Desde 1996, Orticola se ha consolidado como uno de los eventos más importantes de Italia dedicados al mundo de la jardinería. Fundada en Milán por la Fondazione Orticola di Lombardia, esta feria-mercado se ha establecido gradualmente como una plataforma cultural capaz de combinar la educación botánica, la excelencia en viveros y un compromiso concreto con la ciudad, contribuyendo a lo largo de los años a la revitalización y el mantenimiento de numerosos espacios verdes urbanos.

La edición de 2026, prevista del 7 al 10 de mayo en los Jardines Públicos Indro Montanelli, se presentó el 16 de marzo en la prestigiosa Sala Alessi del Palazzo Marino, sede del Ayuntamiento de Milán, confirmando así el fuerte vínculo entre el evento y la ciudad. Una relación que se ha fortalecido con el tiempo no solo a nivel simbólico, sino también mediante intervenciones concretas en espacios verdes públicos y una constante promoción cultural.

A lo largo de este recorrido, Orticola ha acompañado la evolución del sector hortícola, que actualmente comprende aproximadamente 19.000 viveros y productores de plantas ornamentales en Italia. Este sector en auge ha experimentado un aumento del valor de la producción de más del 30% en los últimos diez años, alcanzando aproximadamente los 3.250 millones de euros.

Cada vez más centrado en la calidad, la investigación botánica y la sostenibilidad, el sector hortícola encuentra en Orticola un espacio privilegiado para el intercambio de ideas y el debate, gracias en parte a su selección de viveristas de investigación y colecciones botánicas singulares.

El lema de 2026, «La jardinería da felicidad», resume a la perfección esta visión. El jardín se interpreta como un espacio de bienestar, capaz de impactar concretamente en la calidad de vida: el contacto con la tierra, como demuestran estudios recientes, activa procesos biológicos vinculados a la producción de serotonina, lo que ayuda a reducir el estrés y la ansiedad y a mejorar el equilibrio psicofísico. Cultivar, en este sentido, se convierte en un gesto sencillo pero profundo, que combina cuidado, conciencia y satisfacción personal.
Un elemento central de esta edición es la presencia de España como país invitado, que aporta a Milán una visión del paisaje muy personal, donde el jardín es fruto de un diálogo constante entre naturaleza, cultura y tradición mediterránea.

La piedra angular de esta participación es el proyecto del arquitecto paisajista Fernando Martos, quien creó un jardín temporal concebido como un homenaje al jardín mediterráneo reinterpretado en clave contemporánea. El proyecto destaca por su deseo de trascender la rigidez geométrica de los jardines tradicionales: los parterres adoptan formas curvas y orgánicas, creando espacios intermedios acogedores, diseñados para la relajación y la contemplación.
La construcción se basa en un uso cuidadoso de materiales naturales y técnicas artesanales, como el mimbre tejido a mano para las estructuras de contención, que recuerdan la tradición de la cestería. Dentro de este diseño, la vegetación combina plantas hortícolas y ornamentales, jugando con los colores, los aromas y la estacionalidad, mientras que la presencia de granados introduce un elemento estructural y simbólico, capaz de definir el espacio y, al mismo tiempo, evocar el paisaje mediterráneo.
El jardín de Martos se concibe así como un «refugio natural», un espacio familiar e íntimo que invita a los visitantes a conectar con el paisaje, casi como si fuera el jardín de su propia casa. Un proyecto que prioriza la experiencia sobre la forma y que interpreta plenamente el tema de la felicidad a través de una relación directa con la vegetación.

Esta iniciativa se ve reforzada por la coordinación de la revista Gardenia, referente durante décadas en la promoción de la cultura verde, que participó en la creación del jardín junto a una red de viveristas y diseñadores, subrayando el valor colaborativo y compartido de la iniciativa.
En esta fusión de investigación botánica, diseño paisajístico y dimensión cultural, Orticola 2026 confirma su posición como un observatorio privilegiado sobre el presente y el futuro de la vegetación. Un lugar donde la horticultura no es solo producción, sino que se convierte en relato, experiencia y, sobre todo, en una forma concreta de felicidad.
Tiziana Volta
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