Por Patrocinio Navarro Valero
El comportamiento de muchas personas se asemeja al del cazador australiano que lanza un búmeran que regresa luego a sus manos. ¿Qué lanzamos nosotros y qué podemos esperar?
¿De qué se compone nuestro arsenal de emisiones y qué prevalece en lo que emitimos? Cada uno sabe lo suyo, pero si no somos conscientes de lo que emitimos, no faltará alguien que nos recordará alguna o veremos regresar a nosotros el búmeran que lanzamos.
Las ideas, las palabras, las acciones son formas de energía que actúan al ser puestas en circulación por nosotros mismos y que – por la ley causal- terminan por regresar a nosotros con sus correspondientes efectos.
Esta no es la introducción a un texto de filosofía espiritual. Podría serlo, pero su objetivo en este caso es el de intentar explicar por qué nos ocurren las cosas que nos ocurren y nos amargan la existencia en forma de conflictos, desde los familiares a los sociales o a las guerras. Y en la raíz de todo conflicto están las emisiones de carga negativa como las descritas y que obedecen a leyes tan extendidas por el mundo como esta: Separa, ata y domina.
“Separa, ata y domina” es un clásico: un propósito de todo ser contrario a la paz, la unidad, el apoyo mutuo, la fraternidad y el amor y desea estar `por encima de otros, desde su familia – y es un machista – a una empresa-si se trata de un jefe tiránico-o si dirige un país, fascista. Al final, s
En el primer nivel, en las familias, “se entrenan”. Y si tienen éxito, se crecen.
En el siguiente nivel de acción, ya sean trabajadores o empresarios, las personas care
En el tercer nivel social – que abarca a los otros dos y les ata, divide y domina con instituciones oficiales y leyes, se hallan los gobiernos. Los gobiernos- especialmente los fascistas- dividen y enfrentar a los ciudadanos según niveles de riqueza, procedencia, raza o religión.
Un mismo objetivo
Machistas, gobiernos y empresarios tienen el mismo propósito: dominar, separar y servirse de sus semejantes de muy diversos modos. Y como ese mismo tipo de actitudes forma parte de la forma de actuar de miles de millones de personas que desean poder, reconocimiento y privilegios económicos y sociales nos ayuda a entender por qué los partidos autoritarios son casi siempre los más votados, aunque a primera vista resulte paradójico e inexplicable que un trabajador vote a un político de derechas. El caso es que una vez votados, partidos conservadores y ultras o izquierdas tibias- sea cual sea su país-utilizan idéntica política: separar, dividir y mantener atados a unos y otros con premios y castigos de uno u otro tipo.
Si los gobiernos fascistas o fascistoides son elegidos, decretan principios que exigen ser respetados sin discusión del mismo modo que exige obediencia sin rechistar un padre machista, un empresario sin escrúpulos, un dirigente fascista o un jefe militar. Siempre es lo mismo en todos los niveles.
¿Y qué ocurre en las relaciones internacionales?
En este punto sería interesante hacerse la pregunta: ¿sucederá lo mismo en las relaciones entre países? ¿Existirá en las relaciones internacionales la misma política de dividir, separar, atar y dominar unos a otros? ¿O por el contrario serán relaciones altruistas, cooperativas y pacíficas que tengan en cuenta el bien general de sus ciudadanos? Qué respuesta tan sencilla, ¿no? Pues claro que el interés de los ciudadanos les importa nada o lo justo para no convertir el suyo en altamente insoportable por aquellos no vaya a ser que se rebelen en serio.
¿Cabría esperar otra respuesta?
Contemplamos invasiones, guerras y asesinatos en masa llevados a cabo día tras día hoy mismo por psicópatas diabólicos obstinados en destruir el mundo. Contemplamos y sufrimos cómo los países más poderosos dominan a los más débiles, les imponen sanciones, les roban recursos, les obligan a hacer esto o lo otro, y cómo todos ellos- sin excepción- dividen a su vez a sus ciudadanos, les atan a sus fronteras, les imponen guerras o leyes y se dotan de jueces, cárceles y
En lo grande como en lo pequeño y viceversa
En el universo nada está aislado porque todo es energía, y por la ley de semejanza, los semejantes se atraen. Es bueno saber esto porque nos ayuda a explicarnos muchas cosas, desde una enfermedad personal a una enfermedad colectiva, pues la cualidad y cantidad de la energía que cada uno emite se proyecta, ya que ninguna energía se pierde. ¿A dónde irá? Cuando una persona emite energías de baja vibración con sus pensamientos negativos de odio, codicia, venganza, violencia y otros de esa índole- es como si arrojara una piedra en las tranquilas aguas de un estanque. La onda expansiva se extiende y extiende desde el emisor hasta el límite. Y el límite es la sociedad toda, la humanidad toda, ya que todos estamos interconectados en función de nuestra frecuencia de emisión, y todo lo que emitimos cada uno regresa a nosotros de una u otra manera.
La conclusión necesaria no puede ser otra que esta: o cada uno de nosotros nos esforzamos en cambiar nuestras actitudes egocéntricas y de desprecio a nuestros semejantes, o seguiremos así aumentando cada vez más la clase de energía destructiva que caracteriza a nuestro mundo. Si queremos tener otro deberíamos esforzarnos por ser dignos de habitarlo.
Sigue nuestras noticias



