La Tierra no grita, no empuja, no protesta con pancartas. Pero se le nota el cansancio. Está herida. Cada vez que un bosque arde, cada vez que un animal desaparece sin que nadie lo note, cada vez que tiramos algo al agua como si no pasara nada… la Tierra suspira bajito, y aguanta.
Y mientras tanto, nosotros seguimos. Vamos apurados a todos lados, mirando el celular más que el cielo. Nos acostumbramos a que haya menos mariposas, menos lluvia cuando hace falta, más calor que antes, más noticias de incendios, de sequías, de extinciones que nos suenan lejanas, como si no tuvieran que ver con nosotros. Y sin embargo, tienen todo que ver con nosotros.
Nos hemos desconectado tanto que ya no recordamos cómo era vivir con la naturaleza, no encima de ella. Ya no sabemos de dónde viene lo que comemos, ni adónde va lo que tiramos. Ya no sentimos culpa cuando pasamos por al lado de un árbol y no lo miramos. O cuando matan a una especie más y decimos “qué pena” mientras seguimos haciendo scroll.
Y no es que seamos malas personas. Es que estamos metidos en un sistema que nos enseñó a mirar hacia otro lado. A poner primero lo urgente y dejar lo importante para después. A pensar que el planeta es infinito, que todo se arregla con un clic, que alguien más se va a ocupar.
Pero el mundo no espera. Las abejas no esperan. Los glaciares no esperan. Los animales que se están yendo no van a volver. Y algún día —no tan lejano— nuestros hijos o nietos nos van a preguntar qué hicimos cuando todavía había tiempo.
Quizás no tengamos todas las respuestas. Pero sí podemos empezar por volver a mirar. A sentir. A cuidar. No con culpa, sino con amor. Regar una planta y entender que ahí también hay vida. Separar los residuos sin esperar un premio. Apagar la luz como quien cuida una llama. Exigir a quienes gobiernan que escuchen lo que el planeta ya no puede decir más alto. Volver a tocar la tierra con las manos, como cuando éramos niños.
Porque cuidar la Tierra no es una moda ni un gesto simbólico. Es una forma de volver a ser humanos. Y eso es lo que más necesitamos ahora.
@María José Luque Fernández
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