinería PCK, fuente principal de combustible para Berlín. Sin crudo ruso y sin el kazajo, Alemania se queda sin el sustituto que creía tener. Y, de paso, exigen a España que contribuya con su queroseno al «fondo común» que propone la UE, para que Lufthansa pueda garantizar sus rutas transcontinentales más rentables.
En este juego oscuro de egoísmos miopes —tan propio de Alemania, Francia u Países Bajos— se margina a la Península ibérica y, por extensión, al Sur de Europa. Nos piden solidaridad mientras ellos nos clavan un puñal por la espalda a nuestro principal sector económico. Mientras, Bruselas prepara su mecanismo de solidaridad para el queroseno, esperando que España, que ha hecho los deberes y tiene reservas, comparta su ventaja con quienes no dudan en actuar como depredadores de su propio socio comunitario.
Desde lo doméstico el turismo español quedaría a salvo (al menos 2026)
Las cifras respaldan el optimismo del sector. Para la temporada de verano de 2026, las aerolíneas han programado 258,8 millones de asientos hacia o desde España, un 5,7% más que el año anterior. La demanda sigue creciendo, y los precios de los billetes se mantienen aún contenidos gracias a las coberturas financieras y a la fortaleza del suministro interno.
Sin embargo, el presidente de ALA advierte de que la situación es «más incierta que nunca» y que cualquier empeoramiento del conflicto podría alterar estas previsiones. Por ahora, el blindaje ibérico funciona. Pero en un tablero donde las treguas son frágiles y las sombras marítimas deciden quién vuela y quién se queda en tierra, el privilegio de refinar no es una garantía eterna, sino una ventaja que conviene no malgastar.
Estrategia: por qué Bruselas y las capitales europeas deberían apostar ya por el hub ibérico
Aquí llegamos al movimiento que nadie está verbalizando pero que todos los Estados mayores europeos deberían estar calculando. Porque lo que España puede ofrecer no es solo su propio salvavidas turístico, sino una coartada estratégica para que el resto de aerolíneas de bandera del continente —especialmente aquellas cuyos gobiernos se han alineado sin matices con Washington y Tel Aviv— sigan volando sin tener que romper su fidelidad diplomática.
Es el momento de apostar por esta vía. Bruselas debería bendecir —aunque sea en un discreto segundo plano— la conversión de los aeropuertos españoles y portugueses en grandes áreas de repostaje neutral. Las capitales europeas, por su parte, tienen todo el interés en que sus compañías de bandera no se vean obligadas a cancelar rutas por falta de queroseno mientras sus aliados estadounidenses mantienen el pulso en Ormuz.
El mecanismo es sutil pero poderoso: España actúa como hub neutral. Una aerolínea francesa, alemana o británica no puede, por coherencia política, ser vista comprando crudo iraní o ruso directamente. Pero sí puede aterrizar en Barajas o El Prat, repostar queroseno refinado en España, y continuar su ruta. El combustible ya está allí, limpio de origen a efectos contables, y la operación es perfectamente legal.
Este es el juego de esgrima, con una finta dentro de otra finta. En apariencia, España solo está gestionando su propia seguridad energética. Pero, en realidad, puede construir una infraestructura de salvamento. Las grandes petroleras ya lo saben, los gobiernos europeos lo intuyen, y las aerolíneas de bandera están presionando en segundo plano. Queda que se ejecute.
El coste diplomático para España sería asumible. Washington y Tel Aviv podrían elevar alguna queja formal, pero difícilmente escalarán el conflicto con un socio europeo que, además, sigue siendo aliado en todos los demás frentes. Y a cambio, la península ibérica se consolidaría como el gran centro logístico del queroseno europeo, blindando su turismo y ofreciendo un servicio de alto valor añadido: la capacidad de seguir volando cuando otros aeropuertos del continente empiecen a racionar.
Ni heroicidad ni quijotismo, realismo energético y no estar en el lado de la violencia desatada
En un mundo donde las sombras marítimas, las flotas fantasmas y los oleoductos alternativos ya están decidiendo quién despega y quién se queda en tierra, España tiene las infraestructuras, la localización y la oportunidad de jugar esa partida a varios niveles. Si la crisis se prolonga hasta abril de 2027, el escenario no será ya de incertidumbre, sino de crisis y recesión mundial severa. Hay quien avisa de hambre y estampidas migratorias.
Para entonces, el hub ibérico habría sido una opción, vista desde 2026,. Habría sido una inteligente respuesta a disposición de Europa. Pero no solo en los combustibles fósiles y sus derivados refinados, sino también en todo lo que es generación de energía sostenible y exportable desde la Península hacia el interior del noreste de la UE. La península como hub o puente entre África y Europa de energías renovables y su interconexion.
Básicamente, en esto consiste planificar el mañana con sentido, dirección y proyecto: evitar extenuarse en sostener lo que existe hoy por el ayer, que ya no deseamos que se prolongue en el futuro. Desde allí aceptar lo pasado y ¡crear alternativas ya!




