A 50 días del conflicto con Irán
Alto el fuego sin garantías de paz a medio centenar de días del inicio del conflicto en Medio Oriente, el escenario internacional muestra una tensa pausa marcada por un frágil alto el fuego impulsado por Estados Unidos, en un contexto donde pesan tanto factores militares como económicos y políticos. Según el analista internacional Marcelo Biasatti, la moderación en el precio del petróleo —que se mantiene por debajo de los 100 dólares el barril— y la cercanía de las elecciones de medio término en EE.UU. fueron claves para abrir una instancia de negociación.
Sin embargo, el especialista advierte que “alto el fuego no es paz”, sino apenas una pausa táctica ante limitaciones concretas en el terreno. En ese sentido, señaló que Washington no logró cumplir su objetivo estratégico inicial de debilitar al régimen iraní, pese a acciones como la eliminación de parte de su cúpula dirigente. Tampoco consiguió provocar un levantamiento interno que derivara en un cambio político en Teherán.
En el plano militar, el conflicto evidenció una creciente asimetría: mientras Irán utilizó drones de bajo costo, Estados Unidos debió recurrir a misiles de millones de dólares para neutralizarlos, generando un gasto estimado en unos 50.000 millones de dólares en apenas 50 días. Esta dinámica, sumada al desgaste logístico y la necesidad de reponer armamento, contribuyó a la decisión de frenar las hostilidades.
Biasatti también subrayó un cambio en la lógica de la guerra moderna, donde el uso intensivo de drones redefine las tácticas y vuelve más estáticos los frentes de combate. En este contexto, operadores ucranianos —con experiencia en el conflicto con Rusia— estarían colaborando en el entrenamiento de fuerzas estadounidenses.

Más allá del frente bélico, el analista alertó sobre las ramificaciones globales del conflicto, particularmente en América del Sur. Señaló que una parte significativa del financiamiento de organizaciones como Hezbollah tendría origen en la región, a través de circuitos informales y estructuras vinculadas al narcotráfico. Estas redes, explicó, se adaptan ante la presión internacional y buscan nuevos territorios y mecanismos de operación.
Asimismo, remarcó la existencia de una “hibridación” entre terrorismo y crimen organizado, lo que complejiza los desafíos de seguridad. En este sentido, advirtió que la percepción de lejanía respecto del conflicto es engañosa, ya que sus efectos pueden impactar indirectamente en países como Argentina.
En el plano geopolítico, Biasatti identificó a Europa como uno de los actores debilitados, cada vez más relegado en las decisiones estratégicas globales. También anticipó posibles redefiniciones en el conflicto entre Rusia y Ucrania, donde —aun en un eventual acuerdo de paz— Kiev podría verse forzado a ceder territorios ricos en recursos.
Finalmente, el analista destacó que, para la sociedad estadounidense, el impacto de la guerra se mide más por sus efectos económicos cotidianos —como el precio del combustible— que por sus implicancias geopolíticas. Una lógica que, según explicó, responde a la histórica dinámica de un país acostumbrado a sostener su poder global mediante conflictos armados.

En este contexto, el futuro del conflicto permanece abierto. La tregua vigente ofrece un respiro, pero lejos está de garantizar una solución definitiva. Como sintetizó Biasatti: la paz, todavía, es otro capítulo.
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