Pocas novelas se atreven a explorar la central nuclear de Lemóniz, un escenario tan inquietante como inolvidable, y que Alaitz Leceaga convierte en el núcleo de su historia para desenterrar lo que nunca se dijo. La autora se suma al movimiento Euskal Noir con esta obra, una novela de intrigas, leyendas y un protagonista inolvidable.

Nora Cortázar es una protagonista compleja, brillante y neurodivergente. ¿Cómo fue el proceso de construir a un personaje tan singular, que escapa de los estereotipos femeninos habituales en el thriller?
Sí, Nora Cortázar es criminalista en Interpol, y he disfrutado mucho metiéndome bajo su piel. Hacía tiempo que quería escribir una novela policíaca pero buscaba una protagonista especial y Nora me ha fascinado por completo, quería escribir una investigadora capaz de llegar hasta el final de un misterio arriesgándolo todo para descubrir la verdad. Esa es su motivación, tiene una determinación increíble.
En La última princesa convergen dos fuerzas poderosas: la mitología vasca y la psicología criminal. ¿Qué te atrae de ambas esferas y cómo decidiste entrelazarlas en la novela?
Efectivamente, las historias, leyendas, folklore… como prefiramos llamarlo, son elementos que encajan muy bien en este tipo de literatura, creo que le da un poso especial a las novelas. Los rituales antiguos están muy presentes en “La última princesa”; por un lado tenemos esa criatura de leyenda que parece que acecha a los personajes entre las sombras, y, por otro lado, tenemos un excavación arqueológica en la que se ha descubierto la tumba de la misteriosa princesa de la que habla el título; son dos elementos que combinan muy bien con el suspense.
El personaje de Balbea, padre de Nora, es a la vez terrorífico y fascinante. ¿Qué desafíos conlleva retratar a un asesino en serie con un pasado político como ex miembro de ETA sin caer en la simplificación?
Balbea, el padre de Nora, es uno de los personajes más complejos de esta novela. Nora procede de un entorno familiar complicado y muy doloroso: es hija de un asesino famoso, y sin embargo, ahora se dedica a perseguir a hombres como su padre. Aunque es una historia de ficción, quería asegurarme de que la representación de todos los personajes fuera auténtica, al igual que con otros temas delicados que aborda la novela, sentía la responsabilidad de hacerlo bien.
La ambientación es una de las grandes protagonistas del libro. ¿Cómo fue tu aproximación a Lemóniz como escenario literario, con su central nuclear abandonada, sus bosques y sus leyendas?
Esa era una de las cosas que más me atraía cuando me senté a escribir esta novela: los bosques antiguos, el mar Cantábrico, y en contraposición, una central nuclear abandonada y una plataforma en alta mar; son escenarios muy poderosos. El choque que se produce entre la naturaleza y estas enormes construcciones, que además conviven en esa zona, lo convierten en un escenario perfecto para ambientar una historia llena de misterio.
Has dicho que esta novela es un homenaje al paisaje vizcaíno y a la cultura vasca. ¿Sientes que la literatura actual está sabiendo aprovechar ese imaginario ancestral?
Creo que sí, es un género literario que en general goza de buena salud. Hay varios autores y autoras maravillosas, no sólo en Euskadi, en todo el norte de España: Me parece que nos une un paisaje común y un clima similar, y eso, se refleja en nuestras historias.
La figura de Gaueko, el dios de las tinieblas, recorre la novela como una sombra. ¿Qué papel juega este símbolo mitológico en la arquitectura emocional del relato?
Las historias forman parte de todos nosotros, y las historias antiguas aún más; creo que Gaueko, ese temible dios antiguo que hace su aparición después de la medianoche, representa los monstruos que viven en nuestras pesadillas.
El trauma, el duelo y la culpa están muy presentes en la evolución de los personajes. ¿Buscabas que la novela tuviera también una dimensión psicológica y emocional profunda?
Sí, totalmente. Me interesan mucho los personajes que esconden secretos o que cargan con un gran dolor; colocarles en un lugar muy diferente al terminar la novela del que tenían cuando comienzan la historia, ¿Cómo les afectan los sucesos que conocemos a lo largo de la novela?
Nora regresa al pueblo diecisiete años después de denunciar a su propio padre. ¿Qué representa este regreso simbólicamente para ti como autora, más allá del argumento?
Me atrae esa evolución que se produce en todos los personajes —en todas mis historias— me gusta pensar que, al igual que sucede con todos nosotros, los personajes evolucionan a lo largo de las páginas y Nora, desde luego hace un viaje a su pasado cuando regresa a Lemoniz.
La última princesa está ambientada en 1992, una época reciente pero ya con distancia. ¿Qué te interesaba de ese momento histórico concreto, con su contexto social, político y tecnológico?
Quería escribir una novela ambientada en esta época, hace tiempo que tenía en mente esta idea. El año 1992 marcó para España un momento de esperanza y de mirada al futuro con las celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona o la Exposición Universal de Sevilla, dos acontecimientos que aparecen en la novela. Además, es muy interesante escribir un thriller cuando los teléfonos móviles, Internet u otro tipo de tecnología no era tan común como lo es ahora, y eso complica mucho la investigación del misterio.
A lo largo de la novela vemos cómo las mujeres llevan el peso del conocimiento, de la intuición y también del peligro. ¿Es una constante en tu obra o algo que surgió de manera orgánica en este libro?
Tanto Nora Cortázar como su contrapunto, la cabo Andrea Bermejo —una joven agente de la guardia civil, entusiasta y llena de energía— son femeninos pero siempre intento que todos mis personajes —hombres o mujeres— estén construidos con claros oscuros y fortalezas.
La estructura del thriller se entrelaza con el relato íntimo y con elementos del terror simbólico. ¿Cómo equilibras géneros tan distintos sin que se diluyan entre sí?
Para mí es importante que uno de los aspectos no se coma al otro: me interesa mostrar la trama del asesinato, la resolución del misterio, sí; pero también me interesa mostrar cómo afecta esa investigación, a los personajes; son los personajes quienes deben contarnos su historia.
Esta es tu quinta novela, y varias están siendo adaptadas para televisión. ¿Cómo ha cambiado tu manera de escribir desde El bosque sabe tu nombre hasta La última princesa? ¿Hacia dónde quieres evolucionar como narradora?
El éxito de mi primera novela “El bosque sabe tu nombre” me permitió dedicarme a algo que adoro como es contar historias. El apoyo de mis lectores me ha permitido seguir haciéndolo estos años. Cuando trabajo en una nueva historia, busco que los lectores encuentren los elementos que les han hecho amar mis novelas anteriores; en mi caso, el cariño de los lectores es lo que me hace continuar escribiendo.








